

Las creencias limitantes condicionan por completo nuestra vida, pero rara vez somos consciente de que las tenemos. ¿Te has preguntado alguna vez…? No valgo para nada / No soy lo suficientemente buen@ para… / No puedo…
Normal, porque antes de cualquier acción hay un pensamiento, y los pensamientos se sustentan sobre tus creencias, por lo que para cambiar determinadas acciones y comportamientos deberás revisar tus creencias.
Las creencias limitantes son esos pensamientos construidos a través de la experiencia, que hacen interpretar la realidad de una manera que limita tu desarrollo potencial, e impide que alcances aquello que deseas.
Las creencias fundamentales del ser humano se consolidan en el periodo de aprendizaje, por lo que las personas que tutelan a un niño/a durante los primeros años de su vida tienen una influencia muy importante en la forma de pensar que ese niño/a tendrá cuando sea adulto.
Por eso el entorno familiar, socio-cultural y la educación que recibiste en tu infancia condicionaron sin duda la forma de pensar que tienes hoy.
Quiero hacer especial hincapié en un tipo de creencias limitantes generalmente aprendidas durante la infancia, que a la larga se traducen en problemas de falta de confianza y autoestima. Basta que un adulto le reitere a un niño “no puedes” o “no vales para nada” para que éste termine por creérselo.
En la mayoría de los casos de problemas de autoestima existe una creencia limitante que está asociada a un miedo, como pueden ser: miedo a hablar en público, miedo a ser rechazado y miedo a esforzarse para nada…
Recuerda que las creencias no responden a verdades o hechos demostrables a través del raciocinio, sino que son pensamientos asociados a ideas o sentimientos que tomas como ciertos, ya sea por fe, confianza, miedo… es decir, tu creencia no es la verdad, es una verdad que tú has construido.
Pero las creencias no sólo se asientan en la infancia, ya que a lo largo de toda la vida vamos adoptando creencias, y más aún en nuestros años tan cambiantes.
Así pues, hay creencias que pueden ser adquiridas a lo largo de toda la vida. Por ejemplo: Estamos en crisis y no voy a conseguir trabajo, el dinero no da la felicidad, si dejo a mi novio/a no voy a encontrar a nadie que me quiera.
Las creencias tienen un poder extraordinario, que es el condicionamiento. Es decir, las creencias dirigen tus pensamientos y por tanto tienen la capacidad intrínseca de condicionarte. Ese condicionamiento del que te hablo puede ser determinante en tu vida, tanto de forma positiva como negativa. Así, una creencia limitante puede bloquearte y no permitirte llevar a cabo acciones que son totalmente lógicas. Pero del mismo modo, una creencia potenciadora puede llevarte a alcanzar los retos más imposibles. Por lo tanto, cambiar tus creencias puede cambiar tu experiencia vital, tu vida de un modo muy determinante.
FASE 1: Detección y observación de la creencia
Es complicado, pero se trata de eso, de pillar infraganti a tu cerebro para detectar qué creencias tienes.
Atención a las creencias “trampa”: “Ayudar a los demás es de buenas personas”. Y basándote en esa creencia tratas de ayudar a todo el mundo pero descuidas tu vida personal. Sin duda es una creencia positiva, pero deja de serlo en cuanto limita tu vida.
Ejemplos de algunas Creencias Limitantes:
¿Cómo han llegado esos pensamientos hasta aquí? Como te decía anteriormente, una creencia no surge de la nada sino que tiene diferentes procedencias. Por lo tanto, lo segundo que has de hacer es cuestionarte ¿por qué crees eso? Si fuera posible, intenta detectar con exactitud cómo llegó a tu pensamiento.
FASE 2: Cambiar la creencia
La técnica de PNL o procesamiento neuro-lingüístico para cambiar una creencia limitante por una creencia potenciadora. Puedes utilizar esta técnica:
FASE 3: Consolidación de la creencia
Personalmente recomiendo consolidar la creencia de dos formas: