

La autoestima consiste en la posibilidad que tenemos de elaborar juicios de valor sobre nosotros mismos, teniendo en cuenta nuestras características personales, nuestras cualidades y posibilidades, así como nuestras dificultades, el grado de respeto que tenemos hacia nosotros mismos y también el concepto que, en nuestra opinión, tienen los demás.
Así pues, la autoestima positiva es aquella que permite a la persona sentirse satisfecha de sí misma, siendo consciente de sus capacidades y pudiendo enfrentarse resolutivamente a las dificultades. Asimismo, la autoestima positiva nos estimula a esforzarnos y nos impulsa a proponernos, perseguir y lograr objetivos superando dificultades.
En consecuencia, la autoestima positiva permite mantener un bienestar y estabilidad psicológica que a su vez, influye en la capacidad de establecer relaciones interpersonales saludables, ya que la persona con autoestima trata a los demás y así misma con respeto y benevolencia y buena voluntad, favoreciendo así unas relaciones interpersonales enriquecedoras y evitando o sabiendo poner límite a las destructivas.
Puesto que la base de la autoestima es el autoconcepto (Branden1995), es decir, las ideas actitudes y cogniciones que mantenemos sobre los diversos aspectos de nuestra personalidad y de nuestras aptitudes, así como la forma en la que desarrollamos nuestros roles sociales. La persona que tiene baja autoestima tiene un autoconcepto erróneo y distorsionado.
La persona con baja autoestima suele tener pensamientos pesimistas sobre sí misma, con falta de seguridad, lo cual dificulta la interrelación satisfactoria, influyendo en la falta de una calidad de vida plena y una percepción más satisfactoria de la vida.
Podríamos decir que la persona se convierte en su peor enemigo cuando:
Así pues podemos identificar una falta de autoestima cuando:
Algunos de los factores que nos pueden llevar a desarrollar una baja autoestima son:
De este modo, una baja autoestima puede afectar a diferentes niveles:
Dado que la baja autoestima está relacionada con las distorsiones cognitivas sobre uno mismo, es decir, los pensamientos o creencias irracionales que comportan deformaciones negativas de la realidad (Ellis 2000), el método de reestructuración cognitiva sería una de las terapias más adecuadas para mejorar el autoconcepto. Con esto se trata de tomar consciencia de pensamientos irracionales para ir modificándolos por otros más ajustados a la realidad y que permitan centrar a la persona en sus aptitudes y/o capacidades, así como en encontrar alternativas o herramientas para afrontar las dificultades.
Se trata de iniciar un proceso encaminado a posibilitar la toma de decisiones necesarias para alcanzar las metas o propósitos personales, dicho proceso consiste en diversas fases:
Es decir, se trata de conectar con nuestras emociones y aceptarlas tratando de eliminar las creencias limitantes sobre nuestra imagen, desarrollar la confianza en nuestras capacidades, aprender a plantearnos objetivos y trazar el camino para alcanzarlos.
Para ello será necesario desarrollar un plan terapéutico encaminado a:
El mencionado proceso de trabajo centrado en la llamada “escalera de la autoestima” se lleva a cabo durante toda la vida de manera continuada y revisada, puesto que las personas somos cambiantes y nuestra autopercepción, así como nuestras necesidades también lo son.
El proceso de autosuperación debe ser continuo, puesto que en el momento que la persona se “acomoda” en autopercepciones irreales puede darse de nuevo un proceso de baja autoestima o incluso de autoengaño basado en una falsa autoestima o proyección de una falsa seguridad en sí mismo.