

El cortisol cumple una serie de funciones en nuestro organismo, como responder al estrés, regular la presión arterial, los niveles de azúcar en sangre, el metabolismo, reducir la inflamación o contribuir al buen funcionamiento del sistema inmunológico.
Existen distintos síntomas, pero no siempre aparecen en todos los casos. Por ejemplo:
En cualquier caso, para saber si hay un exceso de cortisol se puede medir su nivel. En la actualidad, existen distintas formas para medir el nivel de cortisol en nuestro organismo.
La más común es mediante un análisis de sangre, que debe realizarse por la mañana cuando el nivel de cortisol suele ser más alto. También puede medirse a través de un análisis de orina, que recoge la cantidad de cortisol que se elimina en 24 horas. Otra forma es el test de saliva que se realiza varias veces al día para ver las variaciones del nivel de cortisol a lo largo del día.
El exceso de cortisol puede tener efectos en nuestro estado emocional. Nos provoca una inestabilidad emocional, estamos más irritables, manejamos peor las emociones, podemos tomarnos las cosas más a pecho, tener conflictos con otras personas y, de repente, podemos sentir angustia, tristeza o sentirnos más exaltados.
Lo podemos reducir entre otras cosas siguiendo una serie de recomendaciones:
El cortisol también es necesario para nuestro organismo y si tenemos un nivel muy bajo podemos sufrir una enfermedad llamada insuficiencia suprarrenal.
Esta enfermedad se caracteriza por una falta de producción de hormonas por parte de las glándulas suprarrenales, que son las que producen el cortisol. Algunos de los síntomas incluyen fatiga, debilidad, mareos, náuseas, vómitos, pérdida de apetito, hipotensión o hipoglucemia.
Hay varios factores que pueden alterar el nivel de cortisol en nuestro organismo. Por ejemplo, el estrés crónico o agudo, la depresión, la ansiedad, el uso de ciertos medicamentos como los corticoides o los anticonceptivos orales, las enfermedades inflamatorias o autoinmunes, los tumores en las glándulas suprarrenales o en la hipófisis, el embarazo o la menopausia.