

La actitud del jefe se considera acoso, cuando utiliza conductas de mobbing de manera reincidente durante al menos seis meses. Sin embargo, no hay que olvidar que las conductas de acoso no siempre son empleadas por superiores jerárquicos a la víctima. En ocasiones, esas conductas las ejerce una persona con la misma categoría profesional o jerarquía. Incluso, en algunas ocasiones, los inferiores jerárquicos a la víctima.
Sabemos cuando un jefe se está “extralimitando” en sus funciones cuando va en contra de los derechos de las personas y/o los derechos laborales del trabajador.
Existen multitud de conductas de acoso, sin embargo, éstas se podrían englobar en 5 grupos:
Lo primero es hablar con el acosador, si las conductas persisten, informar al departamento de recursos humanos. Al mismo tiempo, recabar todas las pruebas objetivas que sean posible.
Sí, la empresa tiene el deber de velar porque estas prácticas destructivas no se lleven a cabo en la empresa. En caso de grandes empresas, el departamento de recursos humanos debe ser una fuente de prevención. Del mismo modo, los jefes no deben desoír las quejas de este tipo de sus empleados y deben intervenir y sancionarlas en su primer estadio.
Existen estos perfiles, aunque no siempre es así. A veces, los motivos del acoso no son los habituales y existen otras reglas... Cuando se habla de perfiles del acosador, Se habla del síndrome MIA. En la literatura podemos encontrar como los acosadores son personas M (mediocres), I (inoperantes, poco operativos, poco proactivos, poco trabajadores), A (activos respecto a las conductas de acoso. Además, son personas que tienen una gran capacidad de manipulación con el habla, escasa moral y poca empatía. Conductas muy sutiles a veces y casi imposibles de demostrar: gestos, palabras inventadas...
El perfil de la víctima, suele ser el opuesto a éste. Personas muy bien preparadas o sumamente inteligentes o que destacan de algún modo dentro de la empresa. Son personas muy operativas, muy trabajadoras y pasivas respecto a su forma de relacionarse con el otro. Se convierten en víctimas porque tiene una gran necesidad de aprobación y una serie de pensamientos rígidos y/o dicotómicos respecto a los valores y normas de la empresa. Lo justo y lo injusto.
Se habla de un enganche entre la víctima y acosador. Un enganche tóxico que acaba por debilitar a la víctima y desgastarla al máximo. Hasta el punto de que la persona duda de sus capacidades, de su operatividad o de sus bondades. Es una lucha entre la necesidad de demostrar al acosador que es valioso. El acosador acabará apagando ese brillo.