Antibióticos y antimicrobianos
Qué son los antibióticos y antimicrobianos y para qué se utilizan
Los antibióticos y antimicrobianos son medicamentos diseñados para actuar frente a microorganismos que causan infecciones. En términos generales, los antimicrobianos incluyen varias categorías terapéuticas (antibacterianos, antivirales, antifúngicos y antiparasitarios), mientras que los antibióticos se emplean específicamente contra bacterias.
Su objetivo es inhibir el crecimiento o destruir microorganismos patógenos, ayudando al control de infecciones cuando existe una indicación médica clara. Los antibióticos se utilizan en infecciones bacterianas confirmadas o con alta sospecha clínica, pero no son eficaces frente a infecciones virales como el resfriado común o la gripe.
El uso adecuado de estos medicamentos es clave en salud pública, ya que el empleo innecesario o incorrecto favorece la aparición de bacterias resistentes, lo que reduce la eficacia de los tratamientos disponibles.
Tipos y clasificación de los antimicrobianos
Los antimicrobianos se clasifican según el tipo de microorganismo al que van dirigidos:
- Antibacterianos: activos frente a bacterias. Son los más conocidos e incluyen familias como las penicilinas (amoxicilina), las cefalosporinas, los macrólidos (azitromicina, claritromicina), las quinolonas (ciprofloxacino, levofloxacino) y las sulfonamidas, entre otros.
- Antivirales: inhiben la replicación viral (aciclovir, oseltamivir).
- Antifúngicos: combaten hongos patógenos ( fluconazol, anfotericina B).
- Antiparasitarios: actúan frente a protozoos y helmintos (metronidazol, albendazol).
Dentro de los antibacterianos, también se habla de antibióticos de amplio espectro —activos frente a una gran variedad de bacterias— y de espectro reducido —más selectivos y dirigidos a microorganismos concretos—. La elección entre unos y otros depende del tipo de infección diagnosticada y del agente causal identificado.
También pueden clasificarse según su vía de administración (orales, tópicos o inyectables) y su indicación clínica, por ejemplo en infecciones respiratorias, urinarias o cutáneas.
Presentaciones farmacéuticas comunes
Los antibióticos y antimicrobianos pueden administrarse de distintas formas según la localización y gravedad de la infección:
- Vía oral: comprimidos, cápsulas, pastillas o suspensiones líquidas. Es la forma más habitual en infecciones leves o moderadas tratadas en el ámbito ambulatorio.
- Vía tópica: cremas, ungüentos, aerosoles, colirios o gotas para oídos. Se emplean en infecciones localizadas en piel, ojos u oídos.
- Vía parenteral (inyección o intravenosa): reservada habitualmente para infecciones más graves o cuando la vía oral no es posible, frecuentemente en el entorno hospitalario.
La elección de la presentación depende del diagnóstico, la gravedad del cuadro y la valoración médica individual.
Diferencias entre antibiótico y antimicrobiano
Una duda frecuente es la diferencia entre ambos términos. Existe una diferencia conceptual relevante:
- Antimicrobiano es el término más amplio: incluye todos los agentes capaces de actuar frente a cualquier tipo de microorganismo (bacterias, virus, hongos, parásitos).
- Antibiótico es un subconjunto del anterior, y hace referencia específicamente a los medicamentos activos contra bacterias.
Así, todos los antibióticos son antimicrobianos, pero no todos los antimicrobianos son antibióticos.
Uso responsable de los antibióticos y antimicrobianos
El uso inadecuado o excesivo de estos medicamentos es uno de los principales factores que favorecen la aparición de resistencia antimicrobiana: un fenómeno por el cual los microorganismos desarrollan mecanismos para escapar de los efectos del fármaco, reduciendo o anulando su eficacia.
Las principales recomendaciones para un uso responsable incluyen:
- No automedicarse. La elección del antimicrobiano adecuado depende del diagnóstico profesional, del microorganismo causante y del patrón de sensibilidad local.
- Completar siempre el tratamiento prescrito, aunque los síntomas mejoren antes de finalizar el ciclo.
- No compartir el tratamiento con otras personas ni guardarlo para un uso futuro.
- No presionar al profesional sanitario para que prescriba antibióticos cuando no están indicados.
La decisión de prescribir un antimicrobiano corresponde siempre al médico o profesional de salud competente, quien valorará el tipo de infección, las características del paciente y el contexto clínico.
Referencias
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (2010). Uso de antibióticos en España: Informe técnico (actualización 2009). Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. https://www.aemps.gob.es/medicamentosUsoHumano/observatorio/docs/antibioticos.pdf
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (2015). Plan estratégico y de acción para reducir el riesgo de selección y diseminación de la resistencia a los antibióticos (2.ª ed.). Gobierno de España, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. https://www.aemps.gob.es/publicaciones/publica/plan-estrategico-antibioticos/v2/docs/plan-estrategico-antimicrobianos-AEMPS.pdf
- Clínica Universidad de Navarra (CUN). (2025). Antimicrobiano: qué es y definición médica. Diccionario médico CUN. https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/antimicrobiano
- Mayo Clinic Staff. (2025, 27 de septiembre). Antibióticos: ¿no los está usando correctamente? Mayo Clinic. https://www.mayoclinic.org/es/healthy-lifestyle/consumer-health/in-depth/antibiotics/art-20045720
- MedlinePlus en español. (2021, 4 de noviembre). Antibióticos. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. https://medlineplus.gov/spanish/antibiotics.html