
¿Qué es el método Mulligan?
El método Mulligan, desarrollado por el fisioterapeuta neozelandés Brian Mulligan, se basa en la combinación de movimientos activos por parte del paciente junto con técnicas manuales específicas del fisioterapeuta, denominadas “mobilizaciones con movimiento” o MWM (Mobilization with Movement).
Estas maniobras se aplican para corregir desalineaciones articulares menores, restaurar el movimiento funcional sin dolor y tratar restricciones mecánicas que pueden provocar dolor, rigidez o limitación funcional.
¿Por qué se realiza?
Este método se utiliza principalmente para tratar disfunciones articulares y del aparato locomotor que limitan el movimiento y generan molestias.
Algunos de los motivos frecuentes para emplear el método Mulligan son:
- Dolor cervical, dorsal o lumbar.
- Lesiones de hombro, como tendinopatías o capsulitis.
- Dolor de rodilla (por ejemplo, síndrome patelofemoral).
- Lesiones deportivas.
- Dolor de tobillo o restricción tras un esguince.
- Cefaleas de origen cervical.
El objetivo es restablecer el rango de movimiento articular de forma indolora y funcional, favoreciendo la participación activa del paciente durante el tratamiento.
¿En qué consiste?
La intervención mediante el método Mulligan se caracteriza por la aplicación simultánea de una movilización manual del fisioterapeuta y un movimiento activo por parte del paciente. Esta combinación busca corregir un posible “desajuste posicional” en la articulación, que estaría generando dolor o limitación.
Las técnicas más utilizadas dentro del método incluyen:
- MWM (Mobilización con movimiento): el fisioterapeuta aplica una fuerza suave y sostenida en una dirección específica mientras el paciente realiza un movimiento activo (por ejemplo, levantar el brazo o flexionar la rodilla).
- SNAGs (Sustained Natural Apophyseal Glides): se aplican principalmente en columna vertebral, especialmente en región cervical, para tratar restricciones de movimiento y dolor.
- Técnicas con cinchas o correas: se usan en zonas de difícil acceso o donde se necesita mayor control del vector de fuerza, como en tobillo o rodilla.
El tratamiento suele ser indoloro. De hecho, si durante la técnica el paciente experimenta dolor, se considera que la movilización no es adecuada y se busca una dirección o variante diferente.
Preparación para el tratamiento
La técnica Mulligan no requiere una preparación especial por parte del paciente, pero sí es importante considerar algunos aspectos antes de iniciar la sesión:
- Es fundamental acudir con ropa cómoda que facilite los movimientos activos durante el tratamiento.
- Se debe informar al fisioterapeuta sobre cualquier dolencia médica, lesiones previas o intervenciones quirúrgicas recientes.
- No es necesario ayuno ni la suspensión de medicación, aunque se recomienda no haber tomado analgésicos antes para poder valorar correctamente la respuesta al tratamiento.
El fisioterapeuta realizará una evaluación previa exhaustiva para determinar si esta técnica es la más indicada, descartando contraindicaciones como fracturas, procesos inflamatorios agudos o inestabilidad articular severa.
Cuidados tras la intervención
Tras una sesión de método Mulligan, el paciente suele experimentar una mejoría inmediata en el rango de movimiento y una reducción del dolor. No obstante, pueden aparecer algunas sensaciones normales tras la manipulación, como:
- Leve fatiga muscular
- Molestia en la zona tratada
- Sensación de calor o tensión
Estos efectos son transitorios y no requieren cuidados médicos específicos. Se recomienda:
- Evitar realizar esfuerzos intensos en las horas siguientes al tratamiento
- Aplicar frío local si aparece alguna molestia leve
- Continuar con los ejercicios pautados por el fisioterapeuta, que refuerzan los efectos de la movilización
En caso de dolor persistente o aparición de síntomas nuevos, se debe contactar con el profesional para una nueva valoración.
Alternativas al método Mulligan
El método Mulligan es una técnica segura y eficaz, pero no es la única opción terapéutica dentro del ámbito de la fisioterapia.
Existen alternativas que pueden utilizarse en función del diagnóstico, las preferencias del paciente y la evolución clínica:
- Técnicas de terapia manual ortopédica (OMT): como manipulaciones o movilizaciones pasivas.
- Ejercicio terapéutico individualizado
- Método Maitland: otro enfoque de terapia manual centrado en el control del dolor y mejora del movimiento.
- Punción seca: para tratar puntos gatillo miofasciales.
- Electroterapia y termoterapia: como complemento en fases de dolor agudo.
El fisioterapeuta valorará qué técnica o combinación de técnicas es la más adecuada para cada paciente, dentro de un enfoque individualizado y basado en la evidencia.
