Deterioro cognitivo leve
¿Qué es el deterioro cognitivo leve?
El deterioro cognitivo leve es una fase de envejecimiento que se demuestra con fallos de memoria y un deterioro objetivo de la memoria. Este deterioro cognitivo no afecta a la realización de actividades diarias, ni cumple criterios de la demencia.
Es una patología que se asocia a la edad, ya que se presenta en una de cada diez personas con más de 65 años. La enfermedad también se caracteriza por tener un alcance diferente entre hombres y mujeres, así como por ser más frecuente a medida que avanza la edad.
Síntomas de deterioro cognitivo leve
Los síntomas habituales en el deterioro cognitivo leve es la dificultad de adquirir nuevos recuerdos, sin perder los conocimientos u olvidarse de su biografía. En general los síntomas son:
- Incapacidad de recordar lo que se ha hecho hace dos o tres días.
- Imposibilidad para recordar los compromisos sociales o citas con el médico.
- Olvido frecuente de dónde se han dejado o guardado las cosas.
- En una misma conversación, se puede repetir la misma pregunta más de una vez. De la misma manera, la persona puede olvidar los datos importantes que se comenten.
- También es normal que se confundan o altere el orden de fechas, así como de eventos o festividades recientes.
- Al relacionarse con otras personas es habitual que la persona se muestre menos paciente, más irascible e irritada.

El deterioro cognitivo leve es una fase de envejecimiento que se demuestra con fallos de memoria y un deterioro objetivo de la memoria.
¿Cuáles son las causas del deterioro cognitivo leve?
La causa más clara del deterioro cognitivo leve es la edad, ya que la dificultad para recordar es algo que se asocia al paso de los años. Otras causas asociadas a este deterioro son los factores genéticos, que también juegan un papel importante en el paso del deterioro cognitivo leve a la demencia. También influyen los factores de riesgo cardiovascular, ya que las patologías cardiovasculares pueden afectar a los vasos sanguíneos cerebrales. Los hábitos de vida también son importantes, ya que la obesidad y el abuso del alcohol o sustancias tóxicas afectan al cerebro.
¿Qué pronóstico tiene?
El DCL afecta a una de cada cinco personas mayores de 50 años. Es, por tanto, una situación clínica frecuente y conocida.
Su evolución no es única ni predecible de antemano. Según una revisión sistemática de 89 estudios con más de 33.000 participantes, aproximadamente la mitad de las personas con DCL se mantiene cognitivamente estable durante años. Una parte progresa hacia una demencia, y en algunos casos —especialmente cuando existen causas tratables— puede producirse una mejoría. El pronóstico individual depende de factores que merece la pena identificar.
Entre los factores que influyen en la evolución y que pueden modificarse están el control de los factores de riesgo cardiovasculares, el estado emocional —la depresión y la ansiedad sostenida tienen un impacto documentado sobre la función cognitiva—, la calidad del sueño, el nivel de actividad física e intelectual y la dieta mediterranéa.
¿Se puede prevenir?
El deterioro cognitivo leve se puede prevenir manteniendo la salud cerebral, por lo que es importante mantener ciertos hábitos que garanticen la actividad del cerebro y su mantenimiento activo:
- Mantener la actividad del cerebro mediante actividades sociales o algunas que sean nuevas y desafiantes para la mente. También es importante no dejar de leer y encontrar un hobby que se siga a diario.
- Hacer actividad física de forma habitual, por lo menos de 30 minutos diario, con tal de evitar la atrofia cerebral.
- Llevar una dieta saludable y hacer un control de los factores de riesgo cardiovascular.
- También es importante dormir 8 horas diarias y evitar vivir con estrés, ya que el estrés crónico afecta directamente a la generación de nuevos recuerdos.
- Para controlar su evolución, lo más importante es acudir al médico cuando se presenten los primeros síntomas.
¿En qué consiste el tratamiento?
Aunque no existe tratamiento farmacológico específico para el DCL, la intervención neuropsicológica cuenta con respaldo en la literatura científica. Una evaluación completa permite conocer qué capacidades están preservadas y cuáles muestran dificultades,
orientando un programa de intervención individualizado. Atender los factores modificables y el impacto emocional del diagnóstico —en la persona y en su familia— es parte esencial del acompañamiento.

