

La cuperosis es un problema dermatológico que se caracteriza por la aparición en el rostro de pequeñas rojeces, irritaciones y capilares dilatados, en forma de filamentos. Aparecen, sobre todo, en los pómulos y las aletas de la nariz, en tonalidades rojizas o púrpuras.
Aunque las rojeces faciales son normales en algunos casos, sobre todo como consecuencia del frío en invierno o del sol en verano, si se convierten en algo más o menos permanente y aumentan, provocando un efecto antiestético, puede hablarse de cuperosis.
La cuperosis es una afección más frecuente en personas de piel clara, fina y sensible, al ser un tipo de piel que por sí suele ser más reactiva y se enrojece fácilmente. Asimismo, afecta más a mujeres que a hombres y también existe una predisposición genética.

No es una afección grave de la piel, pero sí es importante establecer un diagnóstico y tratamiento lo antes posible para así evitar que las rojeces se alarguen en el tiempo.
El síntoma principal de la cuperosis es la aparición de pequeños capilares dilatados que, en el rostro, forman una especie de tela de araña con tonalidades rojizas, lo que se conoce como telangiectasia.
El enrojecimiento de la zona se debe a un aumento del flujo sanguíneo que se produce cuando se dilatan las arteriolas y las vénulas. Estos pequeños vasos van perdiendo elasticidad y terminan quedándose dilatados, sin volver al tamaño normal.
Además, las rojeces y pequeñas arañas vasculares que aparecen en el rostro pueden acompañarse, en algunas ocasiones, de sensación de calor y ardor en el rostro.
En primer lugar, destacar que la cuperosis se produce por una afección de la microcirculación donde los vasos sanguíneos están dilatados, de manera que cualquier factor de provoque la dilatación puede producir cuperosis en personas que sean propensas. Algunos factores que pueden influir son:
Para prevenir la cuperosis se deben evitar aquellos factores que puedan desencadenarla, mencionados anteriormente. En personas con cuperosis es fundamental evitar exponerse al sol sin protección. También debe evitarse el tabaco y el alcohol, y llevar una alimentación rica en antioxidantes y vitaminas.
El dermatólogo será quien establezca el mejor tratamiento en función del tipo y grado de cuperosis que sufra el paciente. Lo más recomendable es prevenirla, evitando todos aquellos factores que puedan influir en su aparición. Pero, por otra parte, es importante seguir unos cuidados cosméticos específicos con productos que ayuden a reducir el enrojecimiento de la piel, además de hidratarla y eliminar la tirantez. En este sentido, esta podría ser la rutina:
El especialista que trata la cuperosis es el dermatólogo, que analizará las rojeces y problemas de la piel para poder establecer el mejor tratamiento, con una rutina específica de hidratación facial.