Una reseña histórica sobre la Gota

Escrito por: Dr. Miguel Ángel Caracuel
Publicado:
Editado por: Yoel Domínguez Boan

La gota se trata de una enfermedad histórica. El primer gotoso o afectado por gota del que se tiene alguna referencia es Hieron (478-467 a.C.) tirano de Siracusa. También de Asa (944-904 a. de C.) el Rey de Judá, del que se dice que padecía una enfermedad de tipo crónico en las articulaciones de los pies, aunque no se puede asegurar que se tratase de  lo que hoy conocemos como gota.

 

Con respecto a Hieron, Plutarco llegó a afirmar que “estaba simultáneamente afecto de arenillas renales“, lo que puede probar la existencia de una de las complicaciones ms frecuentes de la gota, los cólicos en el riñón.

 

A lo largo del tiempo, la gota ha sido nombrada como el rey de los males y como el mal de los reyes, por la frecuencia con la que ha afectado a personajes de la aristocracia como Carlos V, Felipe II, Isaac Newton...

 

En el siglo V antes de Cristo, Hipócrates describió esta enfermedad como podagra, cheinagra o gonagra, en función de cómo afectara la articulación metatarsofalangica del primer dedo del pie, la muñeca o la rodilla.

 

Los conceptos de Hipócrates sobre la gota aparecen en una serie de aforismos que se le atribuyen referentes a esta enfermedad: Tales aforismos son:

 

  • Los eunucos no se hacen gotosos ni llegan a ser calvos.
  • El niño no tiene gota antes de que haya practicado el coito.
  • La mujer no llega a ser gotosa hasta después que la regla haya desaparecido.
  • Las afecciones gotosas se ponen en movimiento en primavera y en otoño.
     

El concepto de Hipócrates es que la gota no afecta a los eunucos, los niños y las mujeres hasta la menopausia. Su autoridad llegó a ser tal que en los siglos sucesivos se aceptaba su opinión aun sin discutirla; sin embargo, autores posteriores como Galeno o Séneca, con eufemismos y explicaciones más o menos encubiertas, reconocen que los aforismos  no constituyen una ley constante.

 

La aparición del término gota

 

Durante el siglo XIII se introduce el término GOTA procedente del latín, que suponía una creencia de que una causa extraña —como un veneno— que destilaba poco a poco, es decir, gota a gota en la articulación, era el principal responsable del desarrollo de la enfermedad.

 

La historia clínica moderna de la gota empieza con Thomas Sydenhan, que describió de una manera insuperable el cuadro clínico (probablemente por la autoridad que le otorgaban las más de tres décadas de padecimiento personal de la enfermedad). Es imposible no resistirse a transcribir la mencionada descripción:

Descripción de los síntomas de la gota por parte de Thomas Sydenhan

 

El inmortal Séneca mencionaba la naturaleza familiar de la enfermedad. No obstante, la historia más moderna de la gota comienza en el 1776 cuando Scheele descubrió el ácido úrico como componente de un cálculo renal.

 

Wollaston en 1797 y Pearson en 1798 comprobaron la presencia de urato en los tofos. Más de 50 años después, Garrod (1854) realiza sus experimentos históricos demostrando la presencia de mayor cantidad de ácido úrico en la sangre de los afectados por la enfermedad. Con posterioridad se encontró el déficit de enzimas responsables de los distintos tipos de gota hereditaria.

 

Pese a todo, quizás los hitos mas importantes, por su implicación terapéutica, son la introducción en a mediados del siglo XX del primer agente uricosúrico (favorecedor de la eliminación renal del ácido úrico) y de la del inhibidor de la xantina-oxidasa, es decir, la enzima responsable de la creación del ácido úrico, el alopurinol, que ha permitido el control de la enfermedad.

 

La gota, es, pues, una enfermedad metabólica (parecida a la diabetes y el colesterol) que afecta a las articulaciones y que causa artritis. La característica bioquímica es la presencia de un nivel elevado de urato en la sangre unida a un depósito de estos cristales en los tejidos, por precipitación de los mismos.

 

El depósito de estos cristales en el tejido articular puede ocasionar una reacción inflamatoria y originar artritis. Los cristales de urato también pueden acabar en el riñón, apareciendo la neuropatía por urato.

Por Dr. Miguel Ángel Caracuel
Reumatología

Licenciado y Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Córdoba, el Dr. Caracuel es un prestigioso especialista en Reumatología, especialidad obtenida vía MIR por el Hospital Universitario Reina Sofía. En la actualidad compatibiliza su actividad asistencial pública en el Hospital Universitario Reina Sofía con su actividad privada en su Clínica Ruematología y algunas técnicas y tratamientos en los Hospitales de la Cruz Roja y de la Arruzafa. Es miembro del Instituto Maimonides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC) y Experto de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). 

Es miembro de prestigiosas sociedades científicas como las sociedades Española y Andaluza de Reumatología (SER y SAR), el American College of Rheumatology, The European League Against Rheumatism (EULAR) y la Sociedad Española de Investigaciones óseas y Metabolismo Mineral (SEIOMM). Entre otros méritos destaca como Presidente y Fundador de la Asociación de Reumatólogos de Ejercicio Libre de Andalucía, su puesto como Director Técnico de la Asociación Cordobesa de pacientes con Artritis Reumatoide y como secretario de la Sociedad Andaluza de Reumatología. Vocal de Médicos de Ejercicio Libre del Colegio de Médicos de Córdoba desde 1997, es Socio de Honor de la Asociación Cordobesa de pacientes afectados de Espondilitis Anquilosante (ACEADE). 

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