

Uno de cada diez tumores primarios del Sistema Nervioso Central son intrarraquídeos. La mayoría de estos tumores primarios espinales son benignos, algo que no se cumple entre los tumores intracraneales.
Hay tres grupos de tumores raquídeos e intraraquídeos, clasificados:
Los pacientes que muestran esta patología pueden tener síntomas distintos. Cómo más frecuente se presenta el dolor, que puede ser local en la zona afectada o irradiado a otra parte en forma de radiculopatía. Otro síntoma que puede darse es la pérdida de fuerza o de sensibilidad en el tronco y las extremidades, así como las dificultades en la micción o en la deposición por daños en el esfínter vesical y rectal.
Estos síntomas pueden ser tan graves que pueden acabar condenando al paciente a una silla de ruedas y con incontinencia total de heces y orina.
La prueba más importante en el diagnóstico de procesos raquídeos e intraraquídeos es la resonancia nuclear magnética de columna.
Si se trata de un tumor extradural se verá una afección en las vértebras y/o del espacio extradural y la posible comprensión sobre la médula. Si se trata de un tumor intradural-extramedural se verá una masa homogénea y regular que desplaza la médula espinal dentro de la duramadre o cubierta meníngea que la envuelve. Si el tumor es intramedular, lo que se observará es una lesión intrínseca de la médula, no tan homogénea o regular como las del apartado anterior.
El tratamiento que más se usa en este campo es el quirúrgico, que se considera de urgencia cuando haya una pérdida de fuerza considerable en las extremidades, así como alteración de los esfínteres vesical o rectal.
En la intervención se usa el microscopio quirúrgico para tener una buena iluminación y ampliación del campo, lo cual facilita las maniobras y permite actuar con más precisión. Así, se evita causar daños innecesarios en el hueso o las estructuras nerviosas. El aspirador ultrasónico se usa para hacer extirpación del tumor en muchos casos, ya que permite fragmentarlo mediante ultrasonido y aspirarlo sin tironear de las estructuras nerviosas.
La radioterapia y quimioterapia se usará en todos aquellos tumores que sean sensibles a estas modalidades de tratamiento, ya sea como terapia inicial, en el caso que la cirugía se haya desestimado, o ya sea como terapias complementarias.
El pronóstico en los pacientes con tumores raquídeos e intraraquídeos, dada la amplia variedad de procesos que pueden encontrarse en este campo, va a depender de la naturaleza histológica de estos y del grado de resección alcanzado del proceso tumoral. Normalmente, los tumores benignos bien localizados y con extirpación quirúrgica total tienen un pronóstico excelente. Los tumores malignos, que son difusos y tienen extirpación quirúrgica parcial, tendrán un pronóstico pobre con expectativa de vida corta y secuelas importantes e invalidantes.