

Diariamente las consultas médicas se ven invadidas por una pléyade de pacientes con quejas muy diversas, para las que no es posible encontrar, después de una cuidadosa historia clínica completada con las pertinentes pruebas complementarias, un padecimiento con base orgánica que pueda explicarlas. Como nos explica el Dr. Arias Gómez, Jefe de la Sección de Neurología del Hospital de Conxo - CHUS, este tipo de trastornos reciben, en la actualidad, la denominación de psicógenos o funcionales, y pueden presentarse con síntomas que atañen a la psiquiatría, neurología y, en general, a todas las especialidades médicas.
Los trastornos funcionales se subdividen en cuatro grandes subtipos:
El origen o desarrollo de los trastornos funcionales es motivo de controversia: el enfermo no produce los síntomas y signos de un modo consciente sino que, en la mayoría de las ocasiones, estos son la expresión de conflictos emocionales más o menos cercanos, que quedaron sin resolver y que actúan desde las profundidades del subconsciente (sistema límbico); de este modo llegan a modificar la función de otras áreas cerebrales y causan inhibiciones o estimulaciones, que escapan al control voluntario-racional del sujeto que los sufre.
Estamos ante padecimientos muy peculiares y generadores de sufrimiento y confusión en el enfermo y su entorno, a los que casi siempre les resulta comprender esta explicación fisiológica de conversión de un conflicto emocional inconsciente en un trastorno neurológico o somático en general.
Los trastornos psicógenos del área neuropsiquiátrica (disociativos y conversivos) constituyen una causa importante de búsqueda de atención médica. Se trata de un campo difícil, que suele dar lugar a conflictos y tensiones en la relación médico-enfermo.
El diagnóstico y la explicación detallada de los trastornos psicógenos neuropsiquiátricos compete a los especialistas en Neurología, quienes además deben proporcionar las pertinentes explicaciones sobre los mismos. Tal diagnóstico debe ser meditado y razonado; no hay que insistir en realizar más y más pruebas, ya que tal actitud solo genera desconfianza y lleva a cronificar el padecimiento y dificultar su resolución. No se trata de decir que no conocemos la causa de lo que sucede ni atribuir oscuras culpabilidades a los pacientes. El diagnóstico debe ser claro y la explicación incidirá en la alteración del funcionamiento del sistema nervioso potencialmente reversible, ya que no hay daño estructural. El apoyo de la consulta psiquiátrica y psicológica resulta también de ayuda para tratar comorbilidades y para indagar en los conflictos emocionales no resueltos.
Neurología en Santiago de Compostela