

La toxina botulínica (comúnmente conocida como bótox) es una sustancia química que actúa sobre las células musculares bloqueando su actividad y por lo tanto, paralizando el músculo. Se trata de una molécula presente en la naturaleza, concretamente producida por una bacteria (clostridium botulinum) causante del conocido botulismo, caracterizado precisamente por la parálisis muscular.
Tras estudiar la propiedad de esta molécula y su mecanismo de acción se consideró que podría ésta podría ser utilizada para modular la capacidad contráctil de ciertos músculos y, con ello, obtener un beneficio médico. A partir de aquí se inició la síntesis de esta molécula en laboratorio.
En el campo de la medicina estética se utiliza la toxina botulínica para evitar que ciertos músculos se contraigan; bloquea o minimiza la movilidad y, por lo tanto, modula los movimientos de la piel, evitando así la formación las “arrugas de expresión”.
Se utiliza sobre todo para tratar las arrugas de expresión del tercio superior de la cara:
El tratamiento con bótox hace efecto a partir del tercer o cuarto día de su aplicación, alcanzando su efecto máximo a los 10 días.
Para entender mejor cómo actúa y qué va a notar el paciente, debemos empezar por identificar los dos tiempos de arrugas:
Es sobre éstas últimas sobre las que actúa la toxina botulínica. Al paralizar, en mayor o menor medida, la actividad selectiva de ciertos músculos, limitaremos la mímica facial repetida y, con ello, la formación e identificación de esas arrugas dinámicas o “de expresión”.
Si se hace correctamente, el paciente va a seguir expresándose con naturalidad pero de una forma menos intensa, menos forzada, que prevendrá el que la piel arrugue. La acción del bótox hará que las arrugas de expresión no vayan a más y, poco a poco, se suavicen dado que el paciente tendrá una expresión más relajada.
Como cualquier sustancia biológica, la toxina botulínica va perdiendo su efecto con el paso del tiempo. A los 4 meses de su aplicación la toxina botulínica o bótox empieza a perder efecto; a los 6 meses éste ya es prácticamente inexistente. Transcurrido ese tiempo, el músculo recuperará su actividad, la expresión restaurará su intensidad y, con ellos, las arrugas se volverán.
En conclusión, tendremos que volver a aplicar el tratamiento entre los 4 y 6 meses, si no lo hacemos recuperaremos la movilidad muscular previa y, con ello, el estado inicial de esas arrugas de expresión que queremos tratar.
Es muy importante destacar que legalmente la aplicación de la toxina botulínica o bótox está sólo aprobada en el tercio superior. Hay algunos doctores que lo utilizan para tratar arrugas de alrededor de la boca o en el cuello (cuello de nefertiti es como llamamos a aquellas arrugas que se notan en el cuello cuando la piel está muy envejecida). El motivo por el que la legislación sólo contempla la aplicación en el tercio superior es que no hay estudios formales sobre su aplicación, con finalidades estéticas, en otras zonas de la cara pero, si lo realiza un profesional cualificado, también la aplicación en esas zonas, los resultados son muy satisfactorios.
Cuando hablamos del tercio superior nos referimos a la región comprendida por encima de los ojos: “patas de gallo”, entrecejo y frente. Como hemos dicho, la toxina botulínica no está indicada para estas zonas pero si el doctor y el paciente llegan a un acuerdo informando de ello se puede utilizar.
La toxina se aplica, por punción, en una serie de puntos que permiten vehicular la misma sobre los músculos concretos sobre los que queremos actuar. La inoculación se practica con aguja fina siendo totalmente indolora ya que, previamente, en los puntos de punción se aplica una crema anestésica.
Debemos dejar muy claro que la toxina botulínica no da volumen. Muchos pacientes se confunden y piensan que la toxina botulínica puede llegar a hincharles la cara. Por ese motivo, es importante no confundir la toxina botulínica con el ácido hialurónico; la toxina botulínica nunca hincha la cara. Lo que hace la toxina botulínica es actuar sobre el músculo impidiendo su contracción.
Cada paciente es distinto y por esa razón no es posible generalizar. Hay muchos tipos de pacientes, algunos empiezan a marcar arrugas de expresión desde muy jóvenes. Por eso, no es de extrañar que tengamos pacientes que empiezan a tratarse a los 30 años, mientras que otros no empiezan hasta una edad más avanzada.
Si tomamos en consideración el carácter preventivo del tratamiento entenderemos que es muy adecuado el tratamiento temprano, ya que nos ayudará a minimizar la progresión de las arrugas.
Decíamos que la acción continuada de la toxina va reduciendo las arrugas pero, cuanto más marcadas estén, más costará que estas se suavicen y difícilmente las hará desaparecer. Dicho de otra manera, la aplicación precoz del tratamiento permite que las arrugas sean menos profundas y, por consiguiente, hace mucho más fácil y ágil la corrección de las mismas, el tratamiento tardía lo hace más complicado y, en ocasiones, incompleto en términos de resultado.
En aquellos casos en que las arrugas son muy muy marcadas, personalmente recomiendo un tratamiento en dos tiempos:
El Bótox se aplica con una aguja muy fina (30 gauges) que prácticamente ni se nota. Es un tratamiento indoloro que no suele durar más allá de los 15 minutos.
La toxina se inocula por punción con aguja fina en una serie de puntos. Esos puntos nos permiten inyectar la toxina en determinados grupos musculares sobre los que queremos actuar. Durante la evaluación de cada paciente debemos identificar la acción de los diferentes grupos musculares y evaluar sobre qué puntos debemos actuar.
Hacemos gesticular al paciente, le pedimos que levante las cejas, que frunza el ceño, que ponga cara de enfado o que sonría fuerte. Gracias a la evaluación de la mímica facial conseguimos forzar la identificación de las “arrugas de expresión”. Vamos marcando las diferentes arrugas y, en base a estas, concretamos sobre qué puntos vamos a aplicar la toxina.
En definitiva, es preciso tener un conocimiento muy exhaustivo de la anatomía dinámica de la cara y más concretamente del tercio superior de la cara. Hay que tener en cuenta que la interacción de los músculos frontales, corrugadores y procerus, dependiendo de la disposición anatómica de los fascículos de fibras en los diferentes músculos, da lugar a un buen número de estados emocionales. Por ejemplo:
Tras un estudio detallado de todas las arrugas podremos concretar dónde es preciso infiltrar la toxina. En el caso de las patas de gallo, el origen se deriva de la contracción de la porción externa del nervio orbicular. A medida que pasan los años la piel pierde elasticidad y las arrugas quedan marcadas incluso en reposo.
La posición de las cejas también es una cuestión importante, por ello trataremos de forma específica este tema en un próximo post. Dependiendo del balance de “parálisis” muscular que condicionemos sobre las músculos, podemos modular la altura de las cejas. De esta forma, si debilitamos en exceso la acción del músculo frontal podemos generar un cierto descenso de la altura de las cejas, esto es relativamente aceptado en el caso de los hombres. Contrariamente, en las mujeres, este hecho condiciona un efecto negativo ya que da lugar a un aspecto envejecido. La ceja en la mujer debe estar por encima del arco supraorbitario manteniendo una línea ascendente de dentro hacia fuera; la pérdida de esa línea ascendente es sugestiva de envejecimiento.
Como vemos, dónde aplicar la toxina botulínica y su porqué depende del minucioso estudio de cada caso y la interacción de la acción de los diferentes grupos musculares de cada paciente. Cada individuo es único y debe ser tratado según su anatomía específica.
Como siempre, tu eres el centro, todo pensando por y para ti, porque queremos cuidar de ti.
Medicina Estética en Barcelona