

El Parkinson es una enfermedad del sistema nervioso que se asocia a depósitos cerebrales de una proteína llamada sinucleina. Estos acúmulos proteícos se asocian a la pérdida de neuronas en regiones cerebrales muy concretas del cerebro. Las células que producen dopamina degeneran en la llamada sustancia negra. Este déficit de dopamina es la causa de los síntomas clásicos de la enfermedad: lentitud de movimientos y temblor en reposo.
La causa del Parkinson se desconoce. Aun así, los factores genéticos son importantes, ya que en un 20% de los casos la enfermedad es familiar y en un 5% tiene como causa una mutación genética concreta. Sin embargo, no sabemos exactamente por qué se acumula la sinucleina ni por qué se alteran grupos específicos de neuronas (como las que producen dopamina en prácticamente la mayoría de los casos). Estudios muy recientes, sin embargo, indican que la progresión de los síntomas del Parkinson estaría asociada a una extensión de los depósitos de sinucleina, que se propagarían de unas neuronas a otras.
Los problemas de movilidad que causa el Parkinson son a causa de muchos síntomas. Inicialmente, puede observarse que el sujeto presenta:
Asimismo, el Parkinson puede conllevar también otros problemas como:
El Parkinson empeora con el paso del tiempo. No existe en la actualidad un tratamiento que frene la progresión de la enfermedad, pero numerosos fármacos y tratamientos no farmacológicos alivian los síntomas de los pacientes. El tratamiento medicamentoso actual está basado en fármacos que sustituyan la falta o disminución de dopamina cerebral.
La levodopa continua siendo el mejor de todos estos fármacos, sin embargo, también se utilizan con frecuencia otros fármacos dopaminérgicos como la rasagilina, la safinamida o los agonistas dopaminérgicos (dopaminas sintéticas).
Estos medicamentos alivian los síntomas motores y un poco los no motores. Existe una larga lista de estrategias y fármacos para aliviar los síntomas no motores. Un ejemplo lo constituye la rivastigmina, un medicamento (vía parche) que potencia las facultades cognitivas y puede utilizarse en fases más tardías de la enfermedad si hay problemas de memoria. En casos en que de forma intermitente se pierda el efecto beneficioso de la levodopa durante el día, reapareciendo a ratos síntomas invalidantes, disponemos de tratamientos más complejos como la aplicación de perfusores subcutáneos de apomorfina (una dopamina sintética), infusiones continuas de levodopa en el duodeno o la neurocirugía funcional (estimulación cerebral profunda), la cual es de gran utilidad para estabilizar el control de los síntomas diarios de los pacientes.
El ejercicio es considerado hoy en día útil en todas las fases del Parkinson incluidas las iniciales. Igualmente son recomendables las llamadas terapias complementarias como fisioterapia, logoterapia o la psicoterapia, dependiendo de la problemática concreta de cada sujeto.
A estas alturas, ya son varios los nuevos fármacos aprobados por la Agencia del Medicamento que esperamos que muy pronto estén disponibles en nuestro país. En cambio, otros están en estudio y son prometedores como:
Además, se están dedicando gran cantidad de recursos para conseguir una terapia que frene o evite la progresión del Parkinson. Existen numerosos ensayos clínicos en marcha, como por ejemplo las vacunas antisinucleina, que tienen como objetivo reducir la carga de sinucleina cerebral y frenar la progresión de la enfermedad. Tendremos que esperar un año y medio para tener los primeros resultados de estos estudios anti-sinucleina. Por el momento sabemos únicamente que se toleran bien.