

Los agujeros rasgados de las orejas son un problema frecuente y con importante repercusión estética.
Se puede distinguir entre dos tipos de agujeros rasgados:
En ambos casos lo que ocurre es que el uso de pendientes resulta imposible, de manera que se produce un alargamiento antiestético del lóbulo de la oreja o su completa separación en dos partes.
La causa de este desgarro suele ser la utilización de pendientes que tienen un peso excesivo durante un tiempo prolongado. Sin embargo, también se puede producir un desgarro accidental, por enganches o tracciones.
No se trata de un problema que ocurra en todas las personas, porque depende de la laxitud propia del tejido de cada paciente.
La solución para corregir el lóbulo rasgado consiste en una intervención quirúrgica, que se realiza mediante un refrescamiento de los bordes cutáneos o una reepitelización, es decir, a través de un proceso por el cual la herida se vuelve a cubrir con tejido nuevo. Posteriormente, se realiza una sutura cruzada en sentido perpendicular al rasgado.
En cualquier caso, se trata de una técnica relativamente sencilla. Suele tener una duración de unos 30 minutos y se realiza con anestesia local, de forma ambulatoria y con incorporación inmediata a la vida normal.
Es importante que el paciente siga las indicaciones del especialista, siguiendo una serie de curas sencillas que el paciente puede realizar en su domicilio.
Cuando han pasado entre 7 y 10 días tras la cirugía, se retira la sutura, y a partir de un mes puede realizarse una nueva perforación para la colocación de pendientes si así se desea.