

La articulación de la rodilla está constituida por la parte distal del fémur, la región proximal de la tibia y la rótula. La cápsula articular, los ligamentos cruzados en su parte central y los ligamentos laterales a ambos lados le proporcionan la estabilidad.
La superficie articular de la rodilla está recubierta por una estructura lisa, llamada cartílago que permite el deslizamiento de unas superficies sobre otras. Entre el fémur y la tibia se interponen dos estructuras cartilaginosas en forma “c”, dos anillos semicirculares, llamadas meniscos, que actúan como un cojín evitando la fricción entre ambos huesos. El líquido sinovial permite la lubrificación de la articulación de la rodilla.
Los meniscos son estructuras fibrocartilaginosas de forma semicircular. El menisco interno en forma de “c” y el externo en forma de “o”, con una sección transversal en forma de cuña, permite adaptarse a las superficies óseas del fémur y la tibia.
Sus funciones son: amortiguar las fuerzas que se transmiten a la rodilla, protegiendo el cartílago articular; proporcionar estabilidad a dicha articulación y ayudar a la lubrificación y nutrición del cartílago articular.
Las lesiones meniscales pueden ser traumáticas, más frecuentes en deportistas y en el mundo laboral, propias de individuos más jóvenes, y degenerativas, como consecuencia de la desestructuración de este fibrocartílago, más frecuentes en personas de mayor edad.
Las lesiones meniscales son fisuras, roturas, desinserciones o luxaciones de este fibrocartílago que protege las estructuras de esta articulación. Es una lesión prevalente en la población general y es uno de los principales motivos del dolor en la rodilla.
El mecanismo de producción y la sintomatología, junto con la exploración clínica, sustentan la base del diagnóstico de las lesiones meniscales.
Debe realizarse siempre una radiografía de rodilla en carga y proyecciones de frente y perfil en flexión de 30º-45º y axiales de rótula. Esta Rx no informa sobre la lesión meniscal, pero permite realizar un diagnóstico diferencial con otras patologías de la rodilla.
La RMN permite estudiar todas las estructuras de la articulación de la rodilla. Sin ser una prueba invasiva es mucho más cara. Pueden existir falsos positivos y falsos negativos, sin embargo la información sobre la patología articular de la rodilla, suele superar el 90% de aciertos.
La artroscopia de rodilla como prueba diagnóstica debe realizarse en aquellos casos de duda, evidenciando el tipo de lesión y la integridad y estabilidad de ambos meniscos.
Afortunadamente existe en la actualidad un consenso europeo, liderado por la Sociedad Europea de Cirugía de Rodilla (ESSKA).
La preservación del menisco debe ser la primera línea de tratamiento, cuando sea posible, porque los resultados clínicos y radiológicos a largo plazo son peores tras la cirugía.
La resección total o parcial del menisco suele provocar a medio o largo plazo, lesiones degenerativas del cartílago articular que dan lugar a una artrosis temprana de rodilla.
El consenso establece que en caso de que la cirugía sea inevitable, deben intentar reparase mediante suturas meniscales, numerosas roturas de menisco que anteriormente se consideraban irreparables.
El primer tratamiento debe ser conservador, instaurando tratamiento médico, mediante analgésicos y antinflamatorios, aplicación de frio local y pautas de fisioterapia.
En aquellos casos en los que pasados 2-3 meses, no respondan al tratamiento conservador establecido y en los que el paciente presenta un dolor de rodilla persistente e incapacitante, con importante limitación funcional y/o bloqueo articular, debe plantearse la cirugía.
El tratamiento quirúrgico de elección es la artroscopia de rodilla.
Cuando se indica la cirugía, ésta debe ser lo más conservadora posible, intentando reparar la lesión meniscal:
Si esto no es posible y en paciente jóvenes, se debe valorar en último término la utilización de prótesis o injertos meniscales artificiales de dudosos resultados en la actualidad y en fase de experimentación.