

Una diástasis es una separación excesiva de los músculos rectos lo que deja la zona central de la pared abdominal más debilitada y nos da una sensación de protrusión / bulto que puede confundirse con una hernia. A veces puede asociarse con una hernia en la línea media (hernia umbilical o epigástrica).
Es lo mismo. La diástasis postparto se produce cuando tras dar a luz los tejidos de la pared abdominal (la línea alba, los músculos rectos anteriores y, sobre todo, la musculatura lateral del abdomen) no recuperan su posición anterior, y por tanto, su correcta funcionalidad.
Es muy frecuente, aunque no se conoce su incidencia real pues la mayoría son pequeñas y no comportan síntomas. Se suelen asociar con frecuencia a hernias de la zona umbilical.
Afecta por igual a ambos sexos. En los adultos jóvenes se produce sobre todo en las mujeres tras el parto, pero con el paso de los años, la obesidad y la pérdida de fuerza de la musculatura abdominal se iguala en ambos sexos.
Los factores de riesgo para tener una diástasis abdominal son las enfermedades del tejido conectivo y todas las situaciones que provocan el aumento de la presión intraabdominal como:
Algunas de ellas son evitables, como dejar de fumar o hacer ejercicio regular y una dieta equilibrada para mantener un peso adecuado, y pueden reducir considerablemente el riesgo de tener una diástasis.

La diástasis postparto aparece cuando los tejidos abdominales
no recuperan su posición original
La diástasis se ha considerado siempre un problema principalmente estético por la sensación de pseudohernia y la alteración de la imagen corporal. Además, es imposible que se produzca una incarceración o estrangulación y es por eso que su tratamiento no lo cubre la sanidad pública.
No obstante, muchas de ellas dan síntomas que pueden ser muy molestos en la vida diaria, por lo que debería cambiar ese paradigma y tratarla de forma correcta.
En casos leves puede haber dificultades para realizar los movimientos de prensa abdominal (ejercicios abdominales clásicos) e incluso limita la realización de ejercicio físico.
En casos graves, se altera de forma importante la mecánica de la faja abdominal, alterando la calidad de vida en forma de:
La mayoría de las diástasis son asintomáticas y no requieren de ningún tratamiento.
En mujeres jóvenes con diástasis postparto, en las que se ve afectada toda la musculatura de la faja abdominal y por tanto la funcionalidad del abdomen, es imprescindible abordar el problema de forma multidisciplinar, con un programa al que llamo ECR (Entrenamiento-Cirugía-Recuperación). Es aconsejable empezarlo con un fisioterapeuta especializado en “core” que nos ayudará a fortalecer la musculatura abdominal; es un proceso lento que requiere esfuerzo y constancia por parte de la paciente, pero que suele dar buenos resultados al cabo de unos 3-6 meses. Si pasado ese tiempo no hay suficiente mejoría hay que valorar de forma individualizada el tratamiento quirúrgico.
Es muy importante, antes de optar por la opción quirúrgica, tener claro que NO se van a producir más embarazos.
En caso de requerir una cirugía, que indicamos generalmente cuando la diástasis es de más de 3 cm y no ha mejorado lo suficiente con la fisioterapia, se realiza lo que llamamos una plicatura de rectos, que consiste en coser los músculos rectos desde el esternón hasta el pubis para juntarlos, y colocamos una malla para reforzar la reparación.
Esta técnica se puede hacer por un abordaje mínimamente invasivo o laparoscopia, si no hay que extirpar piel sobrante (llamada técnica REPA o reparación endoscópica preaponeurótica), o abierta, cuando el exceso de piel es importante y hay que extirpar parte de ella, por lo que asociamos una dermolipectomía.
Cuando hacemos una plicatura de rectos y una dermolipectomía lo llamamos abdominoplastia.
Por último, siempre se puede operar una diástasis de pequeño tamaño y que no produzca síntomas por motivos puramente estéticos, pero siempre tras una obtener toda la información precisa en la visita con el especialista y conocer todos los pros y contras.
Es aconsejable tras la cirugía, reanudar el entrenamiento del “core” para completar las tres fases del programa. Este enfoque en tres fases es que ha demostrado unos mejores resultados en cuanto a recuperación funcional y mejoría de la calidad de vida.