

El comienzo de los síntomas del Parkinson suelen aparecer en la sexta década de vida (pero hay casos precoces en la cuarta década y tardíos, en la octava década). No es brusco sino insidioso y progresivo, en meses o años.
El paciente suele acudir al especialista en Neurología cuando nota que le tiembla una mano, aunque otros síntomas pueden estar presentes mucho antes, manifestándose con lentitud de movimientos, pasos cortos, etc. pero estos se confunden con el deterioro por la edad. Además, los síntomas no motores pueden aparecer antes que los motores, como son la depresión y los trastornos gastrointestinales (estreñimiento o digestiones lentas) o la falta de olfato, entre otros. Sin embargo, no suelen relacionarse, ni por parte del paciente ni sus familiares, ni tan siquiera por muchos de los médicos que le atienden de forma habitual.
Los síntomas motores básicos que se incluyen dentro de la enfermedad de Parkinson son:
Durante la exploración se hace la denominada “maniobra del empujón”, donde suele detectarse tendencia a perder equilibrio. Además, también son característicos una cara hipomímica con seborrea y poco parpadeo, unido a un bajo volumen de voz y tendencia a la micro escritura.
El diagnóstico es clínico, por los síntomas mencionados anteriormente, y son los familiares quienes suelen detectarlos antes que el propio paciente. Normalmente los enfermos acuden a consulta por un temblor en la mano y/o en la pierna. No obstante, cuanto antes acuda a consulta, antes podrá ser diagnosticado y mejorar, con un tratamiento sintomático (que no curativo) que mejore la calidad de vida.
Asimismo, también es importante hacer un diagnóstico diferencial a otros procesos, tales como temblor esencial o tiroideo, o bien por parkinsonismos de otra causa:
En casos de diagnóstico clínico dudoso hay una prueba de Medicina Nuclear denominada DAT Scan que permite ver cuán afectada está la vía dopaminérgica (cuando hay falta de dopamina, un tipo de neurotransmisor cerebral).
Es importante destacar que el Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que progresa durante años. Su problema principal es la incapacidad física que va surgiendo de manera progresiva, a veces unida a un deterioro cognitivo en etapas más avanzadas de la enfermedad (normalmente leve o moderado, distinto a la enfermedad de Alzheimer). Normalmente la esperanza de vida suele ser bastante similar a una persona sin la enfermedad.
Quien debe establecer y seguir el tratamiento es un neurólogo, ya que será quien utilice la combinación de medicamentos adecuada, que variará según el estado en que se encuentre la enfermedad y el paciente.
La toma de decisiones al respecto varía mucho según el paciente, teniendo que elegirse y cambiarse los medicamentos y dosis, así como los horarios de tomas.
El tratamiento más potente es la levodopa oral (con sus múltiples formulaciones), que se transforma en dopamina y lo que hace es intentar sustituir la dopamina que falta en el cerebro. No obstante, también se emplean los agonistas dopaminérgicos, que no se convierten en dopamina pero que estimulan, “engañando” a los receptores de dopamina en el núcleo estriado del cerebro, y que suelen usarse en estadios iniciales de la enfermedad, al tener ciertas ventajas sobre la levodopa, como evitar, reducir o retrasar los síntomas secundarios desagradables que surgen del tratamiento crónico con levodopa. Pero suelen ser algo menos efectivos que la levodopa en la corrección de los síntomas.
Otra opción terapéutica puede ser la cirugía funcional, con implantación de electrodos estimuladores con microcirugía dentro del cerebro (núcleo subtalámico). Es una intervención que se hace con el paciente consciente en el quirófano. Los electrodos van conectados a un aparato (similar a un marcapasos cardíaco) implantado dentro de la piel. Para activarlo durante el día o desactivarlo por la noche se debe hacer un contacto con un imán especial. Es una técnica que ha tenido muy buenos resultados, sobre todo en casos donde el tratamiento con medicación no está funcionando.
Actualmente, además, hay otros tratamientos para casos específicos:
Los pacientes que sufren Parkinson ven disminuida, con el tiempo, su capacidad física, según en qué estadio clínico evolutivo estén.
Además con los años pueden aparecer síntomas causados por el propio tratamiento crónico, tales como movimientos involuntarios, fluctuaciones de la movilidad que afectan al caminar o bloqueos motores.
Asimismo, en un porcentaje de más o menos el 30% de casos puede haber síntomas de deterioro cognitivo con lentificación de los procesos mentales ejecutivos (más que problemas de memoria). Por otra parte, también pueden aparecer síntomas no motores (a veces aparecen incluso antes que los motores), como:
Más adelante, en estadios muy evolucionados, algunos pacientes también se pueden quejar de pequeñas alucinaciones repetitivas, problemas para hablar o tragar. De ahí que sea una enfermedad que requiera de un abordaje y tratamiento adecuado y global, muchas veces multidisciplinar con otras especialidades.