

El cartílago es un tejido conectivo liso que actúa como una almohadilla amortiguadora y protectora entre las superficies de contacto de las estructuras óseas que constituyen la rodilla. Es decir, el fémur, la tibia y la rótula.
La artrosis se desarrolla cuando el cartílago se deteriora y las superficies óseas friccionan una con otra sin su almohadilla protectora, provocando su desgaste. Las superficies óseas articulares se endurecen, crecen en su zona periférica, y forman osteofitos o excrecencias óseas.

El principal síntoma de la artrosis de rodilla es que las actividades diarias se vuelven dolorosas y difíciles, reduciéndose la calidad de vida.
La rodilla tiene en su interior la cápsula sinovial, que produce un fluido que alimenta al cartílago y lo mantiene deslizante. Cuando hay artrosis se produce fluido en mayor cantidad de lo normal, esto es lo que se conoce como “líquido en la rodilla”. Puede precisar punción para extraerlo.
El paciente también presentará dificultad para doblar o estirar la rodilla, así como bloqueos, fallos o sensación de inestabilidad.
Cuando la artrosis es avanzada provoca deformidad en la rodilla y alteración en la alineación de la extremidad.
El dolor y la inflamación son peores por la mañana, tras un período de inactividad, después de caminar, subir y bajar escaleras. Aumenta con los cambios climáticos.
Existen diversos factores que pueden aumentar la posibilidad de desarrollar artrosis en la rodilla:
Existen dos principales tratamientos de la artrosis de rodilla, el tratamiento no quirúrgico o conservador y el tratamiento quirúrgico.
- Tratamiento No Quirúrgico o Conservador:
- Tratamiento Quirúrgico. Se recurre a él cuando la artrosis no responde al tratamiento conservador o no quirúrgico. Los especialistas en Traumatología usamos diversas técnicas:
descargar el compartimento de la rodilla más afectado por la artrosis.