Entender los ataques de pánico

Written by: Lluís Maestre Funtané
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Edited by: Nicole Márquez

 

¿Qué es un ataque de pánico?

 

Un ataque de pánico, también llamado crisis de angustia, es un estado de ansiedad extrema que aparece, aparentemente, sin causa justificada (en ausencia de un peligro real), en distintos lugares y situaciones. Provocan la sensación de estar a punto de morir (de un ataque al corazón, de asfixia…), de volverse loca o de desmayarse.

 

Una característica común que acompaña estas crisis o ataques es la imposibilidad de controlar los síntomas fisiológicos o psicológicos, que se disparan rápidamente.  Los esfuerzos desesperados de la persona para controlar estas reacciones involuntarias se convierten en una parte fundamental del problema, así como las conductas de evitación de lugares y situaciones en los que la persona afectada ha experimentado crisis anteriormente, debido al temor a sufrir un nuevo ataque.

 

¿Cómo saber si estamos padeciendo un ataque de pánico?

 

Para que un estado de ansiedad se considere ataque de pánico –o crisis de angustia- se deben presentar como mínimo cuatro de los síntomas siguientes:

  • Palpitaciones
  • Golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca
  • Sudoración
  • Temblor o sacudidas
  • Sensación de dificultad para respirar o de asfixia
  • Sensación de ahogo; dolor o molestias en el tórax
  • Náuseas o malestar abdominal
  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo
  • Escalofríos o sensación de calor
  • Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueos)
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo)
  • Miedo a perder el control o de “volverse loco”, o miedo a morir

 

Se considera Trastorno por ataques de pánico cuando al menos a uno de los ataques le ha seguido un mes (o más) de uno o los dos hechos siguientes:

  1. Inquietud o preocupaciones continuas acerca de otros ataques de pánico o de sus consecuencias (p. ej., pérdida de control, tener un ataque de corazón, “volverse loco”). 
  2. Un cambio significativo en el comportamiento relacionado con los ataques poco adaptativo (p. ej., comportamientos destinados a evitar los ataques de pánico, como evitación del ejercicio o de las situaciones no familiares).

 

Debe descartarse que sean debidos a otros trastornos, por ejemplo, los ataques de pánico no se producen únicamente en respuesta a situaciones sociales temidas, como en el trastorno de ansiedad social; en respuesta a objetos o situaciones fóbicas concretos, como en la fobia específica; en respuesta a obsesiones, como en el trastorno obsesivo-compulsivo; en respuesta a recuerdos de sucesos traumáticos, como en el trastorno de estrés postraumático; o en respuesta a la separación de figuras de apego, como en el trastorno de ansiedad por separación.

 

¿Por qué ocurren?

 

Una de las características del trastorno es que no existe una causa conocida; de hecho, las personas que experimentan una crisis de angustia o ataque de pánico no entienden porque les está ocurriendo, pues no ven ninguna causa en la situación. Parece que ocurre porque sí; que no tiene ninguna explicación.

 

Pero los psicólogos sabemos que nada es porque sí. Lo que pasa es que a veces la explicación no está en lo que ocurre en ese preciso momento, sino en lo que la situación actual ha disparado en la persona que sufre el ataque, a modo de detonador. Para comprenderlo es necesario hablar un poco de la importancia del sentimiento de seguridad y de las situaciones que pueden ponerlo en riesgo.

 

Necesitamos sentirnos seguros o razonablemente seguros para funcionar. Algunas situaciones pueden sobrepasar nuestra capacidad de afrontamiento (vernos cerca de la muerte, abandonados por los seres queridos, sin trabajo, a punto de enloquecer, etc.). No obstante, como adultos tenemos muchos recursos psicológicos que nos permiten afrontar y adaptarnos a situaciones límite sin que esto provoque necesariamente un trastorno psicológico.

 

En general, parecen más propensas a sufrir ataques de pánico las personas que, en su manera de gestionar sus emociones, tienden a controlarlas o minimizarlas en vez de aceptarlas y aprender a tolerarlas sin dramatismo. Experimentar emociones negativas intensas se les hace más insoportable y es precisamente el intento desesperado de controlarlas lo que provoca el efecto contrario, es decir, un incremento rápido de dichas emociones y lo que conocemos como un ataque de pánico o crisis de angustia.

 

¿Es normal padecerlos, o es síntomas de problemas de salud emocional?

 

La ansiedad, según la OMS, afecta a 1,9 millones de personas en España (el 4,1% de la población) que experimentan un sentimiento de aprehensión o de miedo, una preocupación incontrolable y excesiva sobre gran cantidad de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar) o ataques de pánico, que suele prolongarse más de seis meses.

 

El trastorno de pánico afectó durante un año al 1.8% de los europeos de entre 18 a 65 años y la AG al 1.3%. En EEUU se halló una prevalencia del 3.5% para el Trastorno de pánico y del 6.7% para el Trastorno de pánico con Agorafobia.

 

El 15% de las personas encuestadas informó de la ocurrencia de un Ataque de pánico a lo largo de su vida, y un 3% informó de la ocurrencia de un Ataque de pánico en el mes previo, y un 1% cumplía criterios para el diagnóstico de trastorno de pánico en el mes previo.

 

En general, los resultados de los estudios sugieren que va aumentando el porcentaje de personas que a lo largo de su vida experimenta un Ataque de pánico. Con estas cifras, podemos afirmar que el Trastorno de pánico, que afecta a un 2-3% de la población, es un problema de salud mental relativamente frecuente, si bien, indica en la gran mayoría de casos un problema de salud emocional de quien lo padece.

 

¿Cómo trabajar los ataques de pánico?

 

Los ataques y el trastorno de pánico pueden afectar a casi todas las áreas de la vida de la persona. A menudo, se tiene tanto miedo de tener más ataques de pánico que se vive en un estado constante de miedo, lo que deteriora notablemente la calidad de vida.

 

Si no se tratan adecuadamente, los ataques de pánico pueden provocar o estar relacionados con las siguientes complicaciones: 

  • Manifestación de fobias específicas, como miedo a conducir o salir de tu casa
  • Atención médica frecuente por preocupaciones de salud y otras enfermedades
  • Rechazo de situaciones sociales
  • Problemas en casa, en el trabajo o en la escuela
  • Depresión, trastorno de ansiedad y otros trastornos psiquiátricos;
  • Riesgo de suicidio o pensamientos suicidas;
  • Consumo inadecuado de alcohol u otras sustancias;
  • Problemas económicos

 

Para algunas personas, el trastorno de pánico puede comprender la Agorafobia, que consiste en evitar los lugares o situaciones que provocan ansiedad por miedo a no ser capaz de escapar u obtener ayuda si sufres un ataque de pánico. El resultado es ir reduciendo los lugares a los que la persona se atreve a ir, o ser cada vez más dependiente de otras personas para que le acompañen si sale de casa.

 

¿Cómo podemos trabajar para afrontar o evitar los ataques de pánico?

 

Podemos dar algunos consejos básicos que son comunes al resto de trastornos de ansiedad, si bien, como hemos dicho, en la mayoría de los casos, cuando el problema está consolidado, es poco probable que la persona logre superarlo sin ayuda profesional.

 

En primer lugar, dado que los ataques de pánico se producen en situaciones en las que no existe un riesgo real para la salud, a pesar del sentimiento subjetivo de grave peligro, lo ideal sería esperar, sin hacer nada, a que pase el ataque. Pero esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

 

En segundo lugar, seria esencial ir eliminando todas las conductas de evitación que se hayan puesto en marcha a raíz del problema, es decir, no dejar de ir a ningún sitio, ni de realizar ninguna actividad, por el miedo a sufrir una crisis. Esto también es muy difícil cuando la persona cree que si lo hace es probable que sufra un nuevo ataque de pánico.

 

¿Qué tratamientos curan los ataques de pánico?

 

En cuanto a los tratamientos, según la mayoría de los estudios, la medicación es tan eficaz como los tratamientos psicológicos a corto plazo, pero a medio y largo plazo es preferible el tratamiento psicológico cognitivo-conductual, ya que en los tratamientos farmacológicos existe un porcentaje de recaídas mucho mayor, además de crear dependencia si los fármacos utilizados son los ansiolíticos. El tratamiento farmacológico más indicado son los antidepresivos.

 

El tratamiento psicológico que ha demostrado, con creces, una mayor efectividad es la Exposición en vivo, que se basa en que el paciente se exponga en la vida real y de un modo sistemático y progresivo a las situaciones que teme y evita (puede realizar los ejercicios solo o, en las primeras etapas, acompañado de una persona de confianza o del psicoterapeuta).

 

En primer lugar, es importante que el paciente conozca el proceso psicológico que se produce con durante la exposición. También, que requiere esfuerzo continuado y que implica tolerar cierta cantidad de ansiedad y malestar.

 

Otro aspecto clave es la reeducación sobre la naturaleza de la ansiedad, que dé al paciente la información adecuada sobre la ansiedad y el pánico para así reducir el miedo anticipatorio y el humor deprimido. Deberá aceptar que cierto grado de ansiedad es normal y aunque puede ser perturbadora, no es peligrosa, como tampoco lo son los ataques de pánico; y que es esencial que compruebe que en ningún caso se producen las consecuencias catastróficas temidas.

 

A menudo es útil ayudar al paciente a modificar pensamientos y creencias erróneos, como confundir emoción con riesgo real, identificar y corregir la sobreestimación de probabilidades, etc. En todo momento, el paciente debe conocer los objetivos concretos a conseguir en cada etapa de la psicoterapia. Es importante realizar los ejercicios de exposición sin prisas, ya que la precipitación y el deseo de acabar rápido incrementan la activación emocional. En cualquier caso, es importante que el paciente practique tanto en días buenos como en  malos; que reconozca los propios avances, y que inicie la practica en solitario lo más pronto posible.

 

Compartir la experiencia en grupo con otros pacientes puede ser de gran utilidad, siendo cada vez más frecuente el tratamiento grupal de los trastornos de ansiedad y depresión.

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By Lluís Maestre Funtané
Psychology

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