Anismo

¿Qué es el anismo?

El anismo o defecación obstructiva se traduce como la dificultad para defecar. Se produce por una descoordinación entre el ano y el recto, algo que impide que las heces se expulsen normalmente. Esta condición impide relajar adecuadamente el ano durante la defecación, o bien se produce una contracción paradójica, de manera que se da una descoordinación del proceso y el paciente tiene la sensación de evacuación incompleta, además de producir estreñimiento. El anismo se observa en alrededor de la mitad de los pacientes con estreñimiento funcional.

 

Pronóstico de la enfermedad

En principio, si tras los estudios diagnósticos no se observa ninguna alteración anatómica, el anismo no debería ser una patología extremadamente grave, pero sí debe tratarse, ya que si no el estreñimiento puede cronificarse y producir problemas en el organismo.

Síntomas de anismo

El anismo se caracteriza por la contracción paradójica o fallo de relajación de los músculos del esfínter y suelo pélvico en el momento de la defecación. Esto produce una defecación obstructiva, evacuación incompleta y estreñimiento, como síntomas principales.

En muchos casos otros síntomas asociados, también como causantes de este trastorno, son el estrés y la ansiedad.

Pruebas médicas para el anismo

Para confirmar el anismo se considerarán la clínica de evacuación incompleta y la existencia de fuerzas propulsivas durante los intentos defecatorios. A partir de entonces se realizarán distintos estudios (manometría, test de expulsión de balón, proctografía, electromiografía y defecografía, ya que no se ha demostrado que un test específico confirme el diagnóstico.

No obstante, lo primero que se realizará es una anamnesis detallada en la que se incluirá un diario defecatorio de 15-30 días (duración estreñimiento, uso o no de laxantes, frecuencia y consistencia de las defecaciones, si se hacen esfuerzos al ir al baño, si se requieren maniobras digitales para evacuar, síntomas asociados que puedan alertar de síndrome de intestino irritable, etc). Esto permitirá distinguir entre las distintas posibles patologías.

Esto se acompaña de una exploración física que incluye un tacto rectal e inspección anal. Esto permitirá descartar alguna posible lesión orgánica y evaluar si hay ensuciamiento fecal y descenso perineal patológico, cómo es la consistencia de las heces, así como la posible existencia de prolapso rectal (con o sin esfuerzo) o bien de rectocele. El tacto rectal, además, permitirá analizar si, cuando el paciente hace el esfuerzo defecatorio, se disminuye la presión del canal anal, algo que puede ser eficaz para descartar la posibilidad de anismo. En caso contrario, si hay un aumento de la presión en el canal no asegura que exista siempre, pero necesitará confirmación mediante otros estudios diagnósticos.

También se practicará una anoscopia y una rectosigmoidoscopia que, además de descartar neoplasias, permite objetivar la existencia de prolapso mucoso oculto, úlceras rectales o ver melanosis coli (que se produce al abusar de laxantes). Si existe un descenso perineal en el paciente se empleará la perineometría clínica, algo que se define como tal cuando el ano está por debajo de la línea biisquiática, en reposo o en el esfuerzo defecatorio. Aunque su uso no está generalizado, es un procedimiento que permite objetivar un posible descenso perineal patológico en pacientes con anismo.

Por otra parte, también deben descartarse causas endocrinas y metabólicas, analizando hormonas tiroideas, calcio y fósforo. Los enemas de bario de colon permitirán, además, descartar posibles neoplasias y/o la existencia de otras anormalidades estructurales (dolicocolon o dilataciones de colon y/o recto).

Además, se debe hacer un estudio de la motilidad cólica mediante el tiempo de tránsito cólico, algo que permite descartar o confirmar el estreñimiento, distinguiendo dos tipos de pacientes: aquellos que tienen enlentecimiento de tránsito del colon y aquellos que sufren defecación obstructiva o anismo.

Las pruebas de función anorrectal son las que se mencionaban al principio del apartado, y tienen el objetivo de detectar factores etiológicos del estreñimiento. De esta forma podrá orientarse el diagnóstico y el tratamiento:

  • Test de expulsión de balón. Es una prueba que consiste en la expulsión, con maniobras defecatorias (realizadas, a ser posible, sentado en el aseo), de un balón que se halla en una ampolla rectal, hinchado con 50ml de agua. En los casos normales debería ser expulsado en menos de 1 minuto, pero se acepta hasta un máximo de 8 minutos. Si hay imposibilidad de expulsar el balón puede ser sinónimo de anismo.
  • Proctografía. Se incluyen aquí una serie de técnicas diagnósticas para estudiar los mecanismos de continencia y defecación, tanto en reposo como durante el esfuerzo defecatorio. Incluyen la defecografía, la resonancia magnética pelviana dinámica, la gammagrafía de evacuación.
  • Manometría anorrectal. Aunque es un estudio que no detecta alteraciones en el perfil presivo del canal en pacientes que sufren estreñimiento, la ausencia de relajación o la existencia de contracciones esfinterianas durante la defecación indicará la posibilidad de que haya anismo, lo que se confirmará con otros estudios.
  • Electromiografía. Es una técnica que emplea una esponja anal con electrodos de superficie, algo totalmente indoloro. Esta técnica puede objetivar un aumento de la actividad eléctrica en el esfínter anal durante el esfuerzo de la defecación en pacientes que sufren anismo.

¿Cuáles son las causas del anismo?

El anismo o defecación obstructiva sin alteraciones anatómicas se debe a un fallo en la relajación anal, o bien una contracción paradójica de la musculatura esfinteriana y del suelo pelviano durante el momento de la defecación.

Además, el estrés y la ansiedad pueden influir en su desarrollo, y por ello es importante que, para establecer un diagnóstico, se realice una evaluación completa con las pruebas complementarias mencionadas anteriormente.

¿Se puede prevenir?

En el anismo se da una alteración de la sinergia del mecanismo de defecación, de manera que la musculatura del suelo pélvico se contrae en vez de relajarse de manera sincronizada con el esfuerzo de la presión abdominal y relajación anal que se da en la defecación. Esto significa que es algo difícil de prevenir, pero no difícil o imposible de corregir, ya que existen diversas técnicas que permiten “reeducar” a los músculos esfinterianos para conseguir esa relajación.

Tratamientos para el anismo

Muchos pacientes con anismo pueden tratarse de manera satisfactoria con tratamiento médico y consejos higienicodietéticos. Así, los esfuerzos defecatorios pueden disminuirse si el paciente toma una dieta rica en fibra y una ingesta abundante de líquidos.

Los resultados de tratamiento quirúrgico no han sido muy satisfactorios, de manera que actualmente se recomienda mayoritariamente el tratamiento conservador con técnicas de biofeedback o inyección de toxina botulínica. El biofeedback son técnicas que se realizan de manera ambulatoria para ayudar al paciente a aprender a relajar la musculatura del suelo pélvico cuando se hace el esfuerzo defecatorio, y se basa en un entrenamiento sensorial y maniobras defecatorias con balón rectal. Puede realizarse con electrodos electriomiográficos de superficie o con sondas de manometría.

El uso de toxina botulínica de momento ha tenido efectos limitados y todavía son necesarios más estudios para conocer los verdaderos efectos.

¿Qué especialista lo trata?

El especialista que trata el anismo es el coloproctólogo y el especialista en Cirugía General y Aparato Digestivo.

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