¿Por qué la edición genética es un tema polémico?

A finales de Noviembre de 2018 tuvo lugar en Hong Kong la II Cumbre Internacional sobre el genoma Humano. Allí, el científico chino He Jiankui anunció al mundo que habían nacido dos gemelas modificadas genéticamente para conseguir inmunidad ante el virus de la Inmunodeficiencia Humana (SIDA). Un tercer bebé nació posteriormente con la misma modificación.

El investigador reclutó a parejas en las que uno de los progenitores estaba infectado por el virus VIH, y llevó a cabo una fecundación in vitro, consiguiendo así tener embriones de las parejas en el laboratorio, y en los que realizó una “mejora genética” con la técnica CRISPR. Y lo hizo sin la aprobación previa por un comité ético y sin el conocimiento de las instituciones oficiales: ni la universidad donde trabaja, ni el gobierno chino, ni las comunidades científicas internacionales.

A raíz de la declaración y de las numerosas críticas que se generaron, el gobierno chino decidió poner en marcha una investigación y, el 30 de diciembre de 2019, el científico al que llaman “el Frankenstein chino” -desparecido hace ya un año-, ha sido condenado a tres años de cárcel y a la inhabilitación profesional en cualquier actividad relacionada con el mundo sanitario.

La condena acalla las críticas que decían que en China eran posibles todo tipo de experimentos sin que hubiera consecuencias.

La base de la mutación genética está en la ciencia

Hace siete años, el investigador alicantino Francis Mójica descubrió el sistema CRISPR/Cas9, un sistema de defensa que tienen algunas bacterias para protegerse de los virus. Supuso un avance importantísimo en la manipulación del ADN, ya que funciona como unas tijeras moleculares capaces de cortar el genoma en una zona concreta y reemplazarlo o repararlo con un molde de ADN que proporciona el mismo sistema. De manera rápida y precisa se podrían reparar mutaciones conocidas que provocan enfermedades, inhabilitar genes (en el caso de las gemelas es un receptor del VIH), disminuir o aumentar la expresión de determinados genes, etc.

Los estudios y ensayos clínicos que comenzaron desde entonces son innumerables. No obstante, todos ellos se han realizado en células in vitro animales y en embriones humanos donados a la ciencia, que posteriormente son destruidos.

Las limitaciones de la técnica

Además, no sólo se pueden modificar embriones sino también células somáticas, es decir, de cualquier parte del cuerpo de personas enfermas. Pero se ha comprobado que no todas las células pueden repararse y además, coexistirían en el mismo cuerpo dos poblaciones de células con diferente material genético (mosaicismo), lo que podría provocar una reacción inmunológica contra la población distinta (enfermedad autoinmune) o contra algún componente del sistema de origen bacteriano. También hay que considerar que el CRISPR no es perfecto y también puede introducir erratas adicionales en el genoma que podrían perjudicar al ser humano.

En resumen, hasta donde llegan las investigaciones, podríamos estar exponiendo a la persona a un problema de salud. Probablemente en el futuro se domine y mejore la técnica y se puedan prevenir sus consecuencias adversas y nos beneficiaremos de esta técnica tan prometedora.

El problema ético de manipular embriones

  • Si se plantea la reparación de una mutación del ADN que provoca una enfermedad hereditaria el potencial es grande y, las expectativas, buenas. En este sentido, ya existe una técnica, demostrada clínicamente y con más de 15 años de experiencia, que es el diagnóstico preimplantacional y que permite seleccionar el embrión sano, antes de transferirlo al útero de la madre.
  •  Si se plantea introducir una mejora genética en embriones que están sanos, ya estamos hablando de eugenesia, de mejorar la raza humana, solo para los bolsillos que se lo permitan.  Esto es algo en lo que hay que ser muy cautos.

En este sentido, la Asociación para la Investigación Responsable e Innovación en Edición Genética, está luchando para la creación de una legislación internacional estricta al respecto. Aunque es difícil, porque a ese nivel solo existe la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es también absolutamente prioritario.

España y otros 28 países han ratificado el Convenio de Oviedo -firmado en 1997- que declara ilegales este tipo de experimentos. Aún hay muchas naciones que no lo han firmado y que no tienen una legislación específica, como es el ejemplo de Rusia, donde existe un vacío legal en la materia.

La tecnología de la edición genética no está lista para ser aplicada de forma segura. Lo deseable ahora es que se siga adelante con la investigación en este campo respetando la ley y trabajando con total transparencia.

Dra. Vega María Cabezuelo Sánchez, miembro de Top Doctors especialista en Reproducción Asistida en la Unidad de Reproducción de la Unidad de la Mujer, en el Hospital Ruber Internacional.

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