“Ese maldito factor X”: recidivas y recaídas en fisioterapia deportiva

En ocasiones, una recuperación de una lesión deportiva o una readaptación tienen un final trágico, a pesar de que todas las pruebas funcionales hayan sido superadas y todos los objetivos de la recuperación se hayan conseguido. A veces, es una nube de mala suerte, y en otras ocasiones una serie de decisiones controvertidas, hacen que el deportista recaiga cuando ya veía la luz al final del túnel.

Nadie habla de las recidivas ni de las recaídas, pero sí… Existen.

Caso práctico: cuando todo lo que podía salir mal, salió mal

Corría una tarde tranquila y soleada de mayo en la Comunidad Valenciana. El sol apretaba fuerte, pero dejaba respirar. Las condiciones para la práctica deportiva eran óptimas tras ocho meses en el dique seco. Dos meses de entrenamientos y partidos de régimen interno llegaban a su fin: tocaba debutar de nuevo, y ver la luz tras meses trabajando a la sombra.

A falta de 20 minutos para acabar el partido, los aficionados golpeaban sus palmas para darle la bienvenida al campo a un jugador que llevaba meses parado. La sonrisa se dibujaba en la cara del jugador, con la equipación en perfecto estado, con las medias subidas hasta la tibia y con las botas brillantes. Los primeros instantes y sensaciones fueron buenos: primeros toques sencillos, toques fáciles, primeros regates y primeras carreras.

Pero, como en todas las historias de miedo, el susto llegó sin avisar. Una falta lanzada que se quedaba corta, y al coger el rechace, con decisión y con confianza, en lugar de jugar fácil, disputó el balón entre dos contrarios, y fue aquí donde la Fisioterapia comenzó a destrozarme, en el momento en el que la empatía recorrió mi cuerpo, y donde, por unos instantes, todo se vino abajo.

Él protegió el balón con su cuerpo, fuerte. Pero un desequilibrio le hizo caer, y cayó como lo había hecho anteriormente en innumerables ocasiones, pero su cuerpo no cayó con él. Su cuerpo posterior, la rodilla en rotación interna y abducción ante una carga de unos 75 kilos en una jugada muy rápida. El grito al caerle encima el rival, y la desesperación en su cara al ver lo que acababa de pasar fue el instante exacto en el que la Fisioterapia comenzó a destrozarme.

Durante varias semanas, una nube negra invadió mi mente, y todavía hoy soy incapaz de ponerle un nombre a lo que en mi mente he llamado “ese maldito factor X”. Tras ocho meses de trabajo combinando la oscuridad del trabajo de gimnasio junto con la luz aportada por los compañeros… Tras superar etapas, momentos anímicos bajos, pruebas isocinéticas, trabajos de fuerza, trabajos de salto, cargas en el gimnasio, cargas en el campo, de encontrarse bien y de cuidarse mucho… Aquella tarde soleada de mayo acabó como nadie podía imaginar: volviendo al punto de partida, poniendo la cuenta a cero, volviendo a empezar, desde cero.

Creo que la Fisioterapia es la mejor profesión del mundo, estoy convencido de eso. Pero a veces, ese “maldito factor X” nos destroza, y hace que los cimientos de nuestros métodos se tambaleen. En Fisioterapia nunca dejamos de aprender: desde que salimos de la universidad hasta que hacemos nuestro último trabajo, estamos en constante formación y evolución, para dignificar nuestra profesión ante otras terapias alternativas que siguen ancladas en este mundo. No obstante, crecer y mejorar cada día es la mejor forma de darle valor a nuestra profesión, así como buscar una marca que te distinga y que te haga ser un profesional que se aleje de aquellos que no quieren innovar o mejorar.

La diferencia más grande que he podido ver en el mundo de la Fisioterapia deportiva y en el de equipos profesionales es que al fisioterapeuta se le pide la perfección, y en ocasiones, en tiempos muy cortos. Además, se nos pide que empaticemos al máximo con los jugadores, mucho más de lo que podrían hacer otros miembros del cuerpo técnico, a la vez, tenemos que ser fríos y tajantes, y llevar siempre una sonrisa.

Este caso anónimo es un caso real. Un caso en el que, a pesar de que todo estaba bien, un factor desconocido y con el que nadie contaba acabó por imponerse. Todos o casi todos sabemos cuáles son los pasos a seguir para rehabilitar una lesión de ligamento cruzado o de cualquier lesión, pero en ocasiones, la mala suerte se lleva el protagonismo.

Artículo elaborado por Luis Escudero Soria, fisioterapeuta en Valencia y especialista en fisioterapia deportiva.

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