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Día Mundial del glaucoma: la ceguera silenciosa

Escrito por el marzo 12, 2019 en Días Mundiales | 0 comentarios

El glaucoma, conocido comúnmente como la ceguera silenciosa, es una patología ocular que, gradualmente, va reduciendo la visión periférica. A día de hoy, es la segunda causa de ceguera prevenible e irreversible afectando a más de 70 millones de personas en el mundo. Se sabe que algunos tipos de glaucoma tienen predisposición genética. Sin embargo, no hay estudios con resultados concluyentes que lo relacionen con ciertos estilos o hábitos de vida. Nuestro especialista en Oftalmología, el Dr. Alberto González Costea, habla de las claves para entender esta enfermedad y nos anima a realizar exámenes oftalmológicos periódicos para poder detectarla a tiempo.

 

¿Cuáles son las principales características del glaucoma?

El glaucoma es una patología ocular multifactorial. La presión intraocular es uno de los factores de riesgo, aunque para el diagnóstico también es necesaria la valoración del nervio óptico y del campo visual.

La presión intraocular se debe al humor acuoso. Este se produce, circula y se evacua por el segmento anterior del ojo, en concreto en el ángulo iridocorneal. Un desequilibrio entre la producción y la evacuación del humor acuoso lleva a un incremento de la presión intraocular, que a su vez perjudica y puede comprometer otras estructuras oculares como el nervio óptico.

Además, es importante recordar que la presión intraocular varía a lo largo del día.

El glaucoma se puede clasificar en dos amplias categorías: glaucoma de ángulo abierto y glaucoma de ángulo cerrado. A su vez, ambos tipos  pueden ser a su vez enfermedades primarias. Por el contrario, los glaucomas secundarios pueden ser resultado de traumatismos, ciertos tratamientos como corticosteroides, inflamación, tumores o condiciones como pseudoexfoliación del cristalino o dispersión pigmentaria.

  • Glaucoma primario congénito: afecta a 0,3 a 1 de cada 10000 recién nacidos o bebés hasta los 3 años. El 80 % de los pacientes con este tipo de glaucoma tiene afectación de los dos ojos. Solo el 10-20% de los casos se debe a una herencia genética. La causa de este glaucoma es una alteración del desarrollo de las estructuras del ángulo por donde se debería producir la evacuación del humor acuoso.
  • Glaucoma primario infantil-Juvenil: se produce en pacientes con edades de entre 3 y 40 años.
  • Glaucoma primario de ángulo abierto: representa el 65% de los glaucomas y cursa con PIO elevada (mayor de 21 mmHg). En estos casos las estructuras encargadas de la evacuación del humor acuoso son anatómicamente normales. Existen varios genes implicados y es más frecuente en miopes.
  • Glaucoma de presión normal: Las cifras de presión intraocular se encuentran dentro de límites normales, pero aun así existe daño en el nervio óptico.
  • Glaucoma por cierre angular y glaucoma facolítico: se produce en ojos pequeños en los que el ángulo iridicorneal es estrecho, lo que no permite la salida del humor acuoso.

 

¿Cómo podemos detectar los primeros síntomas?

Contrariamente a lo que podamos pensar, la agudeza visual no se va a deteriorar hasta etapas muy tardías de esta enfermedad. Así, los pacientes con glaucoma pueden no percibir cambios en su visión. Por este motivo, la prevención y la detección precoz son esenciales. La forma de detectarlo y tratarlo se lleva a cabo tras exploraciones oftalmológicas exhaustivas. En las mismas, se contrastan valores de presión intraocular y espesor corneal. Además, se llevan a cabo pruebas como la valoración del campo visual (campimetría visual) y se explora el nervio óptico bajo midriasis pupilar (dilatación).

Una de las pruebas diagnósticas más novedosas y que aporta gran información sobre las estructuras oculares es la Tomografía de coherencia óptica (OCT). Gracias a ella podemos medir la amplitud del ángulo iridocorneal y valorar si el nervio óptico ha sufrido daños.

 

¿Cómo es el pronóstico para los pacientes?

Los pacientes pueden controlar su presión intraocular mediante la administración de colirios hipotensores oculares. En España los colirios que más se utilizan son los derivados de las prostaglandinas, para favorecer la salida del humor acuoso, y los betabloqueantes, para disminuir la formación de humor acuoso.

En algunos casos, si el tratamiento médico con colirios no controla la enfermedad, habrá que recurrir al tratamiento quirúrgico.

En los pacientes con ángulo estrecho se suele llevar a cabo un tratamiento profiláctico con el fin de evitar evitar un episodio de glaucoma agudo, es decir, una subida brusca de presión intraocular por bloqueo pupilar.

Es importante tener en cuenta que todos los pacientes con glaucoma precisan seguimiento con controles oftalmológicos periódicos en los que no sólo se miden los valores de presión intraocular si no las posibles variaciones del campo visual y del nervio óptico.

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