Toxina botulínica y ácido hialurónico en Cirugía Maxilofacial

Escrito por: Dr. José Ignacio Salmerón Escobar
Publicado: | Actualizado: 21/02/2018
Editado por: Top Doctors®

La toxina botulínica se obtiene de un bacilo que se llama el “Clostridium Botulinum”. Los especialistas utilizan la toxina botulínica para producir la relajación de los músculos, eliminando las arrugas faciales. 

La toxina botulínica tiene diversas aplicaciones en estética aprobadas por el Ministerio de Sanidad para la región frontal, en la zona glabelar, el área del entrecejo. Para quitar las arrugas de expresión que ocurren con los años. 

También tiene un uso clínico para tratar diversos problemas. Se empezó a usar en oftalmología para el tratamiento del estrabismo y ya se usa en múltiples especialidades como en urología para los casos de hipertonía de vejiga, en medicina general y del aparato digestivo para tratar problemas de esfínter y se usa mucho en neurología para tratar sobre todo, problemas de distonías musculares. 

En cirugía maxilofacial se utiliza fundamentalmente para hiperfunciones o distonías de los músculos masticadores y de los músculos faciales, en problemas que pueden ocurrir en parálisis faciales. Y se utiliza para los problemas de hipersudoración de la zona en la que se encuentra la glándula parótida, y que ocurre fundamentalmente después de realizar cirugía de extirpación de parótidas, lo que se llaman parotidectomías, que es una cirugía muy frecuente en cirugía maxilofacial para tratar fundamentalmente tumores benignos y malignos de la región parotídea. 

 

Rellenos faciales: ácido hialurónico

Los rellenos se utilizan para aumentar el volumen de una zona y, conseguir así, rejuvenecerla. Existen varios tipos de rellenos, hay unos biodegradables y otros que son permanentes. Los rellenos permanentes han producido, en muchas ocasiones, problemas de rechazo, de infección y granulomas. Por lo que personalmente, no recomendamos su uso.

Dentro de los biodegradables hay de varios tipos, el más extendido es el ácido hialurónico. Es un material que se obtiene de síntesis bacteriana. Y, por tanto, es muy seguro, da pocas reacciones adversas –pocos problemas alérgicos, que son excepcionales- y es biodegradable. Tiene una duración, dependiendo del tipo, de entre 6 a 9 meses. 

El ácido hialurónico está fundamentalmente empleado en el área nasolabial para producir un rejuvenecimiento de esta zona, que es una zona clave en la estética facial del tercio inferior de la cara, y soluciona el problema de los labios planos con arrugas conocidas como código de barras. O los surcos nasogenianos que con la edad, por el proceso de reabsorción maxilar, quedan muy marcados y, producen un efecto envejecido sobre esta zona. 

En estética facial también se utiliza para aumentar y reafirmar la zona de los pómulos o del mentón. Y son un complemento ideal para los tratamientos de implantes dentales, para reafirmar y rejuvenecer los tejidos del área nasolabial. Junto a estas aplicaciones que son de tipo estético, tiene unas indicaciones para cirugía reconstructiva de la cara. Cuando nos encontramos hundimientos, defectos o falta de tejido, que pueden ocurrir después de tratamientos de tumores de cirugía oncológica, después de traumatismos y también de síndromes o enfermedades que produzcan atrofias de los tejidos blandos. 

 

El auge de la toxina botulínica y el ácido hialurónico

Estos procedimientos de toxina botulínica y de rellenos con ácido hialurónico son los procedimientos más habituales en la cirugía estética. En EEUU se ponen cerca de 2 millones de procedimientos de toxina botulínica y un millón y medio de rellenos faciales al año. Esto supone un volumen comparativo muy grande en relación al resto de procedimientos de cirugía plástica o estética –quizás en el conjunto pueden llegar a 1,2 millones, incluyendo la operación de mamas, liposucciones, rinoplastia, lifting…-.

Son procedimientos muy habituales porque no necesitan, la mayoría de las veces y salvo en cirugías reconstructivas, el empleo de quirófanos. Se pueden hacer en clínica de la mano de los especialistas con la formación necesaria, porque no requieren sedación o anestesia general y tienen una duración de aplicación de 15 a 30 minutos. De hecho, los anglosajones lo llaman “lunch time” –lo que se hace en el tiempo de la comida- porque se hace en un corto espacio de tiempo y sin secuelas de tipo inflamatorio. 

Por Dr. José Ignacio Salmerón Escobar
Cirugía Oral y Maxilofacial

Este doctor de prestigio es el Jefe de Sección del Hospital Gregorio Marañón y profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid. Es miembro de distintas sociedades científicas donde ha ocupado cargos de responsabilidad, además es autor de numerosos artículos científicos y conferenciante en encuentros nacionales e internacionales de la especialidad. Actualmente preside la Sociedad Madrileña de Cirugía Oral y Maxilofacial (SSMAX).

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