Todo lo que debes saber de las sectas

Escrito por: Dr. Pedro Cubero Bros
Publicado: | Actualizado: 17/11/2018
Editado por: Anna Raventós Rodríguez

De vez en cuando surgen noticias en los medios de comunicación que nos dan a conocer transgresiones de la ley o comportamientos inusuales por parte de los dirigentes o miembros de determinados grupos a los que se identifica como sectas. Éstas también se hacen presentes en nuestro entorno más cercano cuando alguien comenta que un amigo, conocido o pariente de alguien se ha metido en una secta.

 

¿Qué es una secta?

Pues depende, dado que existe una cierta polisemia y el término puede adquirir significados distintos. Por un lado, algunos grupos religiosos y algunas personas con tendencia a la intransigencia, utilizan el término para referirse a los otros. Para los Testigos de Jehová son sectas todas las religiones, incluidas todas las variantes del cristianismo. Sólo ellos son una no-secta. En otros ámbitos se habla de secta para referirse a cualquier grupo (habitualmente religioso) minoritario en su entorno. Sin más. Por ejemplo: “las sectas afroamericanas en Brasil” o bien, “las sectas satánicas del Levante español”.

 

En la política, y cada vez más desde hace unos años, se vierte la acusación de sectario para referirse a los rivales. Se trata de un término que implica falta de objetividad, sesgo partidista, cerrilismo, incapacidad para dialogar con el adversario, etc. Pero en modo alguno significa que el partido acusado de sectario sea una secta, ni que el político sectario sea líder o miembro de una secta.

Los grupos sectarios inducen en sus adeptos una sumisión absoluta al dirigente y a las figuras de autoridad. ​

 

 

El uso habitual de la palabra secta le atribuye a ésta una serie de connotaciones tales como:

 

  • La secta es un agregado de personas que se relacionan entre sí y que comparten la conciencia de pertenecer a un mismo grupo.
  • La orientación de las sectas es religiosa, aunque cada vez más se admite la posibilidad de otros intereses no estrictamente religiosos: filosóficos, de bienestar personal, ufológicos… Con reticencia, el concepto de secta se ha aplicado también a organizaciones políticas de tamaño reducido y radicales, así como a organizaciones empresariales (sobre todo algunas empresas orientadas a modalidades agresivas de venta).
  • La secta es un timo: una organización que vende un falso producto para obtener de sus seguidores dinero, trabajo mal remunerado, adulación o favores sexuales.
  • Los creadores de la secta son psicópatas sin escrúpulos que han puesto en marcha una operación para aprovecharse de los incautos que caen en sus redes.
  • Las sectas alejan de sus familias a los hijos y a los cónyuges.
  • Los seguidores de las sectas son lunáticos con creencias extravagantes, impredecibles y ajenos a la sociedad. Hasta cierto punto, las sectas no forman parte de la sociedad en la que se encuentran.
  • Las sectas son absorbentes.

 

Algunos de los tópicos que también se asocian a las sectas son cuestiones como la evasión fiscal, en ocasiones maltratar a sus miembros o a los niños, practicar la promiscuidad, el suicidio en masa, etc. Estas implicaciones son, en su mayoría, correctas. Más o menos reflejan una realidad y ciertamente existen grupos con esa constelación de tendencias. Hay que hacer, sin embargo, una excepción: cuando decimos que las creencias de la secta son un simple invento falsario e interesado de un impostor sin escrúpulos, ¿Cómo lo sabemos? ¿Y si no es así? ¿Y si realmente se lo creen? ¿Y si su carisma no depende tanto de la capacidad para manipular como de la ciega convicción en lo que afirman? Si todo hubiera sido todo una burda mentira del dirigente sectario sería de esperar que, tarde o temprano, alguno de estos dirigentes admitiese el engaño. La mentira podría también destaparse de otros modos: escritos que evidenciasen planes fraudulentos y trazados maliciosamente y con premeditación o confesiones recogidas por los discípulos más allegados que posteriormente harían públicas tras su desengaño. Pero esto jamás sucede.

 

En cambio, el estudio de las biografías de los dirigentes sectarios, de su trayectoria antes de ser dirigentes, sugiere varios perfiles, todos ellos más favorables al modelo del fanático que al del timador. Estos perfiles son los siguientes:

  1. El del activista pertinaz que durante toda una vida ha batallado por una causa en la que paulatinamente ha ido adquiriendo un liderazgo.
  2. El del visionario, en el más estricto sentido del término, que tras una inesperada experiencia mística (una revelación, una visión) inicia una carrera de predicador en la que logra captar a un núcleo de personas que le sostienen y se entregan sin reservas a la nueva causa.
  3. El del enfermo mental con un trastorno delirante crónico de contenido místico-mesiánico.

 

 

¿Por qué se les atribuye a las sectas un carácter dañino y perjudicial?

¿Qué explica la emergencia, desde los años 70, de un movimiento antisectario presente en la mayoría de países occidentales a través de una red de asociaciones? ¿Por qué surgieron, en el Parlamento Europeo y en distintos Parlamentos nacionales y regionales, iniciativas legislativas destinadas a enfrentarse al problema de las sectas?

 

Por su carácter minoritario y marginal, no constituyen un verdadero peligro para la sociedad en su conjunto: no amenazan ni nuestro marco jurídico e institucional ni la estabilidad económica. El riesgo de que un grupo sectario pudiera hacerse con el poder político es, en este momento, nulo.

 

El problema es, en realidad, la gran capacidad de las sectas para inducir cambios profundos en sus adeptos, cambios a veces rápidos y que afectan a la propia identidad personal. La nueva personalidad sectaria resulta a menudo inexplicable para los familiares y allegados, quienes tienen la impresión de que “ya no es el mismo” y de que esa nueva personalidad recién adquirida no es el fruto de una evolución personal espontánea, sino la consecuencia de una influencia indebida, excesiva y antinatural.

 

Comportamiento del adepto sectario

Curiosamente, el adepto sectario denigra su personalidad anterior, en la que supuestamente se sentía vacío y desgraciado, y habla de un nuevo estado de felicidad jamás experimentado con anterioridad. Los adeptos de algunas sectas se muestran siempre sonrientes y rodeados de un aura beatífica (otros dirían que embobados). Ahora bien, pasados unos años, cuando finalmente abandonan el grupo, esos mismos ex adeptos explican que su felicidad tenía mucho de autoengaño, que era falsa, y que escondía un sufrimiento personal que se veían forzados a mantener oculto. Esa es la primera crítica que se puede hacer a los grupos sectarios: pregonan una felicidad que finalmente se revela engañosa.

 

El adepto sectario vuelca en el resto de miembros del grupo, en el líder, en sus objetivos y en las actividades comunes, una pasión, una energía y un tiempo que no dejan de crecer. A veces lo hace en detrimento de su sueño y de su propia salud; de su vida familiar, de sus relaciones sociales y del desempeño profesional. Las relaciones familiares y afectivas se resienten, ya no sólo por la cantidad objetiva de tiempo dedicado al grupo sino por el desapego emocional. El interés, el esfuerzo y la disponibilidad para el trabajo se ven igualmente mermados. De este modo, el sectario está sin estar, “con la cabeza siempre en otra parte”, como suelen decir los familiares. En algunos casos el grupo ofrece un modus vivendi y, por ende, la posibilidad de entregarse en cuerpo y alma a la secta, rompiendo por completo cualquier vínculo con el entorno presectario. Sólo cuando el sectario decide romper con el grupo y regresar a su situación previa se hace consciente del daño causado.

 

Características de una secta

Los grupos sectarios inducen en sus adeptos una sumisión absoluta al dirigente y a las figuras de autoridad. Las manifestaciones de dicha sumisión son múltiples: la obediencia, el servilismo, la completa credulidad ante cualquier afirmación procedente del dirigente, la disponibilidad para aceptar cualquier forma de explotación o violencia, etc. Se trata, en el fondo, de una esclavitud aceptada de buen grado. A diferencia de lo que sucede con el verdadero esclavo, la sumisión no procede de la coacción ni de la intimidación manifiestas, sino de un proceso aparentemente voluntario que acaece en la mente del adepto. Es más, la sumisión es tal que el grupo no necesita insistir en la disciplina. Los adeptos ejecutan voluntariamente cualquier sugerencia. Han aparcado su propia iniciativa en algún recóndito lugar de su ser y confunden su libre albedrío con la obediencia. Nada desespera más a los familiares que está incapacidad para darse cuenta de lo evidente. En consecuencia, y aunque a veces no lo parezca, la militancia sectaria supone una renuncia a la propia libertad.

 

Riesgos de los comportamientos sectarios

Por último, existe un amplio abanico de riesgos asociados a comportamientos concretos inducidos por grupos sectarios, que variarán de un caso a otro. Me refiero, por ejemplo, a la comisión de delitos (con el consiguiente daño para las víctimas así como el riesgo de las consecuencias penales), al despliegue de conductas poco éticas según los criterios anteriores al ingreso en la secta (criterios que también serán los posteriores a la salida), a la entrega (casi siempre irreversible) de los patrimonios personales al grupo o al dirigente, el “secuestro” de menores, las consecuencias derivadas de la privación de tratamientos médicos o de la administración de terapias heterodoxas, etc.

 

Finalmente, y para terminar con una nota positiva, hay que desmontar uno de los tópicos que a menudo se repiten: “el que entra no sale”. La militancia sectaria no es un fenómeno irreversible y el retorno a la situación previa se produce a menudo de un modo tan rápido e imprevisible como lo fue el ingreso en la secta.

 

Para más información consulte con el especialista en Psiquiatría.

Por Dr. Pedro Cubero Bros
Psiquiatría

El Dr. Cubero Bros es un reconocido Psiquiatra experto en el asesoramiento en problemas relacionados con grupos sectarios, adicciones comportamentales y vigorexia. Lleva más de un cuarto de siglo trabajando como adjunto en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. Es autor de el libro El grupo paranoide, y ha escrito capítulos en otros. 

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