TDAH: importancia de un correcto diagnóstico y un tratamiento multidisciplinar

Escrito por: Dr. Victor Casaprima Sagués
Publicado:
Editado por: Patricia Pujante Crespo
El Dr. Casaprima, especialista en Medicina Familiar, explica en el siguiente artículo la importancia de diagnosticar correctamente los casos de posibles TDA-H. El hecho de precipitarse en un diagnóstico erróneo puede mermar la vida, conducta y éxito o fracaso escolar del del menor. 
 
 
En las consultas reciben frecuentemente pacientes para evaluar dificultades de atención, o ya diagnosticados de TDA-H. Aunque cada vez ocurre a edades más tempranas (alumnos de parvulario con quienes incluso se ha iniciado medicación), las demandas más habituales corresponden a niños de entre 8 y 12 años. Los especialistas en Medicina Familiar con experiencia en dicha patología aseguran que hay que ser muy crítico con el concepto de trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H).
 

Importancia de diferenciar y diagnosticar la causa de un posible (o no) TDAH

No se debe negar que hay niños con dificultades en el control de atención, y niños con conductas de inquietud, precipitación e impulsividad. Pero estos aspectos son síntomas de una reacción del sistema nervioso, como podría ser el dolor de cabeza, con prurito o una gastroenteritis. Lo verdaderamente importante es diagnosticar la causa de la reacción y hasta qué punto estas reacciones le suponen un interferente en el rendimiento escolar, en la adaptación social y en la autoestima. 
 
La atención es un proceso neurofuncional complejo en el que se implican muchos sectores cerebrales: áreas corticales prefrontales, cerebro medio – tálamo, sistema límbico (emociones basales, SRA…), y diferentes neurotransmisores. Dicha atención necesita de un proceso de selección de estímulos, con activación de sistemas de inhibición y control.  Un ejemplo sería como cuando elegimos un canal de tv, y nos mantenemos en él, inhibiendo el zapping, si hacemos zapping cambiamos la fuente del estímulo repetitivamente y no seguimos ninguno de manera eficaz.
 
Lo primero es aceptar que existen dos factores implicados:
- La naturaleza del sistema nervioso del paciente
- Los componentes externos y biográficos de su desarrollo
 
Cada persona nace con un cerebro de calidades y características distintas: personas con predominio activo o pasivo, primarias y secundarias, con ritmos personales rápidos o lentos y con distintos niveles de sensibilidad, cosa que les hace más o menos vulnerables a determinados estímulos. Así, los cerebros de predominio activo, más sensitivos y de ritmos rápidos tienen potencialmente mayor dificultad para desarrollar los sistemas de inhibición y control cerebrales, y hay que educarlos desde pequeños a mejorar su autocontrol en cada una de las etapas de su desarrollo. 
 
Pero también existen niños con cerebro denominado “contemplativo”, porque son niños con gran curiosidad, que quedan fascinados por el entorno y quedan prendidos de estímulos que para otros son banales, pero para ellos no. Aunque esto es una forma de ser normal, en nuestra sociedad puede ser etiquetado de TDA sin hiperactividad, porque son niños tranquilos que pasan desapercibidos y “viajan en su mundo de imaginación”, “están en las nubes”… Si es cierto que si no se les educa a tener conciencia de prioridad (lo que es necesario y lo que les toca hacer) pueden sufrir dificultades de rendimiento escolar, al sufrir olvidos o despistes; pero, educados desde el principio, aceptando su forma de ser y respetando su excelente calidad de observación y su curiosidad, enseñándoles a “estar aquí y ahora” cuando es necesario, son estudiantes brillantes.
 
Para diagnosticar de TDA-H es necesario un estudio en profundidad, sin precipitarse

Mejor hablar de conductas de falta de atención y no de patología

Siempre es mejor hablar de conductas de falta de atención o conductas impulsivas, y no de trastorno, puesto que este concepto hace que los niños y adolescentes interpreten con frecuencia que están enfermos y que son así, que es un estado crónico, y este pensamiento condiciona su confianza y su conducta. 
 
Las reacciones están y se dan en función de cada paciente, de su edad y circunstancias. Un diagnóstico correcto permitirá un tratamiento amplio que aborde las posibles causas y, a la vez, enseñe al paciente a desarrollar un autocontrol. Así, en pacientes a partir de ocho o nueve años los especialistas pueden trabajar directamente en el conocimiento de sí mismos, y ayudarles a desarrollar recursos. El concepto de que el cerebro es nuestro servidor y que debemos aprender a dirigirlo les ayuda mucho a visualizar mejor las situaciones y las emociones, así como el hecho de que está en su mano modificar dichas situaciones.
 

Diagnosticar las causas de falta de atención y las conductas que derivan

El cerebro humano puede presentar conductas de falta de atención por muchos motivos:
- Inmadurez en reacción a la demanda, cosa frecuente en niños sometidos a estrés escolar (a veces relacionado con su fecha de nacimiento).
- Déficits funcionales que hacen que su esfuerzo deba ser superior.
- Pérdida de motivación.
- Otras prioridades: causas psicoafectivas que focalizan la atención en otros objetivos para ellos prioritarios. Esto puede observarse frecuentemente en niños adoptados de determinados países.
 

Tratamiento de las conductas por déficit de atención

Una vez se determina la posible causa de las conductas de falta de atención, inquietud o impulsividad, hay que adoptar las medidas terapéuticas necesarias. Tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tratamiento es multidisciplinar: psicológico, pedagógico, neurofuncional y médico.
 
El error se produce cuando se limita el tratamiento a la farmacología y no se adoptan medidas para corregir la causa primaria, los factores que inciden en el su mantenimiento ni se ofrecen al paciente recursos para mejorar el conocimiento de sí mismo y su autocontrol. En dichos casos suele ser necesario ir aumentando la posología en función del peso, la edad y la demanda de su esfuerzo, con la posibilidad de que aumente la aparición de efectos secundarios, además de una dependencia psicofísica. 
 
La farmacología tradicional no sería la primera elección y debería ser una terapéutica complementaria y necesaria en algunos casos, pero no debería ser interpretada como definitiva ni crónica.

Por Dr. Victor Casaprima Sagués
Medicina Familiar

El Dr. Casaprima es un reputado especialista en Medicina Familiar. Cuenta con más de 30 años de experiencia en la profesión y una extensa formación en distintos campos de la especialidad. En 1988 fundó, junto con el Dr. Catalán Balaguer, el Dr. Ferré Veciana y el Dr. Mombiela Sanz, el Instituto Médico del Desarrollo Infantil, con el objetivo de profundizar en el diagnóstico y el tratamiento de los niños con trastornos de desarrollo desde una visión neurofuncional. Así, se encargan de estudiar el desarrollo cerebral, la evolución del aparato psicomotor, los trastornos de lateralidad, la dislexia o los problemas de aprendizaje, entre otras patologías.

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