Si no cambias estás destinado a desaparecer

Escrito por: Carlos Rodríguez Muñoz
Publicado:
Editado por: Alicia Arévalo

Si tuvieras la posibilidad de pedir un deseo, un solo deseo para cambiar un aspecto de su vida que no va como a ti te gustaría, ¿qué cambiarías?: ¿El trabajo?, ¿La pareja? ¿Los compañeros de trabajo? ¿Algo de tu propio cuerpo? ¿Quizás perder unos kilos? ¿Quizás ganarlos? ¿Aumentar tu cuenta corriente?
 

A lo largo de mi vida me he hecho muchísimas veces esta pregunta, pero las respuestas han ido cambiando dependiendo de la etapa de mi vida.
 

Cuando comencé a trabajar como psicólogo, me di cuenta que la gente para conseguir un cambio, utilizan tres estrategias. Estas estrategias se utilizan muy sutilmente y en dosis pequeñas e incluso pueden aportar, a veces, algunos beneficios, ya que parecen como si fueran las tres únicas cartas con las que podemos jugar cuando tenemos un problema. Pero también me di cuenta, que aparte de no resolver nada, mantienen y agudizan el problema.
 

Lamentarse, imponer el propio deseo o simular que no existen son tres estrategias que no cambian absolutamente nada.
 


 

La primera estrategia es lamentarse

Nos quejamos por todo: que hay crisis, que no hay trabajo, que si el gobierno, que el vecino, que si hace calor, que si hace frio, que si hay tráfico, que si nosotros lo hubiéramos hecho de otra manera, etc.
 

Conozco mucha gente que cae en la trampa de la queja y el problema es que, si le concedes mucho espacio mental a la queja, te paraliza y se derrama como una mancha de tinta en tu camisa.
 

Todos tenemos razones para lamentarnos de la manera que sea, pero lo cierto es que todo esfuerzo que realices para lamentarte difícilmente cambiará cualquier cosa alrededor tuyo. De hecho, estaremos sesgados a ver únicamente aquello que nos fastidia, aquello que no va bien.

 

La segunda estrategia es imponer nuestros deseos

Otra estrategia cuando las cosas no van bien es la de imponer nuestros deseos, en la base de esta estrategia hay un factor cultural que presupone que si algo no va bien es suficiente con cambiarlo, podemos manipular a nuestro gusto todo aquello que nos rodea. Por ejemplo, ¿no te gusta tu nariz? Voy al cirujano. ¿Te sientes decaído? Para qué seguir con el sufrimiento, te tomas una pastillita y lo resolvemos fácil. ¿Tu marido te molesta? Divorciarte. ¿Tu hijo no te hace caso? Pégale. ¿Si alguien de la familia no está bien? Mándalo al psicólogo, para eso lo estudié para intentar encajar todas vuestras exigencias.
 

Internamente esta estrategia emerge de una manera importante en las relaciones de pareja: Recuerdo en una sesión de pareja, en la que cada uno, según uno mismo, tendrá que cambiar la pareja para resolver su futuro:

  • Él: Eres tú la que no me entiende, parece que hablo en chino.
  • Ella: No, eres tú el que no entiende nada de lo que te pido, siempre vas a tu aire.
  • Él: Eres tú la que no te das cuenta de todo lo que hago por ti.
  • Ella: No, eres tú el que no sabes escuchar.

Y así podíamos estar hasta el infinito, pero si te das cuenta, las frases siempre empiezan por la misma palabra “TÚ”, porque tenemos que demostrar encarecidamente las carencias de la otra persona. Tenemos que demostrarle los problemas que tiene para restituir la felicidad que nos ha secuestrado. Pero la verdad es que, con este tipo de comunicación, aunque la mayoría de las veces creamos que van a solucionar el problema, difícilmente consigamos cambiar algo importante en la relación, porque en vez de quitar los nudos que hay en la base de la relación, tendemos a ser cada vez más rígidos y a tirar cada vez más de nuestra cuerda.
 

Si la estrategia que utilizas cuando las cosas no van bien, es la de imponer tus deseos y esperar que los demás se modifiquen por las consecuencias, piénsalo un par de veces antes, tendrás una vida de resistencia y hostilidad.

 

La tercera estrategia es simular que no existe

Cuando las cosas no van de la forma que queremos, una de las estrategias es simular que no existe. En la base de esta estrategia está el temor de afrontar las propias necesidades, y en vez de afrontarlas, las apagamos, la apagamos por el bien común, y así nunca nos posicionaremos, por tanto, no conseguiremos nunca definir nuestra propia identidad, y viviremos a merced de las necesidades de los demás.
 

Si la estrategia que utilizas cuando las cosas no van bien, es la de apagar tus necesidades, antes o después, tu cuerpo empezará a hablar por ti, y en lugar de contentar a todo el mundo, comenzaras a descontentar a todos.

 

Lamentarse, imponer el propio deseo o simular que no existen son tres estrategias que no cambian absolutamente nada. El único secreto para cambiar a los demás es cambiar uno mismo, si cambio yo, los demás se verán obligados a adecuarse al nuevo cambio, a modificarse. Porque las cosas no cambian, somos nosotros los que cambiamos.

El primer cambio que tenemos que hacer va en la dirección que elegimos. Elige tú como causa de las cosas que no van bien, que no van como te gustaría. Si me digo, no encuentro trabajo por culpa de la crisis, ¿Qué tengo que hacer? Nada. Sin embargo, si me digo, ¿Qué puedo mejorar? Puede haber un margen de cambio. Cambio de mejora en la situación. Se te abrirán muchas puertas delante tuya, ya que comienzas a asumir tu propia responsabilidad, por ejemplo, haciendo cursos, aprendiendo idiomas, buscando otras ofertas de trabajo, etc. Puedes trabajar sobre ti para convertirte en único, porque recuerda, la vida es para quien la hace, quien no la hace, la sufre. Si en una relación de pareja, le digo al otro que el problema es suyo, lo estoy alejando, sin embargo, si la solución parte de ti, la situación cambiará. Y la pregunta sería, ¿Qué puedo hacer yo para mejorar su día a día? ¿Qué puedo hacer yo para mejorar la relación? Ahora las cosas cambiaran, pero no por casualidad, sino porque eres tú quien las has cambiado. Primero, ibas en busca de sus deficiencias, y ahora buscas sus necesidades, para después forzarte a cubrir estas necesidades. Se crea un espacio mental en el que cada uno cuida del otro, en vez de hacer la guerra.

Por Carlos Rodríguez Muñoz
Psicología

Carlos Rodríguez Muñoz es un destacado especialista en Psicología, experto en distintos trastornos como la ansiedad, la depresión y el duelo. Licenciado en Psicología en el año 2000, prosiguió su formación con algunos de los referentes de la psicoterapia de aquel momento, como el Centro de Estudios Psíquicos o el centro Elipsis en convenio con la Universidad Pontificia de Comillas. 

Con más de dos décadas de experiencia, empezó su carrera como psicoterapeuta en la Asociación Nacional de Ayuda al Enfermo de Depresión y, actualmente, ejerce en el prestigioso centro Psicólogos FHd. Por otro lado, ha compaginado su labor con la docencia, siendo profesor del Prácticum con alumnos tanto de la Universidad Complutense de Madrid como de la Universidad Nacional de Educación a Distancia e impartiendo cursos y monográficos en instituciones como el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Social Brain o la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicología Médica.
 

Ver perfil

Valoración general de sus pacientes


Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación..