Repercusiones del confinamiento: Síndrome de la Cabaña

Escrito por: María Gallego Blanco
Publicado:
Editado por: Albert González

Progresivamente, hemos insistido en la importancia de crear rutinas para estructurar el día a día. Esto lo teníamos bastante claro al principio y vimos que funcionaba, pero ha pasado más de un mes y medio, y estamos viendo que aquellas personas que se han relajado un poco en este sentido (rutinas y estructuras, sobretodo) lo llevan un poco peor. Es importante volver a favorecer la adaptación al momento actual.

 

Estrés de las personas al salir de casa por miedo al contagio: sensación extraña de la gente que camina sola por la calle hacia sus trabajos, dificultades de muchos para concentrarse… Esta adaptación, por la que vamos pasando durante las distintas fases, puede resultar complicada para cualquiera, pero más si cabe para aquellas personas que están sufriendo un problema emocional psicológico o psiquiátrico previo.

 

Cómo va a cambiar el carácter afectivo

Centrándonos en una de las posibles repercusiones del confinamiento de las personas que se encuentran en sus casas encerradas, vamos a hablar del Síndrome de la Cabaña.

 

Para entender el Síndrome de la Cabaña, vamos a situarnos a finales del siglo XIX y a principios del XX, en el contexto en el que muchos cazadores perseguían, entre otras cosas, hacerse con pieles de animales y con buscadores de oro que procuraban fortuna en la zona norte de EEUU y Canadá. Además, estos últimos solían pasar los meses de largo invierno en sus cabañas por las durísimas condiciones climatológicas. Entonces, empezaba a nevar y se quedaban allí atrapados sin poder salir.

 

¿Qué ocurría con estas personas? El aislamiento les solía afectar de una forma muy evidente, tan evidente que en 1900 empezó a describirse clínicamente este síndrome, este conjunto de síntomas, dándole el nombre de Síndrome de la Cabaña.

 

Pero a lo largo de la historia, no solamente lo han padecido cazadores y buscadores de oro de aquella época, sino que estos síntomas han sido comunes a otras personas y en otros momentos bien diferentes. Por ejemplo, en los fareros, antes de que los faros se automatizaran, en muchos astronautas, en exploradores en estaciones polares y, en definitiva, en algunas de aquellas personas que hayan tenido que estar aisladas y confinadas muchas veces en soledad durante largos periodos de tiempo.

 

¿Qué podemos decir de la intensidad de los síntomas?

Dependían y dependen de varios factores que pueden ser muy diversos. Pueden ir de la claustrofobia, los de mayor intensidad al más simple aburrimiento, los más banales. A pesar de que este síndrome no figura entre las clasificaciones diagnósticas que manejamos los profesionales de la salud mental y se le considera un mero término coloquial, ha sido rescatado estos últimos días para describir lo que sienten muchas personas confinadas en sus casas. El distanciamiento social, el confinamiento y el aislamiento que se han impuesto en muchas partes del mundo para combatir esta pandemia, hacen más posible que la gente experimente algo parecido a ese Síndrome de la Cabaña que, en este caso, podría manifestarse con dificultades emocionales de la persona dentro de su domicilio y problemas para conseguir salir del mismo.

 

Los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra. Factores de personalidad, factores culturales y económicos van a ser determinantes a la hora de afrontar y manejar el aislamiento, el confinamiento. También influye si uno está solo, el tipo de personas que lo acompañan. Cierto tipo de personas (se ha visto que los más extrovertidos, frecuentemente) pueden encontrar el confinamiento más complicado que otras. Y la gente más introvertida, que tiende a sentirse mucho más cómoda realizando actividades en su hogar, puede llevarlo quizá un poco mejor.

 

No todo el mundo experimenta los síntomas con la misma intensidad.

 

Síntomas específicos del Síndrome de la Cabaña

Los síntomas son heterogéneos, no todo el mundo experimentará los mismos ni con la misma intensidad. Y de hecho, mucha gente no sufrirá ninguno de ellos. Otra cosa que debemos tener en cuenta es que algunos pueden ser indicativos de otras patologías y manifestarse en otros problemas. Los principales síntomas que muestra este trastorno son:

  • Cansancio.
  • Irritabilidad.
  • Impaciencia.
  • Sensación de estar enjaulado.
  • Incapacidad para hacer frente al estrés.
  • Problemas de concentración.
  • Baja motivación.
  • Desordenes en alimentación.
  • Problemas para dormir, para conciliar las horas de sueño.

 

Algunos son síntomas menores, como el aburrimiento, pero a veces aparecen problemas en la gestión del autocontrol y la autoregulación en distintas intensidades. En algunas ocasiones, la sensación de indefensión y el sentimiento de soledad se relacionan con un riesgo mayor para sufrir depresión y otras enfermedades o problemas mentales.

 

¿Qué sucede con el aislamiento específicamente en esta pandemia por el COVID-19?

Algunas personas además han desarrollado el miedo a salir de casa por temor al contagio. Todos estamos de acuerdo en que no hay que relajarse y en que debemos seguir las mismas precauciones para no contagiarnos, pero hay gente que, por ejemplo, al bajar la basura, experimenta verdadero pánico aunque su calle esté completamente vacía y que sus vecinos actúen responsablemente. Es importante matizarlo.

 

El problema al que me refiero no es el miedo a circular por una calle llena de gente que no guarda la distancia de seguridad ni cumple con las normas que se nos han dado. Ese miedo sería un miedo adaptativo que puede llevar a las personas a apartarse para evitar contagios y eso estaría bien, porque el coronavirus no ha desaparecido y vamos a tener que convivir con él bastante tiempo.

 

Ignorar las indicaciones que se nos dan desde organismos oficiales, en este sentido, puede llevar a un incremento de casos de contagios y, por tanto, de muertes.

 

Tampoco me refiero a ese temor comprensible y adaptativo que podemos sentir todos las primeras veces que salimos de casa y que, como digo, es normal y que pasará poco a poco.

 

A lo que me quiero referir en este momento es a esa gente que toma las precauciones adecuadas para no contagiarse, pero les sigue persistiendo ese miedo. El Síndrome de la Cabaña puede hacérnoslo pasar mal a la hora de permanecer en casa y también a la hora de salir a la calle. Y tanto en un caso como en el otro, los profesionales de la salud mental pueden ayudar.

 

Muchas de estas personas que sufren este miedo tendrán que incorporarse al trabajo, si no lo han hecho ya

Es importante que las empresas tengan en cuenta este factor y que conozcan que esto le puede pasar a algunos de sus trabajadores para que sean más sensibles y faciliten, en la medida de lo posible, que puedan recibir o continuar su asistencia psicológica en caso de ser necesario. Hoy en día, la Psicología a través de videoconferencia posibilita que los pacientes reciban esa asistencia en un horario muy amplio, más flexible incluso que cuando estamos en las consultas y que no interfiere, en la mayor parte de los casos, en el horario laboral.

 

¿Quiénes van a tenerlo más difícil?

No es bueno generalizar, pero es probable que las personas hipocondriacas lo tengan un poco más difícil, especialmente si aún no han salido. En esos casos, y a pesar de que sus empresas les proporcionen absolutamente todas las medidas de protección a su alcance para que no se contagien o reducir muchísimo las posibilidades de que esto pueda suceder, pueden ser más vulnerables en este sentido.

 

Otro colectivo al que puede resultarle más complicado es al de las personas con alguna limitación física, ya que pueden experimentar miedo a que les suceda algo en el trayecto de casa al trabajo o, por ejemplo, que opten por no salir de casa, su zona de confort.

 

Es probable que las personas hipocondriacas lo tenga un poco más difícil.

 

En estos casos: la ayuda de los psicólogos

En todas estas situaciones que generan un malestar clínicamente significativo, los psicólogos ayudan a estas personas a reincorporarse a la normalidad enseñándoles clínicas para exponerse a las situaciones.

 

Recomendaciones

Si la persona está sana y tiene que reincorporarse al trabajo, pero siente algo de miedo que le resulte tolerable, debe intentar hacer aproximaciones sucesivas al hecho de salir de casa a lo largo de los días. Se puede empezar por pasos pequeños, como abrir la puerta sin llegar a salir.

 

Si se complica y este hecho genera mucha ansiedad en la persona, es importante que contacte con un profesional de la salud mental para que pueda recibir ayuda.

 

Por otro lado, es importante explicar los sentimientos acerca de cómo la persona está llevando toda la situación del confinamiento y los posibles problemas para salir de casa. También se debe fomentar la vida social mediante el teléfono, la videollamada o cualquier otro medio. Compartir con otras personas permite conseguir que la persona se sienta menos sola.

 

Si tienes que teletrabajar, es importante procurar hacer las mismas pausas que harías si estuvieras en una jornada en la oficina. En muchas ocasiones, el teletrabajo favorece que los trabajadores le dediquen más horas de las habituales y terminan agotados.

 

Puede ayudar también el hecho de desarrollar un hobbie, como ordenar álbumes de fotos, hacer labores de casa, aprender a tocar un instrumento, actividades altruistas…

 

Los pilares que sustentan una buena estrategia para prevenir y para afrontar algunos de los síntomas del confinamiento y de este síndrome de la Cabaña pueden ser:

  1. Intentar salir de casa, si es posible, haciendo siempre las cosas bien.
  2. Mantener patrones sanos de alimentación.
  3. Planificar y comprobar si cumplimos nuestros planes.
  4. Estimular nuestro trabajo mediante el trabajo, hobbies, lectura, pasatiempos, juegos de mesa…
  5. Fomentar el contacto social a través de cualquier medio (teléfono, videollamada…).
  6. Hacer ejercicio físico adecuado a nuestra edad y condición física.

 

Por último, puntualizar que en muchas ocasiones estos síntomas y este malestar aparecen de un modo discontinuo, manifestándose alguna vez a lo largo del día sin que suponga un deterioro significativo a lo largo del tiempo. Si es así, cuando esto nos suceda, puede venirnos bien intentar distraernos recurriendo a las recomendaciones anteriores.

Por María Gallego Blanco
Psicología

María Gallego Blanco es licenciada en Psicología, con amplia experiencia en edad pediátrica y adultos.

Durante sus años de formación y colaboración en el Departamento de Pediatría del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, su actividad en la Unidad de Paidopsiquiatría se desarrolló en el área de consulta, hospitalización, elaboración de informes psicológicos jurídico–periciales y asesoramiento clínico y psicopedagógico a varias unidades y servicios del Departamento. Fundamentalmente en el Servicio de Neuropsicología pediátrica, Unidad de endocrinología, crecimiento y nutrición pediátrica, Unidad de trastornos metabólicos, Unidad de Gastroenterología y Hepatología y Nutrición pediátrica, Unidad de Hematología y Oncología pediátrica y Pediatría general.

De este modo y, puesto que también trabaja con adultos al margen de la práctica psicoterapéutica en el área de pediatría, a lo largo de los últimos 20 años ha realizado la evaluación e intervención de casos que engloban los problemas y trastornos más frecuentes en psicoterapia: de ansiedad, depresivos, de personalidad, patología específica pediátrica, terapia de pareja, trastornos de alimentación, patología ligada a enfermedades crónicas (oncología, diabetes...).

Colabora todos los lunes a las 12:30 en el  programa de EsRadio Galicia, donde tiene el 'Espacio de psicología con María Gallego'.

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