Reflexiones sobre el TDAH

Escrito por: Dra. María Eugenia Russi Delfraro
Publicado:
Editado por: Yoel Domínguez Boan

Basada en la novela de Lyman Frank Baum “The Wonderful Wizard of Oz”, El mago de Oz narra la historia de Dorothy, una joven que llega al increíble mundo de Oz luego de que un tornado despegara su casa por los aires. Para poder volver a ella deberá emprender un largo viaje que le llevará a la ciudad de Esmeralda donde habita el todopoderoso mago de Oz, la única persona que puede concederle el deseo de regresar a su hogar. De camino Dorothy se encuentra con un espantapájaros que se queja amargamente por no tener un cerebro que le permita pensar y ser inteligente; por lo que le ofrece acompañarla en su viaje con la esperanza de que Oz le otorgue su deseo más preciado.

 

Continúan ambos su camino, cuando conocen a un Leñador de hojalata que se ha oxidado y permanece inmóvil desde hace años, y no tiene corazón. Al explicarle que van a ver al mago de Oz, se une al viaje con el propósito de pedirle un corazón nuevo que le permita tener sentimientos. Finalmente se encuentran con un enorme león que quiere morder al pequeño perro de Dorothy, Totó.

 

Los tres caminantes le recriminan su actitud: ¡un animal tan feroz no debe atacar a otro tan indefenso, sino luchar por causas mayores!. El león rompe a llorar desconsolado, pues se da cuenta de lo cobarde que ha sido. Les cuenta que nació así y que por algún motivo no tiene valor. Así que decide unirse a la expedición, esperanzado de que Oz le pueda conceder dicha virtud.

 

Lo más significativo de esta historia, es que los personajes que van a ver al Mago de Oz para pedirle una cualidad de la que presuntamente carecen, en realidad descubren que esta formaba parte de sus vidas incluso mucho antes de iniciar su largo viaje de autodescubrimiento. Y es a través de las vivencias experimentadas a lo largo del camino, la amistad y la magia que entraña el ingenio de uno de los personajes más singulares de la historia - el mago de Oz- que descubren unas facultades que desconocían si quiera tenían. Porque con cada pequeña victoria y avance en el viaje, aumenta su autoconfianza y sentido del propósito; y es en última instancia dicha confianza la que les ayuda a hacer realidad sus sueños.

 

La paradoja de los personajes de el mago de Oz representa lo que sienten muchos niños con TDAH
 

 

Esta figura paradigmática de lo que el espantapájaros, el leñador de hojalata y el león cobarde representan, en ocasiones refleja el sentir y las vivencias de muchos niños y adolescentes con TDAH; y de cómo a veces sus pensamientos, sentimientos e incluso sus peores temores, no les permiten ver con claridad el mundo de posibilidades que existen más allá de sus dificultades

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Porque piensan que no son inteligentes, al sentirse incapaces de hacer cosas que otros niños de su edad logran hacer prácticamente sin esfuerzo; como estar atentos en clase, recordar las cosas, reflexionar antes de actuar o simplemente hacer la tarea escolar sin dejarse llevar por lo que sucede “en el pupitre de al lado”. Sus mentes caóticas, volátiles e incansables no les dejan centrarse y ver con claridad sus objetivos para ir a por ellos; y comienzan a juzgar su propia valía a partir de las reacciones de quienes les rodean, entrando en una espiral de impotencia, sensación de fracaso y baja autoestima.

 

Y aunque con frecuencia pueda parecer que los chicos con TDAH “no tengan corazón”, mostrándose insensibles e incluso irritantes, o costándoles muchas veces percibir las necesidades emocionales de quienes les rodean; eso no significa que las cosas no les afecten o que no les duelan los comentarios hirientes. Porque tienen sentimientos como el resto de los niños de su edad, sólo que no saben cómo gestionarlos ni como ajustar sus respuestas a las diferentes situaciones a las que se ven enfrentados. Esto hace que muchos chicos con TDAH sufran con frecuencia “tormentas afectivas” y muestren una cierta “labilidad emocional”, puesto que tienen una “disregulación afectiva” de origen neurobiológico que les impide manejar su frustración adecuadamente.

 

Y para complicar aún más las cosas, en ocasiones tienen muchos miedos e inseguridades, llegando incluso en casos más extremos a percibir como peligrosos estímulos que en verdad son inocuos, generando una respuesta de “falsa alarma” que hace que el niño se comporte de una manera diferente: evitando situaciones concretas, presentando una respuesta de sobresalto exagerado o entrando en un permanente estado de “hiperalerta”. Es lo que en términos médicos se conoce con el nombre de trastorno por ansiedad, y le ocurre a 1/3 de los chicos diagnosticados de TDAH.

 

Sin embargo, todos podemos transformarnos en un momento dado u otro de la vida de estos chicos, en el mago de Oz. Los terapeutas acompañándoles y aconsejándoles desde el conocimiento, la experiencia y la formación en el manejo del TDAH y sus comorbilidades, los padres fomentando su confianza, escuchándoles y animándoles. Y los profesores motivándoles, alimentando su interés y utilizando materiales variados y atractivos que despierten su curiosidad por aprender. Pero sobre todo cambiando nuestro foco de atención de lo que no saben hacer a lo que sí saben. Porque los niños que tienen confianza en sí mismos son los que triunfan en algo, y está en nuestras manos como adultos guiarles y ayudarles a descubrir que es ese algo, para que así puedan alcanzar sus objetivos y desarrollar una vida plena y feliz.

 

Para más información, consultar con un especialista en Neurología infantil

Por Dra. María Eugenia Russi Delfraro
Neurología infantil

La Dra. Russi Delfraro es una reconocida especialista en el campo de la Neuropediatría; con una amplia experiencia en el diagnóstico y tratamiento del TDAH, los trastornos del aprendizaje (como la dislexia, la discalculia, la disgrafía, el trastorno del desarrollo de la coordinación, etc.), la neurología cognitiva y los diferentes trastornos del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista (TEA) o la discapacidad intelectual (DI).

En su exhaustiva formación destacan numerosos cursos y titulaciones de postgrado adquiridas; entre las cuales se encuentra el Máster de Neurología Infantil otorgado por la Universidad de Barcelona (UB). Dedicando buena parte de su tiempo a la formación y actualización especialmente en el campo de la Psicofarmacología y el TDAH, ha realizado numerosos cursos de renombre internacional; como el "Curso de Psicofarmacologia en Niños y Adolescentes" del Hospital General de Massachusetts, dependiente de la Universidad de Harvard.

A lo largo de su trayectoria profesional ha combinado su actividad médica en centros hospitalarios de prestigio, con la actividad docente; impartiendo charlas en cursos y másters de Neurología-Neuropsicología infantil. Por otra parte, la Dra. Russi ha publicado numerosos artículos científicos y capítulos de libros sobre diferentes temas de Neurología infantil.  

También es miembro de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), donde forma parte del grupo de trabajo de TDAH de dicha sociedad. Y pertenece además, al grupo de trabajo de "Trastornos del Aprendizaje Escolar", de la Sociedad Catalana de Pediatría. 

 

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