¿Qué problemas pueden presentarse en la disfagia?

Escrito por: Montserrat Martinell
Publicado:
Editado por: Albert González

La disfagia o alteración de la deglución de los alimentos es un problema frecuente en las personas que han sufrido un daño neurológico y que puede producir consecuencias graves. En este artículo expondremos por qué se produce la disfagia, cómo se rehabilita y qué recomendaciones debe seguir la persona afectada para alimentarse de un modo seguro.

 

¿Qué es la disfagia?

La disfagia es un trastorno en la deglución del alimento o de la saliva. Se manifiesta con diversos signos, como tos, asfixia, infección respiratoria o pérdida de peso, entre otros. La disfagia es debida a una enfermedad o lesión neurológica, como el ictus, el traumatismo craneoencefálico, las enfermedades neurodegenerativas y la lesión medular alta, entre otras. También el cáncer de cabeza y cuello puede causarla, si bien en este artículo nos referiremos a la asociada a trastornos neurológicos adquiridos en la edad adulta. La disfagia puede acarrear consecuencias médicas graves como la neumonía aspirativa o la desnutrición. También tiene consecuencias psicosociales, ya que la alimentación es una actividad con una dimensión social y placentera que incide significativamente en la calidad de vida.

 

El abordaje de la disfagia es una tarea de equipo interdisciplinar formado por médicos, logopedas, enfermeras, y otros profesionales, según cada caso.

 

Ahora bien, junto con el equipo, es de vital importancia el papel del propio paciente o de su cuidador, que deben conocer, comprender y seguir estrictamente las pautas para una alimentación segura y los ejercicios que se recomienden en cada caso.

 

Dentro de las nuevas técnicas de tratamiento, la incorporación de la electroestimulación aplicada a la disfagia permite actualmente intensificar la rehabilitación y mejorar significativamente sus resultados.

 

¿Cómo funciona la deglución normal?

Para comprender las alteraciones de la deglución debemos conocer primero cómo funciona la deglución en condiciones normales. La deglución es una función vital esencial para la supervivencia, ya que nos permite hidratarnos y nutrirnos. Ahora bien, las mismas estructuras que sirven para alimentarnos, es decir, la boca y la faringe (garganta), se utilizan también para la respiración y el habla. De un modo sencillo, diremos que la faringe se divide hacia abajo en dos vías: por delante, la tráquea, con la laringe en su extremo superior, que es la vía respiratoria que va hacia los pulmones; justo por detrás de la tráquea, se halla el esófago, habitualmente cerrado, que se dirige hacia el estómago y es la vía digestiva. Así, la boca y la garganta se utilizan continuamente para diferentes funciones: respirar, hablar y tragar, lo cual requiere un alto grado de coordinación.

 

La deglución se produce en varias fases. Cuando la persona va a alimentarse, en primer lugar, se produce la anticipación que consiste en reconocer que es la hora de comer y percibir correctamente el tipo de alimento que se presenta y su tamaño, para tomarlo con los movimientos adecuados, diferentes para el agua, la sopa, un puré o un trozo de carne. Por ejemplo, algunas personas con demencia o con afectación cognitiva grave no se dan cuenta de que es la hora de comer, o no reconocen el alimento que se les presenta.

 

La disfagia es un trastorno en la deglución del alimento o de la saliva.

 

Dejando aparte la anticipación, la deglución se produce en cuatro fases altamente coordinadas entre sí. En la fase oral preparatoria, se recoge el alimento en la boca, se paladea, se mastica y se forma con él un bolo. Ello requiere la coordinación de la mandíbula, los músculos de la cara y la lengua, además de la sensibilidad para masticar sin morderse las mejillas o la lengua.

 

En la fase oral propulsiva (o fase oral de tránsito), la lengua propulsa el bolo hacia la garganta. Cuando la garganta percibe el bolo, se desencadena la fase faríngea. La fase faríngea (“reflejo deglutorio”) es un conjunto complejo de movimientos de la lengua, la faringe y la laringe, que conducen el alimento hacia el esófago, sin que caiga en la laringe y la tráquea. Es decir, momentáneamente la vía respiratoria se cierra y la vía digestiva se abre para recibir el alimento.

 

La fase faríngea la percibimos externamente, si palpamos la nuez (laringe) mientras tragamos: notamos cómo esta sube y baja en el cuello.

 

La fase esofágica consiste en el desplazamiento del alimento por el esófago hasta el estómago, gracias a las contracciones de los músculos del esófago.

 

Las fases oral preparatoria y oral propulsiva pueden controlarse voluntariamente, ya que permiten que podamos tomar cucharadas grandes o pequeñas, masticar despacio o deprisa, beber el agua de un trago o a pequeños sorbos. Por el contrario, las fases faríngea y esofágica son reflejas y no pueden controlarse voluntariamente.

 

¿Qué problemas pueden presentarse en la disfagia?

Puesto que la deglución es un proceso complejo, pueden producirse diferentes alteraciones, que se resumen en dos tipos:

  • Incapacidad para alimentarse suficientemente por debilidad o torpeza de la lengua y de los demás músculos de la boca. La consecuencia es la pérdida de peso, la desnutrición y la deshidratación.
  • Aspiración, es decir, paso de alimento hacia la vía respiratoria. La causa puede estar en la debilidad lingual, o en diversos fallos posibles del reflejo faríngeo. Una posible consecuencia es la infección respiratoria, que puede conducir a una neumonía aspirativa. Otra consecuencia puede ser el atragantamiento o la asfixia, como cuando se aspira un trozo grande de alimento sólido.

 

Un paciente agitado tiene mayor riesgo de aspiración.

 

Cuando una persona sana aspira alimento (“se le va por el otro lado”), se le desencadena de forma inmediata una tos fuerte, que generalmente sirve para expulsar el alimento de la vía respiratoria. Sin embargo, algunos pacientes neurológicos graves han perdido el reflejo de tos, de modo que pueden sufrir aspiración silente, aunque aparenten comer con normalidad.

 

El estado cognitivo-conductual del paciente es importante. Un paciente agitado tiene mayor riesgo de aspiración, por lo cual, en principio, no debe comer por la boca. Una persona con ingesta impulsiva (comer deprisa y a bocados grandes) también tiene mayor riesgo de aspiración.

 

Signos de posible disfagia 

  • Tos durante o después de las comidas.
  • Sensación de dificultad al tragar.
  • Pérdida de peso.
  • Cambios en la voz y el habla.
  • Enlentecimiento durante la comida.
  • Cambios en la dieta: alimentos que se han dejado de lado.

 

¿Cómo se detecta y se diagnostica la disfagia?

En personas con una lesión neurológica ya conocida, como un ictus o un traumatismo craneoencefálico, el médico detectará si presenta problemas de deglución y realizará las pruebas necesarias. En personas con enfermedades neurodegenerativas, la disfagia puede presentarse de un modo lento y puede ser incluso el primer síntoma de una enfermedad todavía no diagnosticada. Signos como la tos, la pérdida de peso y el enlentecimiento a la hora de comer hacen sospechar disfagia, ante los cuales debe consultarse al médico.

 

Para el diagnóstico de la disfagia, se realizan varias pruebas, principalmente:

  • Examen funcional de los movimientos y la sensibilidad de la cara, la boca, garganta, así como de la voz.
  • Test de deglución con alimentos. Se prueban de modo reglado diferentes volúmenes y consistencias. Es una prueba que no detecta de modo seguro si hay aspiración.
  • Videofluoroscópia. Es una prueba radiológica que se realiza en determinados casos, que permite observar de modo seguro si el alimento pasa a la vía respiratoria (aspiración). Por ejemplo, un paciente puede tomar con seguridad un alimento de consistencia como un yogur, en volumen de hasta 5 ml, pero aspira con volúmenes más altos y con el agua.
  • Manometría esofágica. Se realiza en algunos casos, para explorar las presiones durante la deglución, y especialmente determinar si hay problemas en la abertura del extremo superior del esófago en el momento de la deglución.

 

¿Cuál es el tratamiento de la disfagia?

Cada paciente es diferente y requiere unas medidas concretas. El tratamiento de la disfagia depende de diversos factores: el tipo de disfagia, el estado de salud general del paciente, y otros factores como su estado cognitivo-conductual y el apoyo que tenga de su familiar o cuidador. La rehabilitación de la disfagia se puede resumir en tres aspectos: la vía de alimentación, las adaptaciones necesarias en caso de alimentación por boca y el plan de ejercicios.

 

Vía de alimentación

Cuando la alimentación por boca no es segura, se opta por otras vías de modo generalmente provisional: por sonda nasogástrica (SNG), sonda de gastrostomía (PEG, por sus siglas en inglés).

 

La SNG consiste en un fino tubo que se introduce por la nariz hasta el estómago. Esta vía se utiliza por periodos cortos de tiempo. Cuando se prevé un periodo más largo de alimentación no oral, se utiliza la PEG, que consiste en un tubo insertado en la pared abdominal hasta el estómago. La PEG es más cómoda y generalmente no presenta complicaciones en su manejo. La vía de alimentación puede ser mixta: por ejemplo, alimentación general por PEG e ingesta de algunos alimentos seguros por boca.

 

¿Mejora la disfagia?

En la mayoría de los casos la disfagia mejora y se resuelve, de modo que la persona llega a comer con normalidad o con algunas restricciones. En pacientes con enfermedades neurodegenerativas, se orienta el mejor modo de alimentación según la progresión. En personas muy afectadas, la mejoría puede ser lenta. Algunos pacientes deberán mantener la PEG para la alimentación. Existen muy pocos casos en que el paciente no pueda volver a comer por boca. Incluso en casos de alteración grave, se intenta conseguir que la persona pueda ingerir algún alimento por boca, de forma debidamente controlada. El objetivo ideal será que la persona pueda alimentarse del mejor modo posible, con seguridad, y recuperar la alimentación en su dimensión social y placentera.

Por Montserrat Martinell
Logopedia

Destacada logopeda con más de 20 años de experiencia en la profesión, la Sra. Montserrat Martinell es experta en alteraciones neurológicas de la comunicación. En concreto, se encarga de los problemas de afasia, disartria, disfonía o disgrafía, entre otras muchas patologías y trastornos del habla, la comunicación y la Neurología. 

Es diplomada en Neuropsicología y posee también un posgrado en Neuropsicología por la Universitat Autónoma de Barcelona. En la actualidad ejerce en el prestigioso Institut Guttmann de Barcelona.

 

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