¿Qué cambios sufre el cerebro durante la adolescencia?

Escrito por: Dra. María Eugenia Russi Delfraro
Publicado:
Editado por: Margarita Marquès

La adolescencia es un período de transición que marca el proceso de transformación del niño en adulto. Es una época marcada por cambios tanto a nivel físico, como cognitivo-conductual, social y emocional.

 

Si bien está claro que los adolescentes son diferentes a los adultos tanto en su manera de comportarse, de resolver los conflictos o en la forma en la que toman las decisiones, muchos padres no se explican cómo es posible que sus hijos ocasionalmente se comporten de manera tan impulsiva, irracional o peligrosa. Y les da la sensación de que a veces no piensan las cosas con detenimiento o no consideran las consecuencias de sus actos. Bien es sabido que, a estas edades, los adolescentes tienden a ser impulsivos, intrépidos y “temperamentales”; les cuesta hacer una pausa para considerar las consecuencias de sus actos y modificar su conducta, y como consecuencia de ello pueden verse envueltos en situaciones de riesgo o potencialmente peligrosas.

 

La adolescencia es un período de transición que
marca el proceso de transformación del niño en adulto

 

¿Por qué los adolescentes se comportan de forma peligrosa?

Existe una explicación neurobiológica para todas estas observaciones. Y es que en la adolescencia existe un proceso de maduración cerebral en marcha (que continúa incluso hasta bien pasados los 20 años), que debe consolidarse antes de poder dar paso a la capacidad de autoregulación y la toma de decisiones responsables, propias del adulto.

 

Estas diferencias de funcionamiento cerebral no necesariamente implican que los jóvenes no puedan tomar decisiones acertadas, o no sean capaces de diferenciar entre el bien y el mal. Tampoco quiere decir que no deban responsabilizarse de sus acciones, ni que los padres deban establecer una serie de límites muy bien delimitados y las consecuencias de saltárselos. No obstante, el conocimiento de todas estas diferencias puede ayudar a padres y profesores a entender, anticipar y manejar el comportamiento de sus hijos/alumnos en este período tan complejo de la vida.

 

Ahora bien, desde el punto de vista anátomo-funcional, existen dos grandes regiones o áreas del cerebro especialmente involucradas en la regulación conductual y emocional del adolescente. Estas son el córtex prefrontal (que desempeña un papel fundamental en la toma de decisiones complejas y en el control de los impulsos), y la región límbica (que es el área del cerebro responsable principalmente de la vida afectiva, del control de las emociones, la motivación y la regulación de diversos aspectos de la conducta).

 

El desarrollo de la corteza cerebral comienza en la parte posterior del cerebro y finaliza durante la adolescencia tardía con el desarrollo del lóbulo frontal. Es por este motivo por el cual durante la adolescencia las acciones están más guiadas por el sistema límbico (que se encuentra cerca de la madurez), y menos por la corteza frontal (que aún se está desarrollando). La conducta es, por tanto, producto de una “competición” entre ambas redes (la socioemocional y la del control ejecutivo-racional), que lleva a un desfasaje entre lo que el adolescente “quiere hacer” porque le produce una satisfacción inmediata y lo que “debe hacer” porque es lo correcto (aunque la gratificación no sea inmediata).

 

Otros cambios esenciales para el desarrollo coordinado del pensamiento, la acción y el comportamiento que se producen en la adolescencia son el aumento de la mielinización (recubrimiento alrededor de las conexiones neuronales que permite una mayor sincronización y velocidad de comunicación entre las neuronas, favoreciendo el flujo de información), el engrosamiento del cuerpo calloso (que favorece una mayor conectividad entre los hemisferios cerebrales y fortalece la comunicación entre las diferentes áreas del cerebro), y el proceso de “poda sináptica” (en el que las sinapsis más utilizadas y que resultan útiles se fortalecen y mejoran, mientras que las menos utilizadas se eliminan). Por otra parte, a esta ecuación se suman los cambios hormonales y ambientales que también contribuyen al desarrollo cerebral, físico, conductual y emocional que experimenta el adolescente.   

 

Todos estos cambios hacen de esta etapa de la vida un período especialmente vulnerable ante las influencias del medio ambiente (tanto positivas como negativas). A modo de ejemplo, la exposición al cannabis u otras drogas y al alcohol, pueden interferir con el normal desarrollo del cerebro durante la adolescencia. Es un hecho reconocido que el abuso de alcohol durante este período disminuye el volúmen de la sustancia blanca a nivel prefrontal e hipocampal, y afecta su calidad en el cuerpo calloso. O que el consumo de marihuana puede afectar a los procesos de poda sináptica, fundamentales como hemos visto, para un correcto funcionamiento cognitivo-conductual posterior.  

 

La adolescencia, en suma, es un período de actualización cerebral en el cual el cerebro se encuentra inmerso en un proceso de cambios que transforman la red neuronal y su eficacia funcional, dotando al mismo de todo lo necesario para enfrentarse al reto de la vida adulta. Por lo que más que un período problemático, la adolescencia debería ser entendida como un período de gran valor y riqueza que brinda infinitas posibilidades de aprendizaje y ofrece una oportunidad única para el correcto desarrollo cognitivo-conductual y emocional del ser humano.  

Por Dra. María Eugenia Russi Delfraro
Neurología infantil

La Dra. María Eugenia Russi Delfraro es una reconocida especialista en el campo de la Neuropediatría; con una amplia experiencia en el diagnóstico y tratamiento del TDAH, los trastornos del aprendizaje (como la dislexia, la discalculia, la disgrafía, el trastorno del desarrollo de la coordinación, etc.), la neurología cognitiva y los diferentes trastornos del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno del espectro alcoholico fetal (TEAF), o la discapacidad intelectual (DI).

Asimismo, también es especialista en dificultades del aprendizaje derivadas de patologías neurológicas como la prematuridad, la epilepsia, los trastornos genéticos o el daño cerebral adquirido. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la profesión y una exhaustiva formación en diferentes campos de su especialidad, con numerosos cursos y titulaciones de postgrado adquiridas, como el Máster de Neurología Infantil otorgado por la Universidad de Barcelona (UB). Dedicando buena parte de su tiempo a la formación y actualización especialmente en el campo de la Psicofarmacología y el TDAH, ha realizado numerosos cursos de renombre internacional; como el "Curso de Formación Medica Continua en Psicofarmacologia en Niños y Adolescentes" del Hospital General de Massachusetts, dependiente de la Universidad de Harvard.

A lo largo de su trayectoria profesional ha combinado su actividad médica en centros hospitalarios de prestigio, con la actividad docente; impartiendo charlas en cursos y másters de Neurología-Neuropsicología infantil. Por otra parte, la Dra. Russi ha publicado numerosos artículos científicos y capítulos de libros sobre diferentes temas de Neurología infantil.  

También es miembro de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), donde forma parte del grupo de trabajo de TDAH de dicha sociedad. Y pertenece además, al grupo de trabajo de "Trastornos del Aprendizaje Escolar", de la Sociedad Catalana de Pediatría. 

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