¿Merece la pena diagnosticar y tratar el cáncer de próstata?

Escrito por: Dr. Pablo Juárez del Dago Anaya
Publicado: | Actualizado: 17/02/2018
Editado por: Alicia Arévalo Bernal

El diagnóstico del cáncer de próstata ha ido variando y no todos los profesionales de la salud están de acuerdo con el Screening del cáncer de próstata y el estudio del PSA. El Dr. Pablo Juárez del Dago Anaya, experto en Urología y premiado con una beca de la Asociación Española de Urología para estudio en un centro extranjero, nos explica las diferentes visiones sobre el diagnóstico del cáncer de próstata. 

 

El cáncer de próstata es la segunda causa de muerte por cáncer en el hombre, más de dos millones de hombres conviven con él en Europa, muchos de ellos sin saberlo. Cada año, más de 92.000 hombres mueren en el continente por esta enfermedad.

En los años 70 el Dr. Richard J Ablin descubrió la proteína PSA (Antígeno Prostático Específico) y se estableció su relación con el cáncer de próstata.

En realidad, el PSA no es un marcador específico de cáncer, tan solo es una proteína que sirve para disolver el coágulo seminal y que se libera por las glándulas prostáticas, por lo que se puede ver aumentado en diferentes situaciones (por una prostatitis, por crecimiento benigno, tras mantener relaciones sexuales, porque sí…) pero también en el contexto del cáncer de próstata. El trabajo del médico y sobre todo del urólogo es discernir entre las diferentes causas del aumento del PSA y descartar causas que pongan en peligro la vida de los pacientes.

Es relevante destacar la tendencia en medicina que defienden algunos estudios, muchos de ellos en revistas prestigiosas de urología donde recientemente se han publicado artículos que desaconsejan estudiar el PSA en los hombres, mediante la técnica del Screening, para encontrar el cáncer de próstata. El estudio argumenta que según la estadística los diferentes tratamientos actualmente vigentes de prostatectomía radical y radioterapia solo aumentan levemente el tiempo de vida del paciente, que debe sobrellevar los efectos secundarios en mayor o menor medida (incontinencia y/o disfunción eréctil).

El abanico tan amplio de variables de este tipo de cáncer dificulta la elección del tratamiento óptimo para cada caso.

 

Esta idea no es nueva. En 2011, la USPSTF (United States Preventive Service Task Force), organismo que funciona como la seguridad social de Estados Unidos, emitió un comunicado donde desaconsejaban el Screening del cáncer de próstata y el estudio del PSA.
Este documento fue emitido por médicos internistas, pediatras, médicos de familia, ginecólogos y enfermeras sin que constase ningún especialista en Urología, ni oncólogo como participante, que actualmente son los especialistas encargados del tratamiento de esta patología que comparten.

Como cabe esperar, la declaración causó revuelo en el sector sanitario y en 2013 la refutó oficialmente en el encuentro internacional del PCWC (Prostate Cancer World Congress Consensus States). En el congreso, los profesionales aseguraron que el abandono del estudio del PSA incrementaría el número de cánceres de próstatas avanzados, retrocediendo tres décadas de investigación.

Recientemente, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo ha vuelto a defender esta idea con datos, que a pesar de no ser falsos, pueden estar malinterpretados. El regreso a esta negativa a estudiar el PSA supone una preocupación para los especialistas, que temen que médicos generales, de atención primaria y otros profesionales dejen de solicitarlo en los controles.

El cáncer de próstata es una enfermedad muy variable, existen cánceres muy agresivos que en poco tiempo acaban con la vida de los pacientes y otros que son indolentes y por lo tanto conviven con el afectado sin que esto acorte su vida.

Es cierto, y en ello se basan estas “modas”, que en el pasado el miedo a la enfermedad hizo que se lidiase con ella de forma más radical, con más efectos secundarios y con el consecuente empeoramiento en la calidad de vida de los pacientes.
Actualmente, la tecnología y la ciencia han avanzado hacia un diagnóstico mucho más preciso y una predicción más acertada que permite decidir un tratamiento personalizado para cada paciente. Esta “medicina a la carta” cuenta con tratamientos de mucha más calidad, más efectivos y más precisos, tanto en lo relativo a radioterapia como a cirugía, que gracias a la laparoscopia y la robótica minimizan los efectos secundarios. Ya se trabaja sobre nuevas técnicas, cada día con más fuerza, como las terapias focales, que reducirían aún más los efectos secundarios mejorando la expectativa de vida.

Tratar adecuadamente esta enfermedad mejora la supervivencia y calidad de vida de los pacientes, es un hecho que queda reflejado en los datos y la experiencia médica. En cambio, es responsabilidad del paciente acudir a un buen especialista, informarse en diferentes fuentes y solicitar segundas opiniones si fuese necesario, al fin y al cabo, es el principal implicado. El abanico tan amplio de variables que presenta esta enfermedad dificulta la elección del tratamiento óptimo para cada caso, más o menos invasivo según el cáncer lo requiera.

Al igual que es responsabilidad del paciente tratarse por manos expertas y experimentadas, es responsabilidad de los profesionales médicos el compromiso con la formación, la inversión en conocimiento, la adaptación a la tecnología e incluso el reciclaje, para hacer frente a una patología tan trascendental como el cáncer de próstata, garantizando un tratamiento que desde el sector de la salud asegure los mejores resultados posibles.

Por Dr. Pablo Juárez del Dago Anaya
Urología

El Dr. Pablo Juárez del Dago es licenciado en Medicina por la Universidad de Mendoza en Argentina. Realizó su residencia en la especialidad de urología en la Fundació Puigvert de Barcelona y actualmente forma parte del staff de urología tanto del ICUA (centro urología y cirugía avanzada) de la Clinica Cemtro en Madrid, como del Gabinete de Urología y Andrología en Las Palmas de Gran Canaria. En el último año ha recibido el FELLOWSHIP: En cirugía láser y robótica en iCUA (clinica Cemtro) de Madrid (2017), una beca de la Asociación Española de Urología para estudio en un centro extranjero y el reputado premio del FEBU Fellow of The European Borard of Urology.

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