La amistad: ¿cómo mejorar la relación con los demás y el comportamiento propio?

Escrito por: María Gallego Blanco
Publicado:
Editado por: Alicia Arévalo

El Quijote no es un libro de filosofía, pero narra historias que nos hacen pensar. Forma parte de las lecturas de la época escolar, pero se disfruta mucho más si uno lo retoma de adulto, al percibir otros matices desde un grado diferente de madurez. Entre Don Quijote y su fiel escudero Sancho, se va fraguando poco a poco una amistad mediante el trato y la conversación a lo largo del camino que comparten. Cervantes no podía tan siquiera sospechar que, con su historia legendaria, estaba legando un modelo de amistad y convivencia a la literatura universal.
 

Valores como el agradecimiento, la cortesía, la paciencia, el coraje, la valentía, la verdad, la humildad, la fidelidad y el deber tan olvidados algunas veces, y tan importantes en las relaciones con los demás; y, fundamentales, por supuesto, en la amistad.

 

¿Cómo evoluciona la amistad con el paso del tiempo?

Probablemente, las amistades más sinceras, inocentes y desinteresadas son las que hacemos de pequeños y de ellas solemos guardar un recuerdo muy especial. Algunos estudios han identificado que, hacia los 4 años, los niños eligen a sus amigos por su disponibilidad para compartir, para ser honestos y para ayudar. Si lo analizamos, valoran en el otro la capacidad para actuar sin egoísmo. A esa edad, y con las vivencias del día a día, van entendiendo los fundamentos del vínculo.

Con el paso del tiempo, y poco a poco también, pueden aparecer problemas relacionados con la amistad que padres, profesores o cuidadores deben ser capaces de detectar, por lo que es conveniente que estén atentos.


 

La amistad nos ayuda a hacer introspección y suele favorecer
el aprendizaje de habilidades sociales más complejas.

 

¿Qué supone la amistad en la adolescencia?

Llegados a la adolescencia, la amistad nos ayuda a hacer introspección y suele favorecer el aprendizaje de habilidades sociales más complejas.
 

En muchas ocasiones uno “supera” la adolescencia cuando es capaz de hacer lo que cree que debe hacer, con madurez y sin el temor de ser rechazado por el grupo de iguales, es decir, sin miedo a que los amigos le rechacen por ello.
 

La vida de los adultos probablemente implica más relaciones con muchas más personas, pero la intensidad con la que estas relaciones suelen ser percibidas es mucho menor que en la etapa anterior. Los adolescentes muy frecuentemente viven muchas situaciones o relaciones de un modo más intenso.

 

¿Y dónde hacen amigos los adultos?

La amistad de los adultos a menudo se forja en el entorno laboral, donde muchas veces se entremezclan el trabajo y la vida personal, aunque los adultos también conservan amistades del pasado y conocen a gente en su tiempo libre, a través de terceras personas o situaciones de ocio (hobbies o deportes, habitualmente).

 

¿Cómo son las amistades en la tercera edad?

En este momento las personas se vuelven más selectivas y suelen tender a conservar las relaciones de amistad que le aportan, y a separarse de las personas que no le hacen feliz. Un motivo de consulta habitual en ese momento de la vida, precisamente, es la dificultad para apartarse de las relaciones de amistad conflictivas o superficiales. En estos casos, los psicólogos tendemos a recomendar que se priorice calidad a cantidad. Realmente eso lo recomendamos siempre, pero en ese momento vital es muy importante que nuestros mayores se sientan apoyados y arropados por amistades sanas que les ayuden a sentirse bien.

 

¿Por qué a veces nos reencontramos con un buen amigo del pasado, creyendo que esa magia de los primeros años de la adolescencia o de la vida adulta va a seguir ahí y nos sentimos como si tuviésemos a un extraño a nuestro lado?

No siempre ocurre, pero a veces uno se reencuentra con un viejo amigo y es como si no hubiesen pasado los años. No obstante, si sucede es, probablemente, porque ambas personas se conocieron en la época de la vida en la que uno cambia más (en la adolescencia o principio de adultez) y cada uno ha evolucionado de un modo diferente.

 

Eso suele suceder cuando no ha habido un contacto frecuente o, de haberlo, este ha sido muy superficial.

 

Muchas veces las redes sociales alimentan esa idea de relación auténtica y sincera del pasado, que en ocasiones es irreal, pero a la que la gente se aferra porque aceptar que no tienen nada en común con esa persona y dejar de tener contacto con ella suele apenar, al referir una sensación de pérdida, como si borrasen una parte de su historia.

 

Ingredientes de una verdadera amistad

Hay un consenso en 4 características:

  • La sinceridad
  • La confianza
  • La reciprocidad
  • La fidelidad

 

Cuando una amistad se rompe, frecuentemente alguno de esos cuatro pilares se ha caído. A veces, uno puede solucionarlo hablando con el amigo. Otras veces, la amistad se rompe para siempre.

Partiendo de la base de esos cuatro ingredientes, podemos pararnos a pensar si una determinada amistad vale la pena respondiendo a estas preguntas sobre tu amigo:

  • ¿Me da muestras de sinceridad?
  • ¿Puedo confiar en él o me provoca desconfianza?
  • ¿La relación es recíproca, o es asimétrica?
  • ¿Me quiere y aprecia por ser yo, o por mis circunstancias?

 

Cuando uno da y no recibe (o recibe porque la otra parte tiene algún interés más allá de la pura amistad) es sensato plantearse finalizar la relación.

Yo creo que es importante tener claros varios aspectos en una relación de amistad:

  • La diferencia entre amigos y conocidos
  • Tener claro también que muchas amistades no duran para siempre (sobre todo si uno es pequeño)
  • Que la amistad surge de un modo natural entre las personas
  • Se debe alimentar y cuidar

 

¿Algo que podamos hacer, como adultos, por nuestros amigos?

Sin duda, estar disponibles para ellos en cualquier momento que nos puedan necesitar de verdad.

 

A veces, por el momento concreto de la vida, uno no puede verles todo lo que quisiera o no puede hablar con ellos todo lo que le apetecería, pero permanecer en contacto de alguna manera, y estar siempre disponibles para apoyarles o ayudarles cuando tengan un problema o una necesidad, es un buen consejo. ¿Por qué? Porque, en palabras de Francis Bacon: “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”.

Por María Gallego Blanco
Psicología

María Gallego Blanco es licenciada en Psicología, con amplia experiencia en edad pediátrica y adultos.

Durante sus años de formación y colaboración en el Departamento de Pediatría del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, su actividad en la Unidad de Paidopsiquiatría se desarrolló en el área de consulta, hospitalización, elaboración de informes psicológicos jurídico–periciales y asesoramiento clínico y psicopedagógico a varias unidades y servicios del Departamento. Fundamentalmente en el Servicio de Neuropsicología pediátrica, Unidad de endocrinología, crecimiento y nutrición pediátrica, Unidad de trastornos metabólicos, Unidad de Gastroenterología y Hepatología y Nutrición pediátrica, Unidad de Hematología y Oncología pediátrica y Pediatría general.

De este modo y, puesto que también trabaja con adultos al margen de la práctica psicoterapéutica en el área de pediatría, a lo largo de los últimos 20 años ha realizado la evaluación e intervención de casos que engloban los problemas y trastornos más frecuentes en psicoterapia: de ansiedad, depresivos, de personalidad, patología específica pediátrica, terapia de pareja, trastornos de alimentación, patología ligada a enfermedades crónicas (oncología, diabetes...).

Colabora todos los lunes a las 12:30 en el  programa de EsRadio Galicia, donde tiene el 'Espacio de psicología con María Gallego'.

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