Ictus: cómo reconocerlos y qué hacer para prevenirlos

Escrito por: Dr. Jaime Masjuan Vallejo
Publicado: | Actualizado: 22/07/2018
Editado por: Anna Raventós Rodríguez

Un ictus es un trastorno brusco del riego cerebral que altera la función de una determinada región del cerebro. Los hay de dos tipos:

  • Infarto cerebral: se produce cuando una arteria de nuestro cerebro se obstruye por un trombo, dejando una parte de nuestro cerebro sin sangre. Al cabo de unas horas, si no se desobstruye, esa parte del cerebro morirá dejando unas secuelas irreversibles. Si el trombo se produce en el propio cerebro se denomina Trombosis Cerebral. Si el trombo proviene del corazón entonces se conoce como Embolia Cerebral.
  • Hemorragia cerebral: ocurre cuando una arteria de nuestro cerebro se rompe, dejando salir la sangre dentro de nuestro cerebro en forma de hematoma. Es por esto que vulgarmente se conoce como Derrame Cerebral.

En España, el ictus es la segunda causa de muerte (la primera entre las mujeres), y afecta cada año a 110.000-120.000 españoles; de ellos, unos 70.000 fallecen o quedan con alguna discapacidad. A día de hoy hay más de 300.000 españoles que presentan alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido un ictus.

 

En los últimos 20 años, la mortalidad ha decrecido gracias a las mejoras en la detección precoz de los síntomas y al control de los principales factores de riesgo, así como a la introducción de medidas terapéuticas muy efectivas -como son los cuidados proporcionados por las Unidades de Ictus y los tratamientos de reperfusión (trombolisis intravenosa y trombectomía mecánica). Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé un incremento en su incidencia de un 27% entre 2000 y 2025. Según datos de esta organización, las enfermedades cerebrovasculares agudas o ictus representan la tercera causa de muerte en el mundo occidental, la primera de discapacidad física en las personas adultas y la segunda de demencia.

 

Factores de Riesgo de un Ictus

Los ictus pueden ocurrir a cualquier edad, pero son mucho más frecuentes a partir de los 65 años. En personas menores de 40 años, los causan alteraciones congénitas donde algunas arterias cerebrales se han desarrollado anormalmente y tienden a romperse (casos de Alberto Contador o Silvia Abascal).

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Los ictus pueden ocurrir a cualquier edad, pero son mucho más frecuentes a partir de los 65 años

En personas entre 40 y 60 años, ha aumentado muchísimo la incidencia de ictus debido a que este grupo de la población comienza a presentar factores de riesgo que muchas ocasiones desconoce. Así, el tabaco, la mala alimentación, el sedentarismo, la obesidad, el colesterol elevado y, lo que es más importante, la hipertensión arterial, hacen que estén ocurriendo ictus en personas muy jóvenes.

 

No debemos olvidar la importante relación que existe entre la diabetes y los ictus. Tanto la diabetes tipo I como la tipo II aumentan el riesgo de sufrir un ictus a cualquier edad. Especial importancia cobra la asociación de hiperglucemia con obesidad y dislipemia.

 

A partir de los 65 años, además de todos los factores mencionados anteriormente, también intervienen las enfermedades del corazón, especialmente un tipo de arritmia denominado Fibrilación Auricular, en la que una de las partes del corazón deja de contraerse y la sangre queda estancada formándose trombos que pueden desprenderse y viajar hasta el cerebro, produciendo la embolia cerebral.

 

Las posibilidades de tratar con éxito un ictus dependen de la rapidez de actuación en el momento en el que aparecen los primeros síntomas

Como hemos comentado anteriormente, todo paciente diabético tiene mayor riesgo de presentar un ictus, especialmente si además es hipertenso. El tiempo juega un papel fundamental en el tratamiento de la enfermedad, por lo que es importante actuar rápidamente para reducir el riesgo de padecer secuelas o perder la vida. Para ello, es importante que aprendamos a conocer los síntomas:

  • Pérdida de fuerza repentina de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
  • Trastorno repentino de la sensibilidad, sensación de “acorchamiento u hormigueo” de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
  • Pérdida súbita de visión parcial o total en uno o ambos ojos.
  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse y ser entendido por quien nos escucha.
  • Dolor de cabeza súbito de intensidad inhabitual y sin causa aparente. Sin embargo, en la mayoría de ictus NO DUELE LA CABEZA.
  • Sensación de vértigo, desequilibrio si se acompaña de cualquier síntoma anterior.

Estos síntomas, lo que traducen es que estamos sufriendo un ATAQUE CEREBRAL, igual de grave que un ataque cardiaco. En el momento en que aparecen los síntomas es importante llamar al 112 o acudir al hospital más cercano con Unidad de Ictus. Además, aunque los síntomas desaparezcan a los pocos minutos, es importante ponerse en manos de neurólogos ya que puede ser la última oportunidad de prevenir un infarto cerebral mayor.

 

Tratamiento de los Ictus

accidente cerebrovascular

Los pacientes y los neurólogos tenemos muy poco tiempo para poder curar el ictus. En el peor de los casos sólo 4 horas y media, y en el mejor 8 horas desde el inicio de los síntomas. Por eso, es fundamental la rapidez.

 

Los Servicios de Emergencias Extrahospitalarias avisan al neurólogo de guardia desde el domicilio del paciente, advirtiendo que estarán en la puerta del hospital en 20-30 minutos (CÓDIGO ICTUS). El neurólogo recibe al paciente y tras explorarlo y hacerle una analítica, el paciente es rápidamente trasladado a Radiología para hacerle un TAC craneal. Con esa prueba el neurólogo determina si es un derrame o un infarto cerebral, y qué arteria y qué partes del cerebro están afectadas.

 

En el caso de los infartos cerebrales podemos administrar un medicamento por la vena del paciente antes de las 4.5 horas desde el inicio de los síntomas para disolver el trombo (“trombolisis”) y salvar el cerebro del paciente. En los casos más graves, donde el tamaño del trombo es muy grande o cuando el paciente lleva más de 4.5 horas de evolución, llevamos al paciente a la sala de Neurorradiología para intentar extraer el trombo del centro del cerebro (trombectomía mecánica) con un tubo muy flexible (catéter) que se introduce por una arteria en la ingle. En su punta tiene una especie de sacacorchos o de pinza con la que enganchar el trombo y sacarlo.

 

En el caso de las hemorragias cerebrales, el tratamiento consiste en un buen control de la presión arterial, y sólo en los casos más graves una intervención quirúrgica que evacue el hematoma cerebral.

 

En cualquier caso, todos los ictus luego deben ingresar en la Unidad de Ictus donde recibir atención neurológica e iniciar la rehabilitación.

 

Una vez que el paciente está estabilizado es muy importante que el neurólogo realice un  diagnóstico para averiguar cuál ha sido la causa del ictus con objetivo de poder iniciar las medidas preventivas para que no vuelva a ocurrir.

 

Recomendaciones para prevenir un ictus

  • Realizar ejercicio moderado.
  • Mantener una dieta sana y equilibrada baja en sal y grasas.
  • Realizar controles periódicos de peso, presión arterial, nivel de colesterol y azúcar. Además si tiene más de 65 años es importante que se tome el pulso de modo periódico pues de este modo es posible detectar la fibrilación auricular, la arritmia cardiaca más común en los adultos y una de las principales causas de ictus embólicos.
  • Mantener una tensión arterial inferior a 135 de máxima y 85 de mínima.
  • Abandonar el tabaco.
  • Acudir rápidamente a un centro hospitalario con Unidad de Ictus en el caso de presentar síntomas sugestivos de un ictus (pérdida de visión, alteración del lenguaje, pérdida de fuerza o sensibilidad en las extremidades...) aunque éstos hayan tenido una corta duración. Es un aviso de que algo más definitivo puede ocurrir en breve.
  • Tras un ictus se deben realizar todas las medidas ya descritas pero, además, se debe seguir el tratamiento prescrito por el neurólogo (en muchos casos algunos de estos tratamientos serán para toda la vida). Los fármacos prescritos serán para bajar la presión arterial y el colesterol, para controlar la diabetes y, en el caso de los infartos cerebrales, una serie de fármacos que hacen la sangre más líquida y de ese modo se intenta evitar que se formen nuevos trombos. Si el paciente lo que ha tenido es un Trombosis Cerebral recibirán aspirina o clopidogrel y si ha sido una embolia un anticoagulante.
  • En este campo, hay importantes avances dado que ya tenemos fármacos nuevos más seguros y eficaces (dabigatrán, rivaroxabán, apixabán o edoxabán) que el muy conocido Sintrom, que requería realizarse controles de sangre periódicos y su eficacia era muy variable. En este sentido, todas las sociedades científicas recomiendan utilizar este grupo de anticoagulantes directos.
  • Es necesario controlar mucho los niveles de colesterol, siendo lo óptimo tras un ictus tener un colesterol LDL (“el malo”) por debajo de 70 mg/dl.

Por Dr. Jaime Masjuan Vallejo
Neurología

Reconocido especialista en Neurología, el Dr. Masjuan Vallejo es Jefe del Servicio de Neurología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Es experto en ictus, enfermedades cerebrovasculares, infartos cerebrales, hemorragia cerebral y miastenia gravis. Además es experto en el uso de los nuevos anticoagulantes de acción directa y ha realizado estudios de doppler para prevención de ictus. Es investigador en numerosos estudios del campo de las enfermedades cerebrovasculares, y ha publicado en más de un centenar de ocasiones sobre ictus. A su vez, es ex coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología y miembro asesor de la Comisión Ictus de la Consejeria de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

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