Factores psicológicos en pacientes con COVID persistente

Escrito por: María Lluïsa Ceinos Barrera
Publicado:
Editado por: Alicia Arévalo

¿Cómo afecta la COVID-19 a nivel psicológico a aquellos que la sufren?

La persona, ante un peligro para su integridad física, con una amenaza real o potencial para su vida o la de otras personas, reacciona con un gran estrés que implica que el Sistema Nervioso Simpático esté hiperalerta llegando a alterar el Sistema Nervioso Parasimpático. Ello implica una extrema activación que no le permite relajarse, porque fisiológicamente la persona está en estado de lucha o alerta. La respuesta de la persona es de miedo intenso y de incapacidad para controlar la situación.

Las emociones que predominan son:

  • Ansiedad: el miedo y la incertidumbre, temor a la sintomatología, a la muerte. También miedo a contagiar a la familia, a perder el trabajo.
  • Tristeza: síntomas depresivos, en relación a uno mismo y a los familiares, elaboración de duelos.
  • Desconsuelo, soledad y rabia. Dificultades para aceptar el diagnóstico, a menudo percibido como una gran injusticia que provoca rabia contra todos, contra uno mismo y contra el entorno.


 

El aislamiento social puede aumentar tanto la ansiedad como la depresión.
 

¿Qué impacto puede tener el aislamiento social?

El aislamiento social puede aumentar tanto la ansiedad como la depresión, ya que la persona se siente más sola, se limita la comunicación e interacción con otras personas lo que aumenta la vivencia de soledad.

Así mismo genera:

  • Confusión, pérdida de libertad: ¿Qué puede hacer?, ¿Qué No?
  • Frustración: insatisfacción de deseos, imposibilidad de realizar rutinas cotidianas, fracaso expectativas.
  • Culpa: contagio propio y de la familiar, confinamiento de otras personas.

 

¿Puede dejar secuelas a medio y largo plazo?

Efectivamente, los escasos estudios realizados hasta el momento indican que el 5% de los enfermos de COVID-19 desarrollan síntomas persistentes más allá de los 6 meses de haber dado negativo en PCR, después del alta.

Así mismo, cada día se evidencia la existencia de personas que han pasado la COVID-19 con diferentes niveles de gravedad, que después de ser dados de alta tras un período de hospitalización o de confinamiento domiciliario en las que persiste una sintomatología física junto a trastornos psicológicos y mentales.

Los efectos de la COVID-19 a largo plazo más frecuentes son:

  • Fatiga 58%
  • Dolor de cabeza 44%
  • Trastorno por déficit de atención 27%
  • Caída del cabello 25%
  • Anosmia 24%

 

Otros síntomas persistentes:

 

En el seguimiento, los pacientes reportan un 23% de síntomas psicológicos, que a menudo no reciben el tratamiento adecuado, o bien porque no se les escucha con falta de reconocimiento de su afectación actual, o bien se tienden a medicalizar; es un gran error prescribir un ansiolítico y, esperar a que los síntomas remitan con el tiempo, ya que se podría cronificar un trastorno mental con la incapacidad que ello comporta a un eventual regreso a la vida cotidiana.

 

¿Cómo afecta a los familiares y a las personas cercanas?

Cuanto más persistentes sean los síntomas, es decir, cuando la enfermedad o sus secuelas se cronifican, mayor alteración se observa de la dinámica familiar, que puede conducir a la incomprensión, al trato inadecuado por lo que aumentan los sentimientos de culpa.
 

Se han de redefinir roles y funciones, en base a las limitaciones generadas por la afectación. Es imprescindible acompañar a la familia en la fatiga y el desgaste emocional que implican los cuadros psicopatológicos prolongados. Proporcionarles claves para sobrellevarlos y colaborar con el paciente.
 

Por ello, es importante implicar a la familia o personas vinculadas en el abordaje terapéutico, que sin duda debe ser multidisciplinar: médicos de diversas especialidades, fisioterapeutas y psicólogos especialistas en psicología clínica.

 

¿Cómo podemos ayudar a estos pacientes?

La expansión de la pandemia continúa extremadamente activa lo que provoca que los pacientes con síntomas de COVID-19 persistente pasen desapercibidos; en estos momentos podría afirmarse que son los grandes olvidados del sistema sanitario.

A pesar de ello, progresivamente, se observa un mayor interés en definir e investigar sobre el síndrome post-covid o COVID-19​ persistente. Es necesario el reconocimiento clínico del mismo que conlleve estudios más rigurosos.

Es muy importante para el propio paciente que se siente apoyado y que se le de credibilidad a sus síntomas. En la mayoría de los casos, juntamente al tratamiento específico de afectaciones fisiológicas es muy importante realizar un acompañamiento psicológico de todo el proceso de la enfermedad, especialmente de las secuelas. Es necesario que la persona supere la vergüenza y los sentimientos de culpa y, sea capaz de pedir ayuda psicológica.
 

En el mejor de los casos sería aconsejable una psicoterapia para superar la sintomatología clínica y el proceso de adaptación a la nueva situación vital.
 

No se puede caer en la simple medicalización, sino que hay que realizar un esfuerzo por una buena coordinación interprofesional ya que se trata de una afectación compleja sostenida en el tiempo. Ello requiere evaluar i definir un buen diagnóstico para prescribir el tratamiento más adecuado y eficaz.

Por María Lluïsa Ceinos Barrera
Psicología

María Lluïsa Ceinos Barrera es una destacada Especialista en Psicología Clínica, licenciada por la Universidad de Barcelona. Con una extensa formación, ha realizado el máster en Psicopatogía Clínica, Legal y Forense y el máster en Terapia Breve Estratégica.

Ha trabajado tanto en el campo juvenil como en el adulto y es experta en distintos trastornos como la ansiedad, la depresión, el duelo o las fobias, así como en el peritaje psiquiátrico.

Grupos de psicoeducativos de FIBROMIALGIA. 

Talleres de RESILENCIA y EMPATÍA.

Con más de dos décadas de experiencia en distintos centros y hospitales, actualmente ejerce en el Centro de Psiquiatría y Psicología, ubicada en la Calle París 160 de Barcelona. Por otro lado, destacar que colabora con el proyecto del Centro de Coordinación de la Cruz Roja de Barcelona, enfocado a realizar un seguimiento a las personas vulnerables, en función a distintos factores como la edad o el aislamiento. 

 

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