El lupus eritematoso sistémico

Escrito por: Dr. Jordi Carbonell Abelló
Publicado: | Actualizado: 19/07/2018
Editado por: Top Doctors®

¿Qué es el lupus y qué lo causa?

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune. Llamamos enfermedades autoinmunes a aquellas en las cuales los mecanismos de defensa del organismo diseñados para defendernos de agresiones exteriores, por razones no bien conocidas empiezan a dirigirse y a agredir al propio organismo. En el caso del lupus eritematoso sistémico sabemos que existe una base hereditaria en la enfermedad como demuestra la agregación familiar de casos y la relación entre esta enfermedad y otras enfermedades también autoinmunes aunque desconocemos los mecanismos exactos por los cuales esta alteración se pone en marcha.

¿Qué síntomas presenta?

Los síntomas de la enfermedad son muy variados porque estos auto-anticuerpos, que son estos productos de los mecanismos de defensa que agreden al organismo, pueden dirigirse a multitud de órganos y sistemas. De todas formas los síntomas más comunes son las lesiones cutáneas, especialmente la fotosensibilidad de las reacciones al sol, el dolor articular con artralgias, artritis, mialgias frecuentes, aunque pueden aparecer multitud de síntomas como inflamación de las serosas, pleura, pericardio, puede aparecer afectación en los riñones, afectación neurológica, aunque todas las formas más graves de la enfermedad son mucho menos frecuentes. La inmensa mayoría de los pacientes tienen o lesiones cutáneas o lesiones cutáneas más dolor articular más alteraciones biológicas.

¿Cuál es el tratamiento y qué novedades hay?

Cuando diagnosticamos a un paciente de lupus eritematoso sistémico lo primero que se ha de decir es si necesita o no tratamiento. No todos los pacientes necesitan tratamiento, sí todos los pacientes deben ser vigilados. Hay pacientes que con una consulta anual de seguimiento es más que suficiente. Los pacientes que tienen formas muy suaves de la enfermedad como lesiones articulares o cutáneas pueden ir muy bien con un fármaco muy antiguo conocido y muy utilizado que es la hidroxicloroquina a veces combinado con pequeñas dosis de corticoides o antiinflamatorios en momentos puntuales. Si la enfermedad afecta a otros órganos y el riesgo de complicación es un poquito más alto, a la hidroxicloroquina pueden añadirse corticoides a dosis más altas y a veces utilizamos inmunosupresores como la azatriopina. Actualmente, en casos más graves que, repito, son menos frecuentes, utilizamos corticoides a dosis muy altas a veces inmunosupresores como la ciclofosfamina y a veces anticuerpos monoclonales como se ha utilizado recientemente el rituximab. Últimamente ha sido aceptada por la agencia española del medicamento la utilización de un nuevo anticuerpo monoclonal, el belimumab, que está indicado para pacientes que han utilizado azatriopina o micofenolato, no han controlado la enfermedad y tienen anticuerpos anti-DNA positivos, o sea son un pequeño grupo específico de pacientes los que pueden beneficiarse de la utilización de los anticuerpos monoclonales.

Por Dr. Jordi Carbonell Abelló
Reumatología

Con más de 30 años de experiencia, es un referente en el campo de las enfermedades reumatológicas y el dolor crónico. En la actualidad, dirige la Unidad de Artritis y la Unidad de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica del Parque de Salud MAR, además de ser profesor asociado de Reumatología de la Universidad Autónoma de Barcelona. 

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