¿Deben los niños hacer deberes en verano?

Escrito por: Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández
Publicado:
Editado por: Yoel Domínguez Boan

El reputado especialista en Neuropediatría, el Dr. Manuel Antonio Fernández responde a uno de los interrogantes que más han dado que hablar en los últimos veranos... ¿Es bueno que los niños hagan deberes en verano? Si se supone que el verano es un periodo no lectivo para desconectar, ¿por qué sobrecargar a los niños con las numerosas tareas escolares? ¿Están relacionadas las tareas escolares de verano con el fracaso escolar? ¿Es bueno que mi hijo haga tantos deberes? 
 

Desde su experiencia profesional, ¿es bueno que los niños hagan deberes en verano? ¿Por qué?

Todos los padres saben lo importantes que son las rutinas para los niños. Les aportan tranquilidad y serenidad. Disminuye su ansiedad y les ayudan a tener una mejor capacidad de percepción del tiempo. Permite afianzar rutinas y automatizar procesos.

 

Algo parecido ocurre con la rutina de ejercitar la mente. Con esto no quiero decir que haya que tener a los niños todo el verano haciendo deberes durante todo el día. Tampoco que haya que hacer el mismo tipo de tareas.

 

¿Cuáles son los aspectos positivos de que los niños hagan tareas escolares durante las vacaciones estivales? ¿Existen aspectos negativos? ¿Cuáles serían?

Quiero hacer hincapié en la importancia de mantener la mente ejercitada y ocupada en procesos que le ayuden a desarrollar el máximo de sus capacidades. Una de las ventajas del verano es la mayor disponibilidad de tiempo e intensidad lumínica. Es posible desarrollar actividades gamificadas, lo que siempre se ha llamado aprender jugando.

 

Es importante aunar todos estos conceptos de forma integral y añadirles el contacto físico y emocional con los padres. Todo esto, gestionado de una forma lúdica pero instructiva, puede conllevar beneficios muy significativos para el proceso de desarrollo madurativo de los niños a nivel social y educativo.

 

Las rutinas aportan tranquilidad y serenidad, así como ayudan a tener una mejor percepción del tiempo. 

¿Se puede “hacer una balanza” entre ambos?

Evidentemente y en sintonía con lo anterior, el verano debe ser un periodo de relajación, disfrutar y esparcimiento después del duro trabajo que realizan los niños durante el curso escolar. Esto es así en la inmensa mayoría de los niños.

 

Si planteamos el verano como otro periodo de trabajo y esfuerzo, y además lo hacemos de forma poco recreativa, no conseguiremos que los niños recuperen, descansen y consigan empezar el nuevo curso con las suficientes ganas y motivación.

¿Se hacen demasiadas actividades durante las vacaciones?

No creo que sea así. Nuestro país es muy particular en lo relativo a los periodos lectivos. Nuestro clima y nuestra indiosincrasias son muy particulares. Los padres deberían tener clara la necesidad que tiene nuestro sistema educativo de cambiar. Deberíamos dejar de pensar en el dinero invertido y valorar principalmente los resultados obtenidos.

 

La mayoría de las actividades que realizan los niños durante el verano son de ocio salvo aquellos que necesitan recuperar asiganturas. Aún así, el tiempo que suele requerir no es muy significativo. De una forma o de otra, hay que compatibilizar ese trabajo con actividades 100% lúdicas que permitan complementar las necesidades de ejercicio, socialización y descanso de los niños

 

¿Están relacionadas las tareas veraniegas con el fracaso escolar?

De ninguna manera. Lo único que podemos decir es que muchos de los chicos que tienen problemas de aprendizaje, necesitan ir a la convocatoria de septiembre con más frecuencia que los demás.

 

Aún sin suspender asignaturas, hay chicos con dificultades a los que dejar de ejercitar su hábito mental durante el verano, le limita su capacidad de adaptación a la rutina de trabajo al inicio del próximo curso.

 

Es posible concluir diciendo que en la mesura está la razón y que en la razón está la mesura. Cada niño es diferente y puede requerir diferentes intervenciones incluso dentro de una misma familia. De este modo, la valoración individual de cada casa es la vía más directa para conseguir resultados satisfactorios en el mayor número de casos posibles.

 

Para más información al respecto, consultar con un especialista en Pediatría

Por Dr. Manuel Antonio Fernández Fernández
Pediatría

El Dr. Fernández Fernández es Pediatra especialista en Neurología Pediátrica, experto en el tratamiento de trastornos de la conducta y trastornos del aprendizaje. Con más de 10 años de experiencia, actualmente es coordinador del Área de Neurología Pediátrica del Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica y del Grupo de TDAH de la Sociedad Europea de Neurología Pediátrica. Durante su larga trayectoria, ha publicado diferentes artículos en revistas científicas sobre Neurología pediátrica, Neuropsicología y Trastornos del desarrollo.

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