Comprendiendo la desregulación emocional

Escrito por: Beatriz Martínez García
Publicado:
Editado por: Margarita Marquès

Cuando sufrimos, necesitamos una explicación razonable, comprensible, amable y descriptiva del sufrimiento.  

 

Los humanos buscamos razones de las cosas que ocurren en nuestras vidas. Muchas veces creamos explicaciones nosotros mismos y otras veces tomamos explicaciones de profesionales de distintas disciplinas. A veces esas explicaciones nos ayudan y otras veces no.

 

Hasta hace poco no teníamos una explicación razonable del sufrimiento de personas con ideas de suicidio o autolesión y otras conductas problemáticas. Solíamos atribuirlas a defectos de personalidad. Sin embargo, en los últimos años ha ido cambiando la forma en que pensamos estos problemas, pensando más en un problema generalizado de la regulación emocional.

 

Ser sensibles emocionalmente no es necesariamente algo negativo

 

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones a eventos externos, que suceden en el entorno, o privados, como los recuerdos o los pensamientos. Nos proveen de información rápida con una interpretación instantánea y un impulso de acción preciso. Todas las emociones cumplen una función vital en nuestras vidas.

 

Son reacciones en cadena, que incluyen todos los sistemas: fisiológicos y neuroquímicos. Incluso involucran los músculos, la piel y los órganos, como los pulmones o el corazón.

 

Las emociones son un procedimiento que viene con una curva de activación y desactivación. Una vez que se activa el patrón fisiológico de una emoción, empieza en paralelo también a desactivarse.

 

¿Cómo aprendemos a regular emociones?

Desde pequeños, aprendemos a regular nuestras emociones. Tenemos emociones desde el nacimiento y la activación y desactivación de esa curva es algo que comenzamos a domesticar desde ese momento. Las emociones nos dan información básica sobre el contexto y sobre nosotros mismos, permitiendo la adaptación rápida y una respuesta efectiva.

 

La regulación emocional es importante para mejorar la salud mental y física, reducir el estrés y mejorar las relaciones personales.

 

Algunas estrategias que tenemos y que podemos entrenar para que sean más eficaces y podamos usarlas conscientemente son:

  • Identificar y etiquetar emociones para poder reconocerlas y experimentarlas.
  • Desarrollar la capacidad de inhibir conductas inapropiadas según el contexto.
  • Regular la activación fisiológica asociada.
  • Utilizar estrategias para realizar acciones al servicio de una meta que no dependa de nuestro estado del ánimo.

 

La desregulación emocional desde el modelo biosocial

Las personas con intensa vulnerabilidad, que termina en desregulación emocional, tienen:

  • Una región cerebral llamada sistema límbico, que tiene hiperactividad.
  • Una región cerebral llamada corteza prefrontal, relacionada con el control de las emociones, que tiene un descenso de su funcionamiento, lo que contribuye a la inestabilidad emocional.

 

Muchas personas con desregulación emocional refieren que en su historia han sido sensibles o han tenido problemas para controlar estallidos o intenso malestar.

 

Es muy complicado vivir con esta sensibilidad. Ser sensibles emocionalmente no es necesariamente algo negativo. Pero, al mismo tiempo, muchas personas con desregulación emocional terminan percibiendo el mundo como amenazante o malo.

 

¿Cuál es la parte social del modelo biosocial?

Para que haya desregulación emocional, las personas con esta vulnerabilidad transaccionan con un contexto que responde emitiendo conductas que llamamos invalidantes. Es decir, trata la conducta del otro como inválida diciendo, de forma implícita o explícita, que sus experiencias (pensamientos, percepciones, emociones) son poco importantes, incorrectas o inapropiadas, o no tienen sentido.

 

El modelo biosocial es una forma particular de aprendizaje que se da en la relación entre esta vulnerabilidad emocional y la invalidación. Cuando esas conductas invalidantes se convierten en un patrón, aumentan la vulnerabilidad y favorecen la desregulación emocional.

 

Se definen como ambientes que emiten conductas invalidantes aquellos que, regularmente, rechazan o ignoran la expresión de emociones. Estos contextos simultáneamente castigan la expresión normal de una emoción y refuerzan la aparición de las expresiones extremas.

 

Es importante destacar que el modelo biosocial reconoce que la desregulación aparece, porque las variables contextuales interactúan para crear ese ambiente donde aparecen con frecuencia conductas invalidantes y que afecta a todos y que a su vez está influenciado por fuerzas externas como estresores ambientales como la pobreza, la migración, las crisis financieras o el desempleo, el acceso a la salud o la educación.

 

Actualmente se habla de invalidación sociocultural para referirse a la experiencia social de estrés crónico relacionado con la discriminación, el aislamiento, el estigma y el prejuicio. Se trata de una comunidad que emite conductas invalidantes en base a su sistema de creencias y cultura. Puede ocurrir a diferentes niveles, ya sea en valores sociales o normas que comunican que las acciones, emociones o creencias, o lo que el sujeto es o se define, son equivocadas o inapropiadas.

 

Por ejemplo, esta invalidación se puede observar en el debate público sobre temas de género o la sexualidad en los medios de comunicación, o en lugares como comunidades religiosas, educativas y políticas. Las conductas invalidantes de la comunidad también se relacionan con un incremento de la vulnerabilidad a tener desregulación emocional.

 

Para resumir, la desregulación emocional es el resultado de la relación entre la vulnerabilidad emocional y la invalidación a lo largo del tiempo. Lo interesante de este modelo es que no culpabiliza a nadie, pero nos hace a todos responsables del cambio. Nos ayuda a pensar que aprender a resolver problemas, aprender de regulación emocional, reducir nuestras conductas invalidantes, podrían ser la salida del sufrimiento.

Por Beatriz Martínez García
Psicología

La Sra. Beatriz Martínez García es una reconocida especialista en Psicología en León. Cuenta con casi 10 años de experiencia en la profesión y una amplia formación. En este sentido, tiene un Máster en Terapia de conducta por la UNED, un Posgrado en Mediación familiar por la Universidad de León y, actualmente, cursa un posgrado sobre terapia dialéctico conductual impartido por la Asociación Española de DBT.

También tiene formación en aceptación y compromiso, psicoterapia analítico funcional, terapia centrada en la compasión, perspectiva de género y terapia dialéctico conductual. 

A lo largo de su trayectoria ha realizado voluntariados en asociaciones de familias monoparentales y violencia de género. Además, ha impartido clases en el Posgrado de experto en mediación de conflictos familiares de la Universidad de León y es miembro de la Association for Contextual Behavioral Science (ACBS).

En la actualidad, la Sra. Martínez García ejerce como psicóloga sanitaria en Nudo Psicología.

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