Cómo dejar atrás los ataques de pánico y la agoragobia

Escrito por: Dra. María Soledad Humbert Escario
Publicado: | Actualizado: 08/11/2018
Editado por: Patricia Pujante Crespo

El trastorno de pánico es una forma de ansiedad en la que los pacientes sufren crisis o ataques de pánico de manera recurrente. Así, las crisis se repiten de forma inesperada porque no hay una señal obvia de amenaza o un desencadenante en el momento de la aparición de los síntomas.

Los ataques de pánico se traducen con miedo intenso y malestar - Top Doctors
Los ataques de pánico se traducen con miedo intenso y malestar

Síntomas de un ataque de pánico

La persona que sufre un ataque o crisis de pánico siente malestar y miedo intenso, casi terror, de forma repentina. Esta sensación se acompaña de una serie de síntomas corporales que van aumentando el desasosiego de quien los padece.

  • Disnea: sensación de ahogo o dificultad para respirar.
  • Dolor en el pecho, acompañado normalmente de taquicardia y palpitaciones.
  • Sudoración elevada, usualmente en las manos.
  • Disfagia: sentir que no se puede tragar
  • Temblores, que aparecen primero en extremidades superiores, pero que pueden comprometer a todo el cuerpo. La persona se iente como sacudida por una corriente eléctrica.
  • Sequedad de boca.
  • Falta de regulación térmica, sensaciones de calor y frío intensa.
  • Mareos y vértigos, que además se suelen acompañar de dolor de cabeza.
  • Molestias digestivas, desde un dolor leve hasta vómitos.

 

Duración de un ataque de pánico

Esta experiencia suele alcanzar su máxima intensidad en cuestión de pocos minutos y su duración puede llegar a una media hora. Durante el ataque de pánico es fácil que la persona llore debido al propio temor. Cuando finaliza la crisis, nota un cansancio extremo cercano a la extenuación.

 

Evolución del trastorno de pánico

A pesar de ser de corta duración, a quien los sufre se les hace eterno. Habitualmente, las personas sufren un ataque de pánico que les “deja huella”. Este temor lleva al paciente a evitar algunas situaciones o lugares y elude determinadas cosas: aquellas que pudieran asemejarse al momento o sitio en que sufrió su primera experiencia con la crisis de pánico; por ejemplo, si le paso en un supermercado, no irá a este establecimiento, por supuesto… Pero también es posible que realice lo que se denomina una generalización excesiva, y no solo no vaya al súper, sino que procure evitar alguna tienda donde se hace cola en la caja, donde haya una luz determinada o pueda haber mucha gente.

 

Además, es probable que empiece a considerar todos los establecimientos en función de si puede o no recibir ayuda en el caso de que tener un nuevo ataque de pánico. Y ello le lleva a mayores conductas de evitación. Si las crisis se repiten, la persona irá ampliando los “lugares peligro”: el transporte público, el cine, las aglomeraciones, los ascensores…

 

Estos pensamientos surgen automáticamente, puesto que el cerebro de la persona afectada es muy rápido en la interpretación de la señal de alarma, y en muchas ocasiones no se puede discriminar si aparecen primero los síntomas fisiológicos producto de la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y tras este disparo viene el pensamiento, o si la secuencia es la inversa, el propio pensamiento del sujeto se convierte en amenaza y desencadena la totalidad de la respuesta fisiológica.

 

Riesgos del trastorno de pánico

Una de las complicaciones para las personas que sufren trastorno de pánico es la posibilidad de desarrollar un cuadro de desmoralización debido al precario equilibrio en el que viven, y ello les aboque a un auténtico síndrome depresivo.

 

Otro riesgo es la posibilidad de desarrollar un patrón patológico de consumo de alcohol, si la persona con crisis de pánico descubre que inicialmente el alcohol le ayuda a enfrentarse a situaciones que le angustian, o bien la automedicación, habitualmente con benzodiacepinas, consumidas sin el debido control médico.

 

La agorafobia

Entonces, el paciente no sólo presenta el diagnóstico de trastorno de pánico, sino que ha desarrollado una agorafobia. Pero agorafobia remite al miedo provocado por la exposición real o anticipatoria de una amplia gama de situaciones.

 

Tratamiento de la ansiedad y la agorafobia

Para el trastorno de pánico suele ser imprescindible pautar un tratamiento por el especialista en Psiquiatría, que suele ser:

  • Un abordaje farmacológico que combine en un primer momento algún tipo de ansiolítico para disminuir la ansiedad anticipatoria o bien para yugular las crisis, con un fármaco antidepresivo, que reducen y controlan la frecuencia de éstas. Obviamente, la ingesta de fármacos irá bajo un estricto control por parte de un especialista.
  • Un abordaje psicoterapéutico, de orientación cognitivo-conductual para minimizar los efectos limitantes en la vida del paciente.

 

Hoy día el tratamiento de la ansiedad es muy eficaz, tanto de las crisis de pánico como de la agorafobia. No obstante, sin tratamiento esta patología de ansiedad:

  • Tiende a ser crónica.
  • Se corre el riesgo de presentar las complicaciones mencionadas.
  • Interfieren notablemente en la calidad de vida del paciente.
  • Las personas que los sufren tienen mayor probabilidad de padecer otros problemas médicos (y también psíquicos).

Por Dra. María Soledad Humbert Escario
Psiquiatría

La Dra. Humbert  Escario es una doctora con altas calificaciones en su carrera académica y en postgrados de etoterapia, patología molecular del sistema nervioso y trastornos afectivos. Tras pasar por diferentes clínicas y hospitales de prestigio, actualmente tiene su consulta en el reconocido Centro Médico Teknon, donde además destaca como Coordinadora de la especialidad de Psiquiatría. Forma parte de importantes sociedades científicas de la especialidad. 

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