Cómo afrontar la depresión en niños y adolescentes tras el COVID-19

Escrito por: Luisa Fernanda Yágüez Ariza
Publicado:
Editado por: Margarita Marquès

Después de más de un año de pandemia, en el que hemos acumulado sentimientos de incertidumbre, angustia frente al futuro, ansiedades en torno a la muerte y en el que hemos tomado consciencia de nuestra vulnerabilidad, es obligado atender a nuestra salud mental y evaluar el impacto de todo este bombardeo emocional en nuestra calidad de vida.

 

Los profesionales de la salud mental estamos notando un incremento de los motivos de consulta en temas relacionados con el miedo a la muerte, ansiedades hipocondríacas, desesperanza, tristeza difusa, desasosiego y labilidad emocional (fluctuaciones recurrentes del estado de ánimo), que también traen consigo, una mayor tendencia a la impulsividad y comportamientos agresivos.

 

Vivir esta pandemia, el confinamiento y atravesar esta crisis psicosocial post pandémica, afecta a cada persona de forma diferente, según su edad y momento evolutivo.

 

¿Cómo ha afectado la pandemia a la salud mental de los niños?

En los niños más pequeños, observamos retraso en el desarrollo del lenguaje: han perdido durante este último año la posibilidad de observar e imitar, debido a las mascarillas que esconden casi por completo la expresión facial.

 

También observamos en estos pequeños una mayor dificultad en el proceso de socialización, sobre todo con nuevas personas, fuera del entorno familiar. A nivel conductual, muchos están manifestando “mutismo selectivo”.

 

Los niños han perdido la posibilidad de observar e imitar, debido a
las mascarillas que esconden casi por completo la expresión facial

 

Recomendaciones:

  • No patologizar: Se trata de reacciones normales ante una situación anormal.
  • Darles tiempo: Poco a poco, con paciencia, calma y con ayuda de los profesores, irán ganando confianza y se abrirán al mundo de las relaciones.
  • Jugar y cantar: En estas edades tempranas, el juego es el principal vehículo para el aprendizaje. No es necesario presionarles u obligarles a hablar o a comportarse socialmente de forma forzada, pues esto solo añadirá mas ansiedad y con ello el problema puede cronificares.
  • Observar: Normalmente, manteniéndole en entornos conocidos estableciendo rutinas y viviendo en un ambiente familiar tranquilo, ira mejorando el lenguaje expresivo e irá desapareciendo la angustia frente a los demás. Si el problema persiste y se generaliza a todos los ambientes y en diferentes momentos, si aumentan las somatizaciones y el descontrol conductual, sí es aconsejable consultar a un psicólogo especialista infantil.

 

Efectos de la pandemia en la salud mental de los adolescentes

En cuanto a los preadolescentes y adolescentes, observamos en este momento post pandémico una diversidad de problemáticas, con distintos niveles de gravedad, según tengan mayor o menor facilidad para verbalizar y compartir sus angustias, preocupaciones y miedos.

 

Es decir, si existe comunicación afectiva en el entorno familiar, empatía e intuición por parte de los adultos para poder detectar señales de malestar y se consigue hablar, contrastar, informar y contener a un/a adolescente lleno de miedos y ansiedades, como las ya descritas, será más fácil entender y acceder a su mundo interno.

 

Pero en la medida que estos adolescentes se cierran, con su aislamiento, la pérdida de su mundo social con iguales, la soledad y el silencio que les hace verse aún más perdidos y desconcertados, es más posible que el malestar y los síntomas psicológicos sean mayores.

 

La sobreexposición a los medios digitales, las redes sociales y el mundo virtual, aumentan su percepción distorsionada tanto de sí mismos como de la realidad.

 

Los psicólogos infanta juveniles estamos asistiendo con muchísima preocupación a un aumento de las consultas de adolescentes que se autolesionan y que están pensando seriamente en el suicidio.

 

Mientras menos se permiten verbalizar y ventilar sus sentimientos, más probable es que funcionen por acumulación, convirtiéndose en “bombas de tiempo” que implosionan.

 

La autolesión les produce un alivio irreal y momentáneo de la angustia, pues se aumenta la producción de dopamina, pero se convierte en una conducta de riesgo que hay que atender e intentar suprimir. Para cada adolescente la conducta autolesiva tiene un diferente propósito, algunos buscan anestesiar su sufrimiento, otros derivan al dolor físico su dolor emocional, otros simplemente están probando, imitando a alguien que les ha contado que ya lo hace, y algunos peligrosamente están probando y preparándose para llegar a más, por ejemplo, el intento de suicidio.

 

Algo que es común en todos los casos, es que mientras se autolesionan, están pensando en la muerte, están recreándose en el sufrimiento emocional que viven con mucho negativismo, pérdida de perspectiva hacia el futuro y es precisamente donde es importante y urgente intervenir. Interrumpir su aislamiento, confrontar, contener y pedir ayuda profesional.

 

También hay que hablar con ellos abiertamente sobre la vida y sobre la muerte. La crisis existencial del adolescente es algo necesario, normal, evolutivo, pero vivir tal crisis en estos tiempos de pandemia, hace que se torne en algo más dramático.

 

Podemos como adultos validar y legitimar su ambivalencia ante la muerte y ayudarles a sujetarse a la vida, a volver a encontrar ilusión y deseos, a motivarse por un horizonte de futuro donde se vean cumpliendo metas y superando las dificultades.

 

Es necesario para los adolescentes en la post pandemia, que haya interlocutores, que no solo exijan cumplimiento de normas y deberes, sino que también estén dispuestos a sostenerles y ayudarles a encontrar una imagen de sí mismos en positiva y reforzada por el cariño.

 

Ante cualquier señal preocupante de autolesiones o ideación suicida es importante solicitar ayuda profesional.

 

Otra pauta para los padres y madres, es estar atentos al uso que hacen de la tecnología y del mundo virtual, para ello recomiendo visitar is4k.es donde pueden encontrar mucha información, recursos y un teléfono de ayuda en ciberseguridad.

Por Luisa Fernanda Yágüez Ariza
Psicología

La Sra. Luisa Fernanda Yágüez es psicóloga clínica especialista en psicología infanto juvenil. Licenciada en Psicología por la Universidad Santo Tomás, acumula una experiencia de más de 25 años en Terapia familiar sistémica, intervención en crisis y orientación de parentalidad.

Actualmente ejerce ​como consultora en el área de Protección a la infancia y adolescencia y también desempeña su labor en la clínica privada. Además, colabora con el programa Sport VS Violence de la Fundación Jero García (de prevención de la violencia a través del deporte).

Es Psicóloga Asociada en Alianza Psychology Advanced Support Services (PASS) y a lo largo de su profesión ha compaginado su labor clínica con la docencia, ejerciendo como docente en másteres de psicología de la Universidad Europea y la Universidad Francisco de Vitoria. En cuanto a su labor divulgativa, la Sra. Yágüez ha publicado: Ojos verdes, cuento de prevención del abuso sexual para niños de 6 a 12 años.

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