Cáncer de próstata: importancia del diagnóstico precoz

Escrito por: Dr. Lluís Fumadó Ciutat
Publicado:
Editado por: JUDIT LECHÓN

El cáncer de próstata es una enfermedad muy frecuente, casi siempre asintomática y que se diagnostica gracias a las herramientas de diagnóstico precoz. El hecho que un paciente tenga dificultades para orinar bien, o incluso orine con sangre, debe hacerle consultar con el especialista en Urología, pero sólo en un porcentaje muy bajo de los casos se deberá a la presencia de un cáncer de próstata.

 

¿Qué pruebas diagnósticas permiten identificarlo el cáncer de próstata?

 

Un análisis de sangre con la determinación del PSA nos aportará una importante información en relación a la próstata. Este marcador sanguíneo se asume como normal cuando su valor no supera los 4 ng/ml, aunque su interpretación no es sencilla y le corresponderá al urólogo hacerla. Factores como la edad, la situación clínica, o el tamaño de la glándula prostática, entre otros, influenciarán en el resultado y, por tanto, la necesidad de realizar pruebas complementarias.

 

El tacto rectal es una prueba que aportará información relativa a la glándula y permite la detección de los llamados "nódulos prostáticos", es decir, zonas sospechosas de poder anidar un cáncer de próstata. En conjunto con el PSA, permitirá al urólogo hacer una valoración del riesgo que tiene el paciente de tener un cáncer de próstata.

 

En caso que el PSA sea elevado y/o el tacto rectal anómalo, el especialista puede considerar la realización de una biopsia de la próstata. Generalmente esta biopsia se ayuda de la realización previa de una resonancia magnética, pues es la prueba de imagen que mejor define a la glándula prostática, y es capaz de detectar aquellos tumores malignos de la próstata, especialmente los mayores de 1-1,5cm de diámetro. La biopsia de próstata se puede hacer por diversas técnicas de abordaje, idealmente con las llamadas "técnicas de fusión", y su objetivo es la obtención de muestras de tejido de la próstata para diagnosticar, si es el caso, la presencia de un cáncer de próstata.

 

En ocasiones se completará el estudio diagnóstico con los llamados "estudios de extensión", que son aquellas pruebas de diagnóstico por imagen que tienen por objetivo definir la extensión corporal de la enfermedad y descartar así la presencia de metástasis (grupos de células de tumor de la próstata que han salido del órgano y han creado nuevas colonias celulares). Entre ellas se incluyen el TAC, la gammagrafía ósea, el PET o la resonancia magnética.

 

Existen distintos tipos de cáncer de próstata

 

¿Qué tipos de cáncer de próstata existen y qué tratamiento se recomendará en cada caso?

 

El cáncer de próstata es una enfermedad muy diversa. A partir del diagnóstico objetivado por la biopsia, se definirá un "grado celular" que corresponderá a la agresividad de esas células cancerígenas. Así, el grado celular en el cáncer de próstata es el llamado "Grado de Gleason", y su escala va del 6 (mejor pronóstico) al 10 (peor pronóstico). Los casos con Gleason 6 tienen tan buen pronóstico, que incluso se puede valorar su observación o "vigilancia activa" en algunos casos, sin requerir tratamiento. En aquellos casos con grado de Gleason 7, 8, 9 ó 10, caben muchas opciones de tratamiento, desde la cirugía, la radioterapia, las terapias focales, hasta el tratamiento hormonal o la quimioterapia. En función del resultado del estudio de extensión y de las características del paciente, se recomendará una u otra opción.

 

Algunas de las opciones de tratamiento son:

- Vigilancia activa: Para algunos casos de cáncer de próstata Gleason 6. Consiste en una vigilancia estrecha del tumor. Evita la necesidad de tratamiento pero implica un seguimiento estricto. Requiere repetir la biopsia de próstata y la realización de resonancias magnéticas. En caso de detectar el crecimiento o la progresión del tumor se pasa a un tratamiento activo. Un 70% de los casos no necesitan tratamiento activo.

 

- Cirugía: Es la opción de tratamiento más aplicada. Se considera en aquellos casos en que el estudio de extensión no objetiva metástasis y se basa en el principio de la erradicación quirúrgica del órgano. La extracción de la próstata se puede realizar por vía laparoscópica, asistido por robot, o por vía abierta. Aunque la tecnología (laparoscópica o robótica) ayuda a su resolución satisfactoria, la prostatectomía radical (extracción de la próstata) sigue siendo una técnica cirujano-dependiente. Sus resultados oncológicos son buenos, con tasas de curación de más del 90% a los 5 años en los casos de bajo riesgo y riesgo intermedio. Sus secuelas potenciales más relevantes son la disfunción eréctil y la incompetencia del esfínter urinario, que se traduce en diversos grados de incontinencia de orina. La primera depende del estado previo de función eréctil del paciente, pero se estima entre el 10-30% al año de la intervención. Para la incontinencia, depende principalmente de la edad y el sobrepeso del paciente, y oscila entre el 5-30%. En ambos casos existen tratamientos específicos para mejorarlas.

 

Puede realizarse también la extracción de los ganglios linfáticos de la zona (linfadenectomía) pues, al igual que otros tumores como la mama o el melanoma, el cáncer de próstata tiene predilección para anidar sus metástasis en los ganglios linfáticos cercanos. Así, en algunos casos es posible que requiera la realización de una linfadenectomía asociada. Existen también técnicas más selectivas como la deteción del ganglio centinela, que consisten en la deteción y extracción de lo/s ganglio/s que dependen directamente del tumor, para mejorar el estadiaje de la enfermedad.

 

- Radioterapia: Técnica de irradiación prostática, para la cual se define el área prostática y se recibe el tratamiento en fracciones o sesiones, generalmente 30, aunque pueden ser menos, con técnicas de "hipofraccionamiento". El objetivo es el mismo que con la cirugía, es decir, el tratamiento curativo radical de la enfermedad, y su método de acción es la lesión celular vía radiación. Se considera igualmente en aquellos casos de enfermedad localizada, y en aquellos casos en los que la cirugía no es posible por edad o enfermedades asociadas. Los resultados son buenos, con estudios de control oncológico a largo plazo algo menores a la cirugía. Sus secuelas son parecidas a la cirugía pero con menor tasa de incontinencia de orina, y levemente menores de disfunción eréctil a largo plazo. En unos pocos casos aparecen las llamadas "toxicidades" o efectos de la radiación a los órganos vecinos sanos. En la próstata se refiere a la vejiga (que puede dar una irritacion vesical o un sangrado crónico) y al recto (que puede dar una irritación rectal con molestias o síndrome diarreico, ocasionalmente con sangrados). Una variante de la radioterapia externa es la llamada braquiterapia, que consiste en la irradiación de la próstata a partir del implante dentro del órgano de unas semillas radioactivas de poco alcance, que se distribuyen la lo largo de la próstta para tratarla “de dentro a afuera”. Cualquier técnica radioterápica puede ir asociada a un tratamiento hormonal durante un periodo de 6 meses a 3 años, dependiendo del caso.

 

- Terapia focal: Para aquellos casos de tumores pequeños y localizados, poco agresivos (Gleason 6 ó 7) y a pacientes que no quieran asumir los riesgos de las secuelas de los tratamientos anteriormente mencionados, existen las terapias focales. Estas se basan en tratar únicamente el tumor, preservando el órgano. Así, sus secuelas son menores y las probabilidades de disfunción eréctil, incontinencia o toxicidad se reducen. Este tratamiento focal se realiza mediante HIFU (ultrasonidos), crioterapia (frío) o implante de semillas radioactivas (braquiterapia). Sus resultados oncológicos a corto y medio plazo son buenos, pero debido a que son técnicas relativamente recientes quedan a la espera de seguimientos/estudios a largo plazo.

 

- Tratamiento hormonal: Está reservado a casos donde el cáncer de próstata se detecta ya en fases más avanzadas, con la presencia de metástasis, o en casos como tratamiento complementario a la radioterapia. Puede ser un tratamiento crónico indefinido o limitado en el tiempo, según las características del tumor. Se basa en el bloqueo de la testosterona, pues el cáncer de próstata depende de esta, impidiéndole así el crecimiento. Presenta los efectos secundarios de la supresión de la testosterona del organismo, entre los cuales destacan la pérdida de vigor, de masa muscular, de densidad ósea y puede conllevar la aparición de trastornos metabólicos (alteración del perfil lipídico, anemia...) y de sofocos. Estos efectos son reversibles al retirar la medicación y será el médico quien haga el control pertinente, pues en general son de intensidad leve.

 

- Quimioterapia: Conjunto de fármacos que tienen por objetivo la destrucción de las células cancerígenas del organismo, en el caso del cáncer de próstata de la família de los “taxanos”. Estos fármacos se administran en casos de enfermedad metastásica y, debido a su perfil de toxicidad, precisan de un control más estrecho, pues pueden dar efectos secundarios más graves. Su administración es por vía endovenosa, en general una aplicación cada 3 semanas, realizándose 6 ciclos o sesiones. Implica controles médicos y analíticos periódicos entre cada ciclo.

 

Resultados de los tratamientos para el cáncer de próstata y pronóstico de la enfermedad

 

Los resultados de los tratamientos en el cáncer de próstata dependen del estado de la enfermedad en el momento de su diagnóstico. Así, en los casos donde se detecta un cáncer de próstata únicamente confinado en el órgano, sus resultados son buenos y las tasas de curación se acercan al 90% a los 5 años, y a más del 80% a los 10 años. Será en función del grado celular del tumor que pueda haber diferencias relativas.

 

En los casos donde la enfermedad ya se detecta en fases más avanzadas, estos resultados ya disminuyen. Sin embargo, existen muchas opciones terapéuticas, por lo que las expectativas de cronificar la enfermedad son altas, incluso en situaciones con metástasis. En los últimos años se han producido importantes avances en el desarrollo de nuevos fármacos y técnicas terapéuticas como la inmunoterapia, que están mejorando la supervivencia de estos pacientes. Es posible que requieran varios tratamientos a lo largo del seguimiento para controlar la enfermedad.

Por Dr. Lluís Fumadó Ciutat
Urología

El Dr. Fumadó es un reputado especialista en Urología. Cuenta con más de 15 años de experiencia en la profesión y una extensa formación. En concreto, es experto en el abordaje de las principales patologías relativas a la próstata ( cáncer de próstata, hipertrofia benigna de próstata) así como la  endourología, vasectomía o cálculos renales, entre otras. Por otra parte, el Dr. Fumadó combina su labor asistencial con la docencia, habiendo sido profesor asociado de la Facultad de Ciencias de la Salud de Blanquerna - Universitat Ramon Llull y actualmente profesor asociado de la Universidad de  Barcelona (master en oncología) y la Universidad Pompeu Fabra (licenciatura en medicina). También desarrolla una importante tarea investigadora y divulgadora, siendo autor de numerosos artículos científicos de la especialidad. Actualmente combina su ejercicio como especialista en Urología en el Centro de Urología Avanzada y Robótica Dr. López Costea, en el Hospital Quironsalud Barcelona con la asistencia pública en el Hospital del Mar, Barcelona.

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