Aspectos psicológicos en la diabetes infantil

Escrito por: María Gallego Blanco
Publicado:
Editado por: Alicia Arévalo

¿Es complicado sobrellevar la diabetes para el paciente y su familia?

Habitualmente sí. Cuando a una persona, tanto un niño, como adulto se le diagnostica una enfermedad con la que va a tener que convivir durante muchos años la situación se hace muy difícil para toda la familia.
 

¿Cómo se adaptan los padres a que su hijo pequeño tenga diabetes?

La adaptación lleva su tiempo y se realiza poco a poco. Es muy importante ser consciente de que se pasa por una serie de fases hasta que uno llega a aceptar, entender y saber convivir con lo que ocurre.
 

Según Johnny Ludvigson, médico de la Universidad de Linköping, existen diferentes fases de adaptación:

  • Fase de Shock
  • Fase de Reacción
  • Fase de Reparación
  • Fase de Reorientación

Todos nos imaginamos lo que quiere decir estar en fase de shock. Esta se produce después del diagnóstico de nuestro hijo, y a continuación suele aparecer la tristeza, que se puede expresar (dependiendo de cada uno) con lágrimas, insomnio, mal humor, amargura… Las posibilidades son muchas, dependen de cada persona.

 

¿Qué pueden hacer los padres si sienten tristeza tras saber que su hijo es diabético?

No hay nada malo en sentirse triste ante una situación así. Los psicólogos llamamos a este momento Fase de Reacción: uno tenía unas expectativas de salud respecto a su hijo, y tiene derecho a sentirse mal, desilusionado, preocupado, con mucho miedo y con un sentimiento de que lo que está ocurriendo no es justo.
 

El problema aparece cuando la persona permanezca estancada en este momento emocional y no continúe avanzando. Es decir, que se sienta permanentemente triste, por ejemplo. En ese caso, es importante que busque ayuda profesional psicológica para avanzar.

La mejor opción es hacer de la diabetes una parte natural de nuestra vida cotidiana.
 

¿La tristeza inicial suele desaparecer?

Habitualmente sí, y uno comienza a sentirse mejor y con fuerzas para empezar a hacerse cargo de la enfermedad de su hijo. Y, para ello es necesario adquirir conocimientos, es decir, en este momento los padres ya están preparados emocionalmente para aprender de verdad, e interiorizar lo que van a aprender en relación con el cuidado de su hijo diabético.

Poco a poco, nuevamente, irán aprendiendo a adaptarse a esa situación y entrarán en la fase que llamamos de Reorientación, cuyo fin es el de incorporar el manejo de la diabetes a la vida normal.

 

¿Cómo abordar el tema de las chucherías y golosinas con los niños diabéticos? ¿Se les deben prohibir? ¿Qué razones se les deben dar?

Yo creo que, en primer lugar, cuando se establecen las reglas para manejar cuestiones como esta, hay que hacer una diferencia bien clara entre:

  • Qué reglas guardan relación con que el niño tenga diabetes
  • Qué reglas se relacionan con la educación normal de cualquier niño
     

Por otra parte, si cada vez que hablamos a un niño diabético de reglas y prohibiciones hacemos referencia a la diabetes, el niño terminará odiando su enfermedad, porque la asociará con (por ejemplo), no poder comer chucherías o cosas que le gusten.

El hecho es que al niño diabético debemos explicarle cuestiones relativas a su enfermedad en función de la edad y de su comprensión, pero haciéndole ver que varias de las reglas que guardan relación con su diabetes se habrían aplicado igualmente, aunque no fuera diabético. Y esto es así porque la mayor parte de las normas y límites que deberían formar parte de la educación de cualquier niño son válidas, tanto para el niño diabético como para el que no lo es.

 

¿En qué tipo de situaciones pueden los padres reforzar su hijo diabético?

El refuerzo de conductas adecuadas contribuye a que estas se consoliden; y no sólo en este ámbito, sino en cualquier otro. Por ejemplo, cuando el niño se mide la glucemia o se administra insulina, cuando registra en su cuaderno los niveles de azúcar adecuadamente, cuando elige la comida bien, cuando no come golosinas a escondidas, etc.
 

Es importante que el niño o adolescente sepa que valoramos lo complicado que le resulta a veces, y que a la vez esos elogios no resulten excesivos ni parezcan forzados, ya que reforzarle constantemente y sobrecargarle con esos refuerzos cuando las cosas van bien puede hacernos caer en la sobreprotección.

 

¿Cuál es la actitud que debemos transmitir a nuestros hijos diabéticos?

Los psicólogos hablamos de 3 posibles actitudes ante este problema, dos equivocadas y una correcta:

  1. Ignorar la diabetes por completo, comer lo que se desee y sólo ponerse la insulina suficiente para evitar sentirse mal en ese momento.
    Esta es una actitud claramente equivocada, pero muchos adolescentes en algún momento la adoptan. Cuando esta actitud se extiende en el tiempo, hasta el momento en el que comienzan a ser adulto existe más riesgo de que no cambie.
     
  2. Reconcentrarse en la diabetes y vivir sólo para cuidar de la enfermedad, tanto como sea posible.
    Esta actitud también es mala, ya que a veces a los padres y responsables del niño les resulta difícil darse cuenta de que supone un problema, porque inicialmente les da la impresión de que todo está funcionando muy bien.
     
  3. La tercera posibilidad, es hacer de la diabetes una parte natural de nuestra vida cotidiana. Y esa es la actitud que, a mi modo de ver, debemos fomentar.

 

¿Cuáles son las mayores dificultades para los niños diabéticos?

  • Para los más pequeños: las inyecciones suelen ser la parte más difícil.
  • Para los adolescentes: la rigidez de horarios, y tener que explicar a la gente lo que les pasa y qué es la diabetes.
  • Para los adultos: la dificultad suele asociarse al hecho de tener que controlar su peso y comidas.

 

¿Qué deben hacer las familias de diabéticos que necesitan apoyo psicológico?

Comunicar las dificultades al equipo que les atiende y valorar recurrir a profesionales, bien psicólogos o psiquiatras, que estén especializados en el ámbito de la salud mental y emocional de niños diabéticos.

Por María Gallego Blanco
Psicología

María Gallego Blanco es licenciada en Psicología, con amplia experiencia en edad pediátrica y adultos.

Durante sus años de formación y colaboración en el Departamento de Pediatría del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, su actividad en la Unidad de Paidopsiquiatría se desarrolló en el área de consulta, hospitalización, elaboración de informes psicológicos jurídico–periciales y asesoramiento clínico y psicopedagógico a varias unidades y servicios del Departamento. Fundamentalmente en el Servicio de Neuropsicología pediátrica, Unidad de endocrinología, crecimiento y nutrición pediátrica, Unidad de trastornos metabólicos, Unidad de Gastroenterología y Hepatología y Nutrición pediátrica, Unidad de Hematología y Oncología pediátrica y Pediatría general.

De este modo y, puesto que también trabaja con adultos al margen de la práctica psicoterapéutica en el área de pediatría, a lo largo de los últimos 20 años ha realizado la evaluación e intervención de casos que engloban los problemas y trastornos más frecuentes en psicoterapia: de ansiedad, depresivos, de personalidad, patología específica pediátrica, terapia de pareja, trastornos de alimentación, patología ligada a enfermedades crónicas (oncología, diabetes...).

Colabora todos los lunes a las 12:30 en el  programa de EsRadio Galicia, donde tiene el 'Espacio de psicología con María Gallego'.

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