Aprende más sobre la epífora

Escrito por: Dr. Lluis Cavero Roig
Publicado: | Actualizado: 11/11/2018
Editado por: Top Doctors®
La epífora es un motivo de consulta médica muy frecuente y que ha aumentado considerablemente en los últimos años debido por una parte al envejecimiento de la población, y por otra a los nuevos hábitos de vida y factores ambientales.
El cierre del conducto lagrimal, una de las causas de epífora, suele ocurrir a partir de los 50 años afectando más a mujeres que hombres, y su frecuencia va en aumento en relación con la edad. El uso de pantallas, factores ambientales como el aire acondicionado y la calefacción, y el mayor contacto con diferentes productos químicos, son las causas más frecuentes de epífora al provocar hipersecreción lagrimal.
La epífora ocurre cuando el exceso de lágrima desborda la superficie ocular y cae por la mejilla. Cuando existe un exceso de lágrima pero sin caída de la misma hablamos de “ojo acuoso”. El exceso de lágrima además de ser molesto para el paciente, puede afectar a la visión y dificultar algunas actividades habituales como leer y conducir. También puede provocar irritación crónica de la piel del párpado.

 

Diferentes tipos de epífora

Epífora por hipersecreción: existe un exceso de producción de lágrima que supera la capacidad de drenaje de la vía lagrimal. La epífora por hipersecreción está en relación principalmente con patología inflamatoria de la superficie ocular (conjuntivitis alérgica, blefaritis...), factores ambientales y determinados hábitos. En todos estos casos el tratamiento es principalmente médico.
Epífora reactiva: cada vez es más frecuente la epífora relacionada con factores ambientales o por una alteración autolimitada del equilibrio de la lágrima y la superficie ocular, que suele remitir sin tratamiento en pocos meses. Son casos de epífora reactiva intermitente, observándose en la consulta un ojo sin exceso de lágrima, sin hiperemia conjuntival y con una lágrima limpia. Son causas frecuentes de epífora reactiva:
  • Sindrome de ojo seco
  • Alteraciones de la película lagrimal
  • Conjuntivitis alérgica
  • Blefaritis y disfunción de glándulas de meibomio
  • Síndrome de floppy y Síndrome de parpado laxo
  • Parálisis facial
El exceso de lágrima además de ser molesto para el paciente, puede afectar a la visión
 

La epífora que se acompaña de sensación de arenilla y sólo ocurre al utilizar pantallas o leer, suele mejorar con el uso de lágrimas artificiales. También es frecuente, autolimitada y que mejora con el uso de lágrimas artificiales, la epífora en los primeros 6 meses tras cirugía de catarata.

Es indicativo de epífora reactiva: lágrima limpia, hiperemia conjuntival, menisco lagrimal normal o bajo, y cuando ésta es intermitente.

Epifora por disminución del drenaje: Puede ser obstructiva o funcional. Es obstructiva cuando existe una alteración anatómica en la vía lagrimal que impide el paso de la lágrima. Esta obstrucción puede ocurrir a nivel de los canalículos (alta) o a nivel del canal lacrimonasal (baja). Cuando la vía lagrimal es normal en su anatomía, pero no existe paso de la lágrima, hablamos de epífora funcional. Puede ser debida a fallo de la bomba lagrimal o por alteraciones de la ventilación nasal.

Es indicativo de obstrucción de la vía lagrimal: epífora unilateral y constante, presencia de secreción crónica sin hiperemia conjuntival, dolor a la presión del saco lagrimal, salida por el punto lagrimal de moco o material purulento a la presión del saco lagrimal, y el antecedente de alguna DCA.

La obstrucción de la vía lagrimal en un adulto joven suele ser secundaria a traumatismos o inflamaciones/infecciones a nivel de los canalículos. A partir de la 6ª década de la vida, la obstrucción se produce en la mayoría de los casos por cierre del conducto lacrimonasal.

Cuando existe una obstrucción de la vía lagrimal posterior al saco lagrimal, a nivel del conducto lacrimonasal (obstrucción baja), ésta puede provocar inflamación crónica del saco lagrimal, dacriocistitis crónica (DCC), con secreción frecuente, irritación ocular y mayor sensibilidad a la presión del saco lagrimal. También se puede producir la infección aguda del saco lagrimal, dacriocistitis aguda (DCA), que requiere tratamiento antibiótico oral. La DCA puede complicarse con una celulitis preseptal, y menos frecuentemente, con una celulitis orbitaria.

Con el objetivo de evitar complicaciones mayores, se aconseja valoración por oftalmólogo cuando la epífora tenga una evolución mayor a tres meses.

Por Dr. Lluis Cavero Roig
Oftalmología

El Dr. Cavero Roig, tras obtener el número de orden 130 en el examen MIR (1991), se formó en el Hospital Vall d´Hebrón de Barcelona como Médico especialista en Oftalmología. Ha recibido numerosos premios entre los que destacan el Premio Nacional a la mejor Tesis Doctoral en Oftalmología y el Premio Extraordinario de Doctorado del Departamento de Cirugía de la UAB. Finalista del Premio Arruga (2005) que reconoce a la mejor trayectoria científica nacional entre oftalmólogos menores de 40 años. Cofundador del Institut d´Oftalmologia Eurolàser de Mataró y Jefe de Servicio y Coordinador del Departamento de la Visión de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona. Es revisor de las revistas científicas americanas Medical Research Journal y International Journal of Ophthalmic Pathology.

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